Un Van Gogh en disputa: el nieto de un coleccionista judío exige que Francia le restituya una obra robada por los nazis.
Un hombre de 98 años, radicado en Estados Unidos, lleva nueve años peleando por recuperar un cuadro que vio de niño en la villa de su abuelo en Berlín. La pintura —un Van Gogh de 1889— hoy cuelga en uno de los museos más visitados del mundo.
Klaus Kallmann nació en Berlín en 1928 y aún conserva el recuerdo preciso de una pintura vibrante que adornaba la villa de su abuelo en el barrio de Westend.
El cuadro se llama Hôpital Saint-Paul à Saint-Rémy-de-Provence y hoy forma parte de la colección permanente del Musée d’Orsay de París. Kallmann reclama que esa pintura fue despojada a su familia bajo persecución nazi y exige su restitución. Francia todavía no resolvió el caso.
El abuelo de Klaus, Felix Kallmann (1853-1938), fue un abogado y coleccionista de arte reconocido, que lideró dos empresas de primer nivel: Deutsche Gasglühlicht —conocida por las lámparas Osram— y la productora cinematográfica Universum Film AG de Babelsberg.
Vivía con su esposa Ernestine en una villa construida en 1910-1911 sobre Ahornallee. Arriba convivían su hijo Hartmut —físico doctorado bajo la dirección de Max Planck— junto a su esposa y sus tres hijos, entre ellos el pequeño Klaus.
Eran exactamente el tipo de élite económica e intelectual que el régimen nazi apuntó al llegar al poder en 1933. Hartmut perdió su cargo de investigador en el Kaiser-Wilhelm Institute en julio de ese año. Las acciones familiares se desplomaron.
Felix Kallmann murió de un infarto en 1938. Hartmut, protegido de la deportación por estar casado con una mujer considerada aria, emigró finalmente a Estados Unidos tras la guerra. Klaus Kallmann vive allí hasta hoy.

