La ONU acusa al Estado Islámico de ‘limpieza étnica y confesional’ en Irak


La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, ha
denunciado este lunes la “limpieza étnica y confesional” que el Estado Islámico
(EI) está llevando en Irak. Pillay, que ha documentado casi mil
asesinatos desde que el grupo lanzó su ofensiva en junio, pidió la ayuda de la
comunidad internacional y los gobiernos iraquí y kurdo para proteger a las
minorías. No obstante, una vez recuperada la mayoría de las zonas que
consideran propias, las fuerzas kurdas (peshmergas) han parado su
contraofensiva a la espera de decisiones políticas.

“El EI y grupos armados asociados están cometiendo diariamente violaciones de
derechos humanos horribles y graves”, declaró Pillay según un comunicado
colgado en la web del Alto Comisariado. “De forma sistemática toman como
objetivo a hombres, mujeres y niños, según su afiliación étnica, religiosa o
confesional, y están llevando a cabo sin compasión una amplia limpieza étnica y
religiosa en las áreas bajo su control”, añade la responsable que califica esos
hechos de “crímenes contra la humanidad”.

Amnistía Internacional ya había alertado con anterioridad de que la
expulsión masiva de decenas de miles de miembros de las minorías equivalía a “limpieza
étnica”. Entre las comunidades directamente afectadas, la máxima
responsable de derechos humanos de la ONU menciona a cristianos, yazidíes,
shabaks, turcomanos, kakais y sabeos.

Pillay revela una matanza de 670 reclusos de la cárcel de Badush, en Mosul,
poco después de que las hordas del EI tomaran esa ciudad el pasado 10 de
junio. Según testimonios recogidos por los investigadores de la ONU, entre
1.000 y 1.500 presos fueron trasladados en camiones a un descampado donde
hombres armados separaron a los suníes. Al resto, “los pusieron en cuatro
filas, les ordenaron arrodillarse y les dispararon”.

Siria se muestra dispuesta a cooperar con cualquier país para combatir al EI

Su comunicado se hace eco de los cientos de asesinatos que se han denunciado
entre los yazidíes así como de al menos 2.500 secuestros. En general,
explica, “asesinan a los hombres y se llevan a las mujeres y los niños como
esclavos, bien para entregárselos a los combatientes o con la amenaza de
venderlos”.

Tampoco se olvida de los 13.000 turcomanos chiíes que se encuentran sitiados
por los yihadistas en Amerli, una localidad a medio camino entre Erbil y
Bagdad, desde mediados de junio. El líder de los chiíes, el ayatoláh Ali
Sistani, hizo un llamamiento para que se les ayude durante la oración del
viernes pasado. A pesar de que el Ejército iraquí intenta abastecerles con
helicópteros, el agua y la comida han empezado a escasear.

“Nuestras tropas controlan los alrededores de Amerli, pero no tienen órdenes de
entrar en la ciudad”, declara a EL PAÍS el general de brigada Helgurd Hikmet,
portavoz de los Peshmerga. Lo mismo un poco más al este, en Jalawla, que marca
el límite de los territorios reclamados por el Gobierno regional de
Kurdistán y más allá de los cuales sus fuerzas no van a combatir salvo
que Bagdad se lo pida, algo que depende de que se logre formar un nuevo
Gobierno.

“Desde el sábado, hemos parado los combates”, añade el militar. Ahora sólo
responden a los ataques, como sucedió en Tuz Khurmatu el domingo. Ni siquiera
hay operaciones en el frente oeste, donde Sinjar aún permanece en manos de los
yihadistas. “El objetivo era tomar la presa de Mosul, lo conseguimos y
ahora estamos planificando los siguientes pasos”, concluye.

Mientras tanto, la amenaza que plantea el califato está impulsando inusuales
acercamientos diplomáticos. Por un lado, el régimen sirio, convertido en paria
internacional por la represión con la que ha acallado los deseos de cambio de
su población desde 2011, se ha mostrado dispuesto a cooperar con cualquier país
en la lucha contra el EI.

“Siria, geográfica y operacionalmente, está en el centro de la coalición
internacional para combatir al Estado Islámico”, dijo ayer su ministro de
Exteriores, Walid al Mualem, según Reuters. Al Mualem respondía así a las indicaciones
de que Washington considera extender sus operaciones contra ese grupo más
allá de la frontera iraquí. No obstante, el ministro exigió cooperación con
Damasco porque “cualquier otra cosa será considerada una agresión”.

Además, en una muestra de la preocupación que el avance yihadista causa en la
región, un viceministro de Exteriores iraní viajará este martes a Arabia
Saudí. Será el primer encuentro bilateral entre ambos rivales por la
supremacía regional desde la elección de Hasan Rohaní como presidente de Irán el
año pasado. Teherán, que sigue el rito chií, acusa a Riad de estar detrás del
EI y otros grupos radicales suníes debido a su adhesión a una versión extrema
de esa rama del islam. Pero más allá de cuestiones doctrinales, ambos países se
hallan en bandos opuestos del rifirrafe político en Irak, Siria, Bahréin,
Líbano y Yemen.

Fuente. El País (España)

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