Hace 70 años, después de la Segunda Guerra Mundial, el antisemitismo pareció perder fuerza y respetabilidad. El joven Eli Wiesel pensaba que después de Auschwitz el odio a los judíos se extinguiría. Hoy el Premio Nobel e intelectual de fama mundial Wiesel comienza a creer que esta fobia no va a desaparecer nunca de la “cultura” occidental. En rigor, todo indica que en los campus universitarios, en la media internacional y en la buena sociedad el antisemitismo se había instalado subcutáneamente. Los antisemitas hasta se ofendían cuando se les desenmascaraba.

En nuestros días bastó que surgiera un pretexto “plausible” para que con honrada consciencia los antisemitas tuvieran su aquelarre festivo. Israel ataca a Gaza: ¡qué pérfidos que son los judíos! Las calumnias medievales están de vuelta a la moda. Con qué alegría se queman banderas de Israel, se despliegan vituperaciones varias y sesudos analistas hablan de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.

Cómo no condenar a Israel: ha tenido la osadía de construir un sofisticado sistema de defensa antimisilística y de cubrir el país de refugios para su población civil. Así los cohetes terroristas no tienen blancos fáciles y se desperdician en el vacío. Además tiene un sistema de alertas inmediatas y enseña a la población a correr a toda prisa a los refugios. Y no solo se defiende, también contraataca. Horror de los horrores: las respuestas israelíes son contundentes, porque para el jihadismo terrorista la vida de su gente es irrelevante. Ninguna previsión se había tomado para protegerla a pesar de que Gaza es el territorio que más ayuda internacional ha recibido en todo el mundo desde hace muchos años. Las escuelas, los hospitales, las mezquitas y los centros de la ONU fueron convertidos en santuarios de Hamas sin importar el costo humano. Al contrario: cuanto más víctimas, mayor anti-israelismo se cosecha en la opinión pública internacional.

Uno de los más cínicos reclamos contra el estado judío echa en cara la desproporción entre sus “pocas” víctimas y el número mayor de víctimas gazatíes. Hay verdadera indignación porque no se haya derramado más sangre judía. Este es el núcleo más perverso del antisemitismo ahora desatado y revela la naturaleza íntima de los deseos de quienes posan de grandes defensores de la ecuanimidad y de los derechos humanos.

Cuando Hamas declaró abiertamente y sacralizó como su objetivo constitucional la eliminación del mapa del Estado de Israel y la destrucción de su población, los que hoy hablan de derecho internacional tergiversando sus principios, no se dieron por enterados, no tuvieron ni siquiera un pestañeo. Cuando la organización terrorista empezó a lanzar misiles dirigidos intencionalmente contra la población civil israelí, nada dijeron. Cuando secuestraron y asesinaron a adolescentes, cuando tiraron bombas a mansalva, solo hubo reacciones tibias, si las hubo. Pero cuando Israel decidió defender a su pueblo, estalló el escándalo. Cómo ¿los judíos atacan? Exactamente la misma respuesta indignada de los nazis que fueron a eliminar al Gueto de Varsovia y se encontraron con que los judíos resistían con armas. Es aberrante, pero muchos académicos y periodistas juzgaron la defensa israelí de la misma manera que el general nazi Stroopvio la defensa judía del Gueto.Poder destilar odio antijudío sin sentir “culpa” se convirtió en la fiesta del odio, una verdadera danza macabra de antisemitas solapados o previamente ocultos. Se quemaron banderas israelíes, se estigmatizó a sus líderes, se embadurnaron con leyendas ofensivas los frentes de sinagogas e instituciones en todo el mundo; asistimos al “festival” de la judeofobia. Para ser justos, hay que reconocer que también hay una opinión sensata y alejada del prejuicio. Quienes la sustentan admiten sin dificultad que un estado agredido por una organización terrorista no tiene más alternativa que defenderse con todos los medios a su alcance. Al hacerlo Israel no solo se defiende a sí mismo, sino que defiende a todo occidente contra el mayor flagelo de estos comienzos del siglo XXI, el flagelo del terror. Único Estado democrático del Medio Oriente, está defendiendo los grandes valores de la libertad, el imperio de la ley y el derecho a vivir en paz y seguridad. La lucha que está librando hoy el Estado judío no es diferente en esencia a la lucha que se libró hace siete décadas para eliminar al nazi-fascismo de la faz de la tierra. Su pueblo, cercado por una implacable hostilidad que no ha cesado un solo día desde su fundación en 1948, está firme en la convicción de la justicia de su combate, en medio de la lucha que le fue impuesta por un enemigo feroz y cobarde.

Sin comentarios

Deje una respuesta