El discurso completo de la Embajadora de Estados Unidos en la ONU

Discurso de Nikki Haley el 21 de diciembre, en la Asamblea General de la ONU, anterior a la vergonzosa resolución aprobada este día.

“Para su vergüenza, las Naciones Unidas han sido durante mucho tiempo un lugar hostil para el Estado de Israel. Tanto el Secretario General actual como los anteriores han objetado el enfoque desproporcionado de las Naciones Unidas hacia Israel. Es un error que socava la credibilidad de esta institución, y que a su vez es perjudicial para todo el mundo.

A menudo me he preguntado por qué, ante tanta hostilidad, Israel ha elegido permanecer como miembro de esta organización. Y luego recuerdo que Israel ha elegido permanecer en esta institución porque es importante defenderse. Israel debe defender su propia supervivencia como nación; pero también defiende los ideales de libertad y dignidad humana que se supone que representan las Naciones Unidas.

Parada hoy aquí, obligada a defender la soberanía y la integridad de mi país, los Estados Unidos de Norteamérica, se me han ocurrido muchos  pensamientos similares.

Los Estados Unidos son, por mucho, el mayor contribuyente a las Naciones Unidas y sus organismos. Hacemos esto, en parte, para promover en nuestros valores y nuestros intereses. Cuando lo logramos, nuestra participación en la ONU produce un gran bien para el mundo. Juntos alimentamos, vestimos y educamos a personas desesperadas. Nutrimos y sostenemos la paz frágil en áreas de conflicto en todo el mundo. Y hacemos que los regímenes que están fuera de la ley rindan cuentas. Hacemos esto porque representa quiénes somos. Es nuestro camino americano.

En el caso de los Estados Unidos, se nos pide que paguemos más que cualquier otra nación por ese dudoso privilegio. A diferencia de algunos países miembros de la ONU, el gobierno de los Estados Unidos responde ante su pueblo. Como tal, tenemos la obligación de reconocer cuando nuestro capital político y financiero está siendo malgastado.

Tenemos la obligación de exigir más por nuestra inversión. Y si nuestra inversión falla, tenemos la obligación de gastar nuestros recursos de manera más productiva. Esos son los pensamientos que nos vienen a la mente cuando consideramos la resolución que tenemos ante nosotros hoy.

Los argumentos sobre la decisión del presidente de trasladar la embajada estadounidense a Jerusalén ya se han presentado. Ahora son bien conocidos. La decisión estuvo de acuerdo con la ley de los EE. UU. que data de 1995, y esta postura ha sido reiteradamente respaldada por el pueblo estadounidense desde entonces. La decisión no prejuzga ningún problema de estado final, incluidos los límites de Jerusalén. La decisión no excluye una solución de dos estados, si las partes así lo acuerdan. La decisión no hace nada para dañar los esfuerzos de paz. Mas bien, la decisión del Presidente refleja la voluntad del pueblo estadounidense y nuestro derecho como nación a elegir la ubicación de nuestra embajada. No hay necesidad de describirla más.

A cambio, hay un argumento mayor que queremos plantear. Estados Unidos recordará este día en el que fue seleccionado para ser atacado en la Asamblea General por el acto mismo de ejercer su derecho como nación soberana. Lo recordaremos cuando se nos solicite una vez más hacer la mayor contribución del mundo a las Naciones Unidas. Y lo recordaremos cuando tantos países se acercan, como lo hacen a menudo, para que paguemos aún más y para usar nuestra influencia en su beneficio.

Norteamérica trasladará su embajada a Jerusalén. Eso es lo que los estadounidenses quieren que hagamos, y es lo correcto. Ningún voto en las Naciones Unidas hará ninguna diferencia al respecto.

Pero esta votación marcará una diferencia en la forma en que los estadounidenses miran a la ONU y en cómo vemos a los países que nos faltan al respeto en la ONU. Y esta votación será recordada. Gracias”.

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