«La raíz del problema de las elecciones en Israel es que para formar gobierno hay que generar alianzas con partidos muy distintos entre sí». Por Guido Jasovich

Todo aquel que siga con atención los sucesos de Medio Oriente habrá escuchado acerca de un caso muy curioso que se viene dando desde hace unos meses, no hablamos de la multitud de hechos violentos y conflictos militares que azotan a la región (como de costumbre) sino que hablaremos de la actual problemática del sistema político israelí.

¿Qué está pasando? Lo que aquí ocurre es que no hay un candidato que tenga el apoyo de la mayoría del Parlamento (Knéset) luego de las elecciones, lo cual produce que nadie pueda formar gobierno.

¿Por qué ocurre esto? Por la naturaleza misma del Parlamentarismo de este país, en este sistema un votante no elige directamente a una formula de presidente – vicepresidente como estamos acostumbrados, aquí se vota a un partido político el cual presenta una lista de candidatos para ocupar escaños en el Parlamento. Se entiende que el partido más votado llevará a su líder al poder, consagrándolo como primer ministro, esto se da siempre y cuando se pueda generar un apoyo de la mayoría de los miembros de la Knéset, en este caso se requieren como mínimo 61 de los 120 escaños a ocupar. La raíz del problema es que no hay un solo partido con la cantidad necesaria de votos para llegar a esta mayoría en solitario, a lo cual, hay una necesidad de generar grandes alianzas con partidos muy distintos entre sí en pos de llegar a los 61 necesarios.

Si bien en esta ultima elección Benjamin Netanyahu superó con cierto margen a su rival Benny Gantz, militar de profesión y hombre más fuerte de la oposición desde hace un tiempo, el primero aún no logra llegar a la mayoría necesaria para poder formar gobierno de nuevo. Varias son las salidas posibles para esto: entre las más posibles está que Netanyahu logre la mayoría necesaria para mantener el poder por otros 4 años, dando ciertos cargos de poder a partidos más pequeños a cambio de su apoyo, o que este conflicto prosiga en el tiempo y se llame a una cuarta elección y así sucesivamente.

Lo que es importante aclarar es que este conflicto es algo bien común en los sistemas de este tipo, Israel no es un anarquía como ciertos periodistas intentan instalar en la sociedad, actualmente se siguen todos los lineamientos legales para que la vida siga su curso normal. En otros países, incluso, se ha visto cómo se ha podido subsistir largos períodos de tiempo sin un nuevo gobierno. Un excelente caso es el de Bélgica, que llegó a estar un año entero en esta situación. Ahora, lo que todos nos preguntamos: ¿Cómo termina este episodio? La respuesta del autor de esta columna es clara y contundente: nadie lo sabe, solo el tiempo nos lo dirá y esperemos que sea pronto para que podamos pasar al próximo capitulo de esta historia.


Guido Jasovich – 21 años

Estudiante de Ciencias Políticas

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