Lo lograron

La histórica visita del papa Francisco a Tierra Santa concluyó con una posibilidad cierta de un acercamiento entre israelíes y palestinos, y con numerosos gestos para promover la tolerancia, el diálogo y una cultura capaz de superar tanto estériles prejuicios como viejos enfrentamientos y rencores.

La imagen que muestra unidos en un abrazo, frente al Muro de los Lamentos, al Papa con dos amigos argentinos, como el dirigente musulmán Omar Abboud y el rabino Abraham Skorka, constituyó el broche de oro de la gira de tres días por Jordania, Israel y territorios palestinos. Fue un símbolo de la necesidad de la apertura al diálogo, de la convivencia pacífica y del respeto por el otro, al margen de las diferencias religiosas o políticas, que dio la vuelta al mundo.

Antes de ese hecho, Francisco brindó distintos mensajes, tan claros como contundentes, sobre la importancia de dejar atrás los actos arrogantes, las demonizaciones y los resentimientos. Y lo pudo hacer en un territorio minado por los prejuicios y las posiciones extremas, sin abandonar en ningún momento su acostumbrada espontaneidad y su llamativa audacia.

Sorprendió a muchos con su ofrecimiento de mediación entre palestinos e israelíes y su convocatoria a una plegaria de oración en la Santa Sede de la que participen los presidentes Mahmoud Abbas, de Palestina, y Shimon Peres, de Israel. Este encuentro va tomando forma, poco a poco, y podría realizarse en las próximas semanas. Como ha señalado el Sumo Pontífice, sería una reunión de oración y no un encuentro que sirva de vehículo para una mediación o la búsqueda de soluciones. Sin embargo, el Papa se mostró convencido de que rezar juntos, sin discusiones de otro tipo, será una importante ayuda para el proceso hacia la paz. Es útil, en tal sentido, recordar el pensamiento del rabino Skorka sobre esta cuestión, expresado ayer en este diario: «El rezar de por sí no puede trocar situaciones, pues para ello se necesitan acciones, pero posee la fuerza de inspirar cambios de actitud que, seguramente, con la bendición de Dios, permitirán la construcción de un mundo mejor».

La vía elegida por Francisco en el camino hacia la paz recoge una fructífera enseñanza de Juan Pablo II, quien allá por 1986, en Asís, convocó a que «no recemos más unos contra otros, sino unos con otros». En su mensaje a musulmanes, judíos y cristianos, el Papa instó a que «aprendamos a comprender el dolor del otro» y a que «nadie instrumentalice el nombre de Dios para la violencia».

El diálogo interreligioso que se promueve fue cultivado con particular ahínco en los últimos años por el propio Jorge Bergoglio, por entonces al frente del arzobispado de Buenos Aires y del Episcopado argentino. Sus encuentros con representantes de los credos judío, musulmán, ortodoxo, evangélico y con cristianos de diferentes orientaciones aportaron una nueva visión a la hora de buscar consensos y proponer acciones en común orientadas a terminar con cualquier forma de discriminación y avanzar hacia la causa de la paz.

Ese enorme esfuerzo de diálogo y ese exitoso trabajo interconfesional puede constituir un valorable ejemplo no sólo para todos los argentinos, sino también para el mundo. Así lo entendieron el papa Francisco y los representantes de otras religiones que lo acompañaron en este viaje a Tierra Santa, donde, juntos, ofrecieron un mensaje a favor de la tolerancia y la paz más rotundo que numerosos intentos pacificadores desde el ámbito político. Construir la paz será difícil, pero -como señaló Francisco- vivir sin paz es un tormento. Frente a un largo camino, los primeros pasos suelen ser los más difíciles y la primera semilla ha sido sembrada. Por esa razón, podemos afirmar que lo lograron.

Fuente: Editorial La Nación

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