El Edén del infierno. Por Miguel Wiñazki (desde Israel)

Es de noche en Hebrón. Soldados de 20 años apenas portan armas automáticas y custodian el perímetro israelí de esa ciudad Santa. Los palestinos también patrullan y abroquelan su territorio. Un 95 por ciento de la ciudad está controlada por Hamas, un 5 por ciento por los judíos.

Los textos sagrados aseguran que allí está enterrado el patriarca Abraham, que previsor compró su tumba por 400 monedas de plata. Y junto a él su esposa Sara, y los demás patriarcas y las matriarcas de Israel, y no sólo ellos; Adán y Eva también están enterrados allí mismo, según la fe de los creyentes. Todos yacen en catacumbas y ermitas que se ahuecan debajo de unas inmensas murallas construidas por Herodes, nada menos.

En la noche el aire se corta en la soledad inhabitada de las calles donde el peligro no es retórico. Una mujer palestina envuelto su cabellera solo visible para su marido cruza una calle y asciende a su casa por una escalera oscura. Una mujer israelí que también cubre su cabellera cuenta que ese sitio es la Puerta misma del Edén. Sin dudas parece la puerta el infierno. Pero la fe mueve montañas.

El nombre de los muertos

En el Museo del Holocausto en Israel hay una sala cónica que se alza hacia las alturas. Hay millones de fotos y cada foto tiene nombre y apellido. Son los rostros de los caídos en la Shoa. Hay innumerables caritas de chicos, a los que también exterminaron.

Cerca de allí hay un bosque, aquí, en Israel, y se yerguen en el claro del bosque varias placas con los nombres de los desaparecidos judíos durante la dictadura. Fueron 2.500. La masacre y la desaparición forzada sembró la muerte. Pero no borró todos los nombres. La memoria los viene recuperando, porque la identidad atraviesa la nada.⁥

Miguel Wiñazki

Clarin

DEJAR UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here