El coronavirus también golpeó a la pequeña comunidad judía de Marruecos

coronavirus- marruecos- comunidad judía
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La comunidad judía de Marruecos ha sido afectada de manera sustancial por la pandemia del coronavirus que atravesó el universo. Desde que el coronavirus llegó a Marruecos, golpeó sensiblemente a la comunidad judía, que Vis á Vis visitó en el 2019 como a muchas comunidades judías en el mundo y que en este país, es muy pequeña.

Cuando sonó el teléfono el segundo día de la Pascua, el rabino de Jabad-Lubavitch, Levi Banon, pensó que debía ser una emergencia.
Los dispositivos electrónicos fueron prohibidos durante las vacaciones. Cualquier llamada debía ser urgente, y así lo era.

El rabino Sholom Eidelman, su padrino y un líder judío de toda la vida en el país musulmán de Marruecos, había muerto después de contraer el coronavirus. Banon, una vez más, salió de su casa para realizar un funeral.

Algunos días han llegado noticias de más de una muerte relacionada con el coronavirus, contó.
En un momento, Banon recibió a dos niños hasta que sus padres fueron dados de alta del hospital. En otro, consoló a un joven después de que su padre murió mientras su madre estaba hospitalizada.

Sinagoga de Marruecos- coronavirus
Sinagoga de Marruecos- coronavirus
«Hemos sido muy golpeados porque somos una familia y ahora todos estamos trabajando muy, muy duro para permanecer confinados y estar separados», manifestó el rabino.
Serge Berdugo, jefe del Consejo de las Comunidades Judías de Marruecos, informó que 12 miembros de la comunidad murieron en el país entre fines de marzo y principios de mayo después de contraer el virus.
Eso representa casi el seis por ciento de las 206 muertes relacionadas con el coronavirus que Marruecos, un país de aproximadamente 36 millones, anunció hasta el 2 de junio.
Al igual que muchos países árabes de mayoría musulmana con comunidades judías que alguna vez florecieron, la cantidad de judíos en Marruecos ha disminuido.
Roy Mittelman, director del programa de estudios judíos en el City College de Nueva York, estima que hoy son alrededor de 1.500, principalmente en la ciudad de Casablanca. Berdugo calculó la cifra en aproximadamente unos 2.500.

La presencia judía en Marruecos se remonta hasta al menos dos milenios atrás, con una gran ola de llegadas como resultado de la Inquisición española. Según Mittelman, la comunidad llegó a contar con unas 270.000 personas antes de la creación del Estado de Israel en 1948.

En Casablanca, la comunidad actual es vibrante. La ciudad cuenta con unas 15 sinagogas en funcionamiento y cinco restaurantes kosher, contó Berdugo.
Funcionarios y líderes de la comunidad promocionan la vida judía en Marruecos como un modelo para la coexistencia judío-musulmana y un testimonio de la herencia diversa que posee el país.
Si bien los conflictos en Medio Oriente pueden provocar «momentos de tensión», tienden a disiparse rápidamente, dijo Vanessa Paloma Elbaz, investigadora asociada de la Universidad de Cambridge que también ha estado recopilando historias de judíos marroquíes.
En la ciudad de Rabat, David Toledano, presidente de la comunidad judía de la ciudad que abarca unas 100 personas, narró que perdió un «amigo cercano» y un «pilar de la comunidad» por el virus.

El hombre fallecido dirigió el único restaurante kosher de Rabat, realizó ritos de entierro judíos y ayudó en la sinagoga, a menudo llamando a otros para asegurarse de que se presentaran a los servicios. «Le encantaba cantar y le encantaba dirigir», contó Toledano. «La pérdida es muy sensible para nosotros».
Por qué el virus ha golpeado a la comunidad de una manera tan agresiva está abierto a debate.
Berdugo cree que las infecciones comenzaron en una boda judía en el sur que tenía gente que venía de Francia.
Días después, algunos invitados de la boda asistieron a una reunión de Purim en una sinagoga de Casablanca, destinada a celebrar el rescate de los judíos de una masacre en la antigua Persia. Esto probablemente ayudó a propagar el virus, explicó Berdugo.
Banon rechaza las teorías de que un evento en particular podría haber propagado las infecciones.
En una celebración a la cual Banon asistió, los invitados vestidos con trajes para la ocasión se pusieron guantes mientras bailaban, aseguró.
Se distribuyó alcohol en gel y la gente estuvo «más dispersa de lo habitual» en una «carpa muy espaciosa y ventilada», agregó Banon.

La reunión mencionada atrajo a entre 400 y 500 personas, y se llevó a cabo antes de que Marruecos anunciara la emergencia de salud a fines de marzo, restringiendo el movimiento en todo el país. «Tomamos todas las precauciones», explicó Banon.
Antes de que el virus lo atacara, el padrino de Banon, el rabino Eidelman, estaba ocupado planeando la Pascua. Quería asegurarse de que el elemento básico de las fiestas, la matzá, fuera traída a tiempo desde Francia.
Nacido en la Rusia soviética, Eidelman había estado en Marruecos desde 1958 como emisario de Chabad-Lubavitch, un movimiento judío ortodoxo. Por su trabajo orientando y entrenando a otros, desde rabinos hasta jueces rabínicos y carniceros kosher, se hizo conocido entre los estudiantes como «el rabino de los rabinos», relató Banon.
«Los rabinos de diferentes países y comunidades de todo el mundo son sus alumnos», añadió. «Pasó su vida trabajando y dando lecciones a los demás».
En medio de la pérdida, Banon apela a la solidaridad de la comunidad unida.
«Estamos afligidos en este momento y esperamos mejores días», sentenció.

Ynet en español

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