El esperpento europeo y el recuerdo del Reichstag

Lo que está por acontecer este domingo de efemérides patria puede tener otra connotación en el calendario internacional, de ocurrir lo que muchos temen en las elecciones europeas: el abordaje del Parlamento comunitario por una miríada de fuerzas y personajes que llegarán a Bruselas y a Estrasburgo con el propósito de terminar con las instituciones supranacionales y hacer volar por los aires el proceso de integración surgido de la última posguerra, hace más de medio siglo.

Allí tendrán su asiento los representantes de las “pequeñas patrias”, nacionalistas de toda laya, incluyendo xenófobos, antisemitas e islamofóbicos, para señalar que las instituciones de la democracia liberal están en crisis en sus respectivos países y echar las culpas de ello a los poderes extranjeros, los burócratas internacionales y las fuerzas opresoras o disgregadoras de la globalización.

Ello ocurrirá, curiosamente, en el momento en el que el Parlamento Europeo, de 751 diputados, ha ejercido más poder que nunca y empezó a decidir sobre el conjunto del presupuesto de la UE, los grandes acuerdos comerciales internacionales y la gran mayoría de la legislación comunitaria. Por primera vez, además, surgirá de esta elección el presidente de la Comisión Europea.

Está claro que estamos frente a un pequeño monstruito al que todos llaman “populismo”, genérico que alude a una amplio gama de expresiones surgidas de la crisis y que tiene tantas caras como actores que la miran.

Ese conglomerado temerario desembarcará en un Parlamento que fue creado precisamente para evitar que fuerzas de ese tenor volvieran a poner en peligro la paz y la cooperación europea. Lo que fue una malla de contención de los nacionalismos cerrados y un motor para la promoción de la integración entre países, naciones y pueblos puede convertirse en caja de resonancia de nuevas formas de nacionalismo agresivo que lleguen a esas instituciones con el propósito de demolerlas. Habrá, por cierto, responsabilidades compartidas por semejante catástrofe política, y habrá también la posibilidad de revertirla o enmendarla. Pero el espectro del Reichstag alemán, aquel Parlamento de la República del Weimar en el que hizo pie el partido nacionalsocialista a principios de los años ‘30 del siglo pasado para destruirlo desde adentro, empezará a sobrevolar los pasillos de Bruselas como un recuerdo ominoso y como una advertencia. (Nota de Opinión, Diario Clarín)

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