Sermones incendiarios en Arabia Saudita. Por David Andrew Weinberg

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Hace menos de un año, un notorio sermón en la Gran Mezquita de La Meca alimentó las especulaciones de que Arabia Saudita podría estar dispuesta a seguir los pasos de algunos de sus vecinos y hacer la paz con Israel.

Sin embargo, los clérigos de la Gran Mezquita de La Meca y de la Mezquita del Profeta en Medina enviaron en días recientes una serie de mensajes totalmente diferentes. Lo hizo al abordar los violentos enfrentamientos del viernes 7 de mayo entre la policía y los manifestantes en la Mezquita de Al Aqsa.

La policía israelí afirmó que sus acciones en Al Aqsa fueron en respuesta a cientos de alborotadores que «lanzaron piedras, diversos objetos y dispararon fuegos artificiales contra las fuerzas policiales cerca de una de las puertas del Monte del Templo». Agregó que los alborotadores se habían atrincherado en la Mezquita de Al Aqsa.

Y aunque es comprensible que los líderes religiosos musulmanes se sintieran profundamente molestos por el hecho de que la policía disparara granadas aturdidoras en la mezquita, una serie de destacados sermones saudíes caracterizaron injustamente la acción de Israel como un ataque premeditado y malicioso. Dirigido contra fieles pacíficos sin ninguna provocación previa.

Estas dos mezquitas son los dos lugares más sagrados del Islam. Son administradas por el Presidente General para Asuntos de las Dos Mezquitas Sagradas, el jeque Abdulrahman al-Sudais.

En septiembre del año pasado, el imán Sudais pronunció un sermón en el que desaconsejaba «las emociones apasionadas y el entusiasmo exaltado» contra los judíos.

Sin embargo, el sermón que pronunció la semana pasada en la Gran Mezquita fomentó exactamente eso. Al igual que al menos otros tres en los lugares sagrados que están bajo su responsabilidad.

El martes 11 de mayo, Sudais pronunció un sermón en el que pedía a Dios que «guarde la Mezquita de al-Aqsa, que la proteja de los sionistas atacantes, de los brutos combatientes ocupantes». Y añadió: «en ti buscamos refugio de sus carnicerías y en ti buscamos protección de sus males y de todos los demás enemigos de la religión»; Así que «sálvanos de su maldad».

Ese mismo día, un imán de la Mezquita del Profeta en Medina pronunció un sermón igual o más estridente.  En él, el jeque Salah al-Badir pidió a Dios «liberar la Mezquita de al-Aqsa de los judíos usurpadores y de los traidores sionistas ocupantes».

El jeque Badir añadió: «Oh Dios, han perjudicado a tus siervos creyentes y atacado a los fieles.  Continuó, Oh Dios, hazlos temblar y destrúyelos.  Oh Dios, hazlos temblar y destrúyelos. Y finalizó: Oh Dios, no levantes su bandera en al-Aqsa», o «en Jerusalén», o «en Palestina».

Reforzando esta tendencia, al día siguiente se pronunciaron sermones igualmente llenos de odio. Tanto en la Gran Mezquita como en la Mezquita del Profeta. Con motivo del Eid al-Fitr, una importante festividad que marca el final del Ramadán.

En la Gran Mezquita de La Meca, el sermón del Eid fue pronunciado por el jeque Saleh bin Humaid. Es miembro del máximo órgano de eruditos religiosos del gobierno saudita y antiguo presidente del parlamento.  Durante su sermón del Eid, Bin Humaid rezó para que Dios «conceda a nuestros hermanos de Palestina la victoria sobre tu enemigo y su enemigo».

Además pidió a Dios que «limpie la mezquita de al-Aqsa de la suciedad de los sionistas ocupantes». Que «la proteja de la agresión de los atacantes y de la contaminación de los malhechores».  La televisión estatal saudí retransmitió su sermón e incluso promocionó un corto del fragmento más intolerante en las redes sociales.

Sin embargo, el sermón del Eid en la Mezquita del Profeta en Medina fue quizás el más preocupante de los cuatro, ya que parecía incitar a los ataques.  El jeque Ahmad bin Humaid proclamó: «Oh Dios, envía tu victoria y tu apoyo a nuestros hermanos de Jerusalén y sus alrededores.  Oh Dios, fija sus pies y guía sus disparos.  Oh Dios, concédeles la victoria sobre tu enemigo y su enemigo».

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Por último, su sermón también se hizo eco de un lenguaje similar que degrada a los judíos israelíes, instando a Dios a «limpiar la mezquita de al-Aqsa de la contaminación de los judíos.  Oh Dios, te corresponde ocuparte de los judíos usurpadores y de los sionistas agresores» con la ira y la cólera divinas.

Los cuatro altos clérigos sirven al rey Salman de Arabia Saudí y sus sermones también se promueven en los medios de comunicación del gobierno saudí.  Según los últimos informes por países del Departamento de Estado sobre la libertad religiosa internacional, que casualmente se publicaron la semana pasada, en Arabia Saudí «solo los clérigos empleados por el gobierno están autorizados a pronunciar sermones» y sus sermones «deben ser aprobados… de antemano» por el Ministerio de Asuntos Islámicos del Gobierno saudita.

 

David Andrew Weinberg es el Director de Asuntos Internacionales de la ADL en Washington.

 

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