El régimen iraní condenó a muerte a Ahmadreza Djalali, el investigador acusado de ser un espía de Israel

Ahmadreza Djalali, el médico e investigador iraní detenido en Teherán en abril de 2016 bajo la acusación de ser un espía y cuyo caso movilizó la comunidad científica internacional, fue condenado a muerte este sábado, informó la familia.

El fiscal de Teherán Abbas Jafari-Dowlatabadiha anunció el martes a medios iraníes la condena a muerte de un «reo» que proporcionó al Mossad, la agencia de espionaje israelí, «la dirección y los teléfonos particulares de 30 importantes personas involucradas en investigaciones y proyectos militares y nucleares«.

Aunque el fiscal no reveló el nombre del condenado, los activistas de Amnesty International que siguen el caso aseguraron que se trata de Djalali.

Según Jafari-Dowlatabadiha, la lista incluía a los científicos Massoud Ali-Mohammadi y Majid Shahriari, que murieron en ataques con explosivos en Teherán en enero y noviembre de 2010 que las autoridades persas atribuyeron a los Estados Unidos. De acuerdo al fiscal, el condenado habría pasado la información a cambio de dinero y ayuda para la obtención de la residencia sueca.

Djalali se doctoró en medicina de los desastres en 2009 en el prestigioso Karolinska Institutet de Suecia y vivía en Estocolmo con su esposa y sus dos hijas. En el momento de su detención trabajaba para el Centro de Investigación en Medicina de Desastres (Crimedim) de la Universidad del Piemonte Orientale, en Italia.

Ahmadreza Djalali junto con el grupo de investigadores del Centro de Investigación en Medicina de Desastres (Crimedin) de la Universidad del Piemonte Orientale, en Italia

Ahmadreza Djalali junto con el grupo de investigadores del Centro de Investigación en Medicina de Desastres (Crimedin) de la Universidad del Piemonte Orientale, en Italia

Su caso desató una masiva movilización de la comunidad científica internacional y la reacción de las autoridades de Italia, Suecia y Bélgica, los países donde Djalali había vivido y trabajado.

Djalali, de 46 años, estuvo encerrado durante siete meses-tres de los cuales en total aislamiento- en la cárcel de Evin en Therán, conocida por ser una de las más duras del país persa. Según Amnesty International fue forzado a confesar frente a una cámara leyendo declaraciones escritas por sus acusadores informa Infobae.

En los últimos días se difundió además un documento anónimo en el que el investigador se defiende de las acusaciones y asegura que fue detenido por negarse a colaborar con los servicios de inteligencia del régimen persa.

«Los servicios secretos me pidieron que trabajara para ellos como espía y me negué. Es por esto que me detuvieron y me pusieron en la cárcel«, se lee en el texto, que habría sido escrito en agosto.

El documento atribuido a Djalali 

De acuerdo al documento, Djalali fue contactado por los servicios de inteligencia iraníes en 2014 y 2015, durante dos viajes a su país. «Yo soy un científico, no un espía y mi ayuda científica a los centros académicos iraníes se debe al amor y el apego que tengo hacia mi patria», escribe Djalali.

Los iraníes supuestamente le pedían que comunicara datos sensibles de países europeos sobre infraestructuras y planes de acción vinculados al terrorismo.

«Él era sólo un brillante investigador -con dos doctorados, un máster, 46 publicaciones- que trabajaba para darle salud y seguridad a la gente. Su lugar no es la cárcel, es la Universidad«, había asegurado su esposa a Infobae.

Ahmadreza Djalali con su esposa, Vida (Facebook)

Ahmadreza Djalali con su esposa, Vida (Facebook)

Ahora, Djalali podría retomar la huelga de hambre que había comenzado tras su detención. «No sabe qué más hacer para proclamar su inocencia«, dijo una de las hijas al diario italiano La Stampa.

En tanto, la comunidad científica está lista para retomar la movilización. «No nos vamos a dar por vencidos», dijo la Universidad del Piemonte Orientale en un comunicado. «Haremos todo lo posible para salvar la vida de Ahmad». «Quieren condenar a Djalali por algo que no cometió», afirmó por su parte el director del Centro de Investigación en Medicina de Desastres, Francesco Della Corte. «Es un médico y trabaja para la humanidad, no es un espía».

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