¿Cómo se convierte una persona en terrorista?

El mundo se espanta ante la violencia del Estado Islámico en Irak. Las causas de que alguien pueda pasar de ciudadano común a asesino capaz de los peores horrores.

«En los años ’70 el terrorismo que se conocía en el mundo árabe islámico tenía características que podríamos denominar ‘de terrorismo reivindicativo’. Pero a partir del advenimiento de la revolución khomeinista en Irán, comenzaron a verse los primeros actos de los shahid (mártires) que incorporaron la modalidad de la inmolación. Pronto los wahabíes sunitas tomaron también dicha modalidad, que se plasmó el fatídico 11 de septiembre de 2001. Allí marcaron lo que luego se denominó ‘terrorismo sacralizado’, que no es otra cosa que la inmolación del individuo al ejecutar su operación contra lo que considera sus enemigos», explica George Chaya, consultor experto en relaciones internacionales, seguridad y prevención del terrorismo, consultado por Infobae.

«Infortunadamente, esta modalidad se extendió en ataques posteriores cometidos en distintas partes del mundo, al igual que el uso de personas como ‘escudos humanos’, lo cual manifiesta su desapego e irrespeto por la vida humana», agrega.

El Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL) es el máximo exponente de estas organizaciones extremas. Es un desprendimiento de Al Qaeda que está aterrorizando a las poblaciones siria e iraquí con el objetivo de instaurar un califato en la región.

Sus integrantes exhiben por las redes sociales niveles de violencia incomprensibles para cualquier persona promedio. Frente a esas demostraciones, lo que se conocía hasta ahora como terrorismo quedó bastante disminuido.

La violencia como religión

Si bien los yihadistas aseguran ser defensoras a ultranza del Islam, su práctica tiene poco que ver con esta religión, que defiende la paz y la convivencia social en armonía. El verdadero credo que impera en ellas es el ejercicio del poder a través de la violencia.

«Estas personas son portadoras de una peculiar interpretación del Islam. Su doctrina es rígida, extrema, maximalista, violenta y sanguinaria. Sus posiciones están fuera de cualquier forma de discusión o diálogo racional conocidos por la idiosincrasia occidental», dice Chaya.

«La función del acto terrorista es crear terror, y la forma que más llega al ser humano es la violencia. Es terror a que mañana nos pongan una bomba en el tren que viajemos y tengamos la sensación de que se puede morir en cualquier momento», dice Francesc Xavier Moreno Oliver, doctor en psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona, en diálogo con Infobae.

Para aterrorizar a la población, tanto o más importante que el atentado es cómo se lo difunde, de manera que llegue a la mayor cantidad de gente y de la manera más impactante posible. Si los ataques contra las Torres Gemelas fueron tan efectivos y quedaron en la memoria es en gran parte porque fueron transmitidos en vivo y en directo por televisión para todo el mundo.

«El terrorismo -continúa Moreno Oliver- tiene hoy a su servicio un medio extraordinario que es internet. Permite una comunicación rápida entre las células y buscar información sobre nuevo armamento. Además, toda acción está cada vez más pensada para ser llevada a las redes sociales, que circulan el planeta de punta a punta y se convirtieron en el mejor medio de difusión».

El EIIL es uno de los mayores cultores del terror a través de la imagen. Los videos de sus militantes fusilando cientos de inocentes, cortando cabezas y clavando decenas de ellas en picotas dispuestas alrededor de la plaza central de Mosul, en Irak, cumplen su cometido a la perfección: producen pánico incluso entre los que están a miles de kilómetros del conflicto.

Escuelas de terrorismo

¿Cualquier persona puede convertirse en terrorista? ¿Tienden a provenir de ciertos estratos sociales? ¿Comparten historias comunes entre sí?

«Provienen de clases y sectores sociales diversos -dice Chaya. Los hay pobres y analfabetos; de clases medias y, en no pocos casos, algunos que se han formado a nivel universitario en países árabes y de Europa. ¿Qué los mueve? Un alto grado de radicalización en las ideas y una dosis de odio a Occidente y a todo lo que consideran distinto al mandato de construcción del Califato».

«Al final del día -continúa-, no son más que sujetos desesperados y ganados por el odio en sus corazones y en sus mentes. Gente que pretende regresar al siglo VII y despiadados criminales sin otros principios que no sean los de su propia interpretación del sagrado Corán, al que distorsionan y malversan en sus mensajes y, desde luego con sus crímenes».

Esa es una parte del fenómeno. La otra es el minucioso trabajo de reclutamiento que realizan las organizaciones terroristas, que se las ingenian para llamar la atención de los posibles interesados, para luego introducirlos de a poco.

«Por supuesto que existe un programa de captación desde lo ideológico religioso. No son dementes aislados. En ellos juegan aspectos idiosincrásicos y dogmáticos que forman parte del terrorismo yihadista actual», dice Chaya.

«Los grupos terroristas tienen un elemento común -cuenta Moreno Oliver-, son piramidales y estrictamente jerárquicos. Y una vez que alguien entra, ya no puede salir. Hay una enorme presión grupal en la que se juega la vida, porque si un miembro decide irse, muy probablemente encuentre la muerte. Eso explica muchas conductas, como hacer cosas aunque no se quiera».

El psicólogo describe cinco efectos generados por la organización entre sus miembros. Estos rasgos que adquieren explican que, sin estar locos, puedan realizar acciones que serían impensables para un ciudadano medio.

«Lo primero que genera el adoctrinamiento -explica- es lo que nosotros llamamos distorsión cognitiva, que bloquea el pensamiento y provoca que lo único que cuente sea la ideología del grupo y el objetivo a cumplir. No se puede pensar en otra cosa y hay que hacer lo necesario porque el fin justifica los medios. Lo segundo es provocar una deshumanización de las víctimas, que no se ven como seres humanos, sino como objetivos. Esto se consigue al cortar el proceso empático con los demás».

«Cuarto, se produce una desconexión moral, a través de ideas que justifican el comportamiento. Los otros son vistos como infieles que atentan contra Alá, lo que justifica cualquier ataque. Se hace por el bien de la causa. Por último, se despierta un sentimiento de heroísmo, se busca que la persona que comete actos terroristas sea considerada un héroe por sus pares».

Al funcionar como un órgano cerrado y jerarquizado, con objetivos y procedimientos muy precisos, en el que una vez que se entra no se puede salir, y con un alto contenido moralizante, el grupo tiene una enorme efectividad para moldear a los militantes a gusto, y convertirlos en verdaderos instrumentos de muerte.

El caso más extremo y difícil de explicar es el de las personas nacidas en países occidentales, que dejan todo para viajar a Irak o a Siria y enrolarse en el Estado Islámico. Un ejemplo que se hizo famoso es el de un australiano que se mostró cortando una cabeza y alentó a su hijo a seguir sus pasos. Otro, el ciudadano estadounidense que se filmó quemando su pasaporte y que terminó muriendo en un atentado suicida.

«Son individuos que, aun nacidos en Occidente, desarrollan con mayor facilidad un acendrado rechazo a su propia cultura y encuentran en la oferta yihadista la manera de exteriorizar (de forma violenta) su auto-odio contra los países y las sociedad a las que pertenecen. Generalmente, las personas conversas suelen ser mucho más temerarios y activos en sus operaciones terroristas», concluye Chaya.

Fuente: Infobae / Fotos: AFP y Twitter

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