Alejandro Mirochnik: «Un bombero llevó a un perro y por el olor de mi ropa me rescataron debajo de los escombros»

Una de las fotos más emblemáticas de la muestra «Veiniticinco» que se presentó en el Centro Cultural Kirchner es la de Alejandro Mirochnik y el bombero. Alejandro se encontraba dentro del ascensor del edificio de la calle Pasteur 633 en el instante en que la camioneta estalló frente al ingreso de la Asociación Mutual Israelita Argentina en Buenos Aires. El edificio se cayó pero el ascensor con él adentro quedó intacto, pero a 8 metros debajo de los escombros. Y aguantó. Vis á Vis dialogó con Mirochnik, quien contó toda la secuencia y de qué manera un bombero y un perro le salvaron la vida.

– ¿Qué representa para usted verse en esa foto?
Es hermoso verme ahí en el cuadro. Se me mueve el cuerpo, se me mueve la mente. Hermoso en el sentido de la palabra. Me siento recordado. Se están cumpliendo 25 años y acá a alguien de AMIA Cultura se le ocurrió hacer este trabajo, que es importante, y qué mejor que hacer un homenaje a tráves de fotos que te cuentan la historia de cada uno. Soy uno de los sobrevivientes al atentado a la AMIA y me siento orgulloso en este momento de estar vivo y de poder reafirmar el pedido de justicia y estas cosas de la vida que a uno le causan tanto dolor pero que en este momento uno siente una pequeña porción de alegría de poder ser recordado.

– ¿Cómo logró sobrevivir al atentado?
Yo trabajaba en AMIA. Hacía 18 años que trabajaba en ese momento y justo tuve la suerte de estar en el ascensor. Entonces, si bien explotó la AMIA y fue todo un caos, el ascensor se salvó. Yo estuve ocho horas abajo de los escombros. Este año tuve la posibilidad de enterarme que a través de un bombero que llevó un perro y encontró mi olor y los bomberos fueron a ese ascensor y sacaron seis o siete metros de escombros y a las tres de la tarde tuvieron contacto conmigo. Hasta las siete de la tarde estuvieron sacando más escombros hasta que me rescataron. Entonces ahora, 25 años después, Julio (Mejanovsky) nos encuentra al bombero y a mí con otro perro (el perro que me salvó falleció a los dos años) y nos hace una foto, que es realmente emocionante que a través de la comunicación de un perro, un bombero le salve la vida a una persona que daban por muerta.

– Esas ocho horas, ¿estuvo consciente o inconsciente?
Siempre consciente. No sabía lo que había pasado. Yo estaba creido que ese ascensor se había caído por cuestiones edilicias, hasta que a las tres de la tarde sí me cuentan los bomberos lo sucedido y cuando salgo vi lo que ahora veo en las fotos de fondo. Esas fotos son escalofriantes. Se te pone la piel de gallina porque muestran la realidad de lo que pasó ese día. Qué mejor que esas imágenes para ver lo que uno vivió en ese momento. Cuando me sacan con la camilla, ver la realidad de los escombros es impresionante. Eso me quedó guardado en mi corazón.

– ¿Qué siente a 25 años del atentado sin justicia, con impunidad?
Angustia, tristeza. Recordar, intentar hacer justicia. En el primer piso estaba mi tío Bernardo, quien fue víctima y está muerto, y eso no te lo devuelve nadie.

– ¿De qué trabajaba en la AMIA?
En principio, a los 16 años, entré como cadete. En DAIA trabajaba en el quinto piso de la AMIA. Trabajé de cadete hasta los 21. Me tocó hacer la conscripción. Todavía existía y después de los 21 fui al departamento de prensa y había una biblioteca impresionante. Unos trabajos muy interesantes que se podían trabajar en esa época en el contexto de esa época, donde no existía un celular ni estas fotografías.

– En estos 25 años, ¿se sintió contenido?
Recién este año. Es un capítulo aparte. Recién el año pasado el Congreso Judío Latinoamericano fue el que nos hizo un homenaje a los sobrevivientes. Ahí se charló, se habló sobre el tema, la importancia de ser sobreviviente. Que nos sentimos muy solos. Fueron 24 años de dureza. Nada, nada. Y ahora sí, el año pasado a través del Congreso Judío, se empezó y este año sí tuve el total apoyo. Me han invitado a distintas provincias con gente de AMIA. La gente de Cultura de AMIA me ha llevado a distintas provincias a contar mi historia y sí me siento un poco más…como mimado para que no se olvide. Estamos hablando de que 25 años que ya hay gente de 25 años que no vivió esto, que no sabe, que ya es historia. Ven la foto y no entienden. Entonces hay que contarlo.

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