“Recordad, mis queridos, lo que os enseño hoy”



11 DE SEPTIEMBRE DÍA DEL MAESTRO  – Aún en los momentos límites de la condición humana, uno puede educar y aprender. Así describe el Dr. Emmanuek Ringenblum, director del archivo Oneg Shabat  la situación vivida por los maestros durante el Holocausto

El estallido de la Segunda Guerra Mundial el 1º de septiembre de 1939 dañó las bases de la existencia en Polonia y modificó todos los aspectos de la vida de la población local. Muchos de los dirigentes, entre ellos educadores, huyeron por temor a los alemanes, y las escuelas dejaron de funcionar.En las primeras semanas de la invasión nazi, luego de que fueran destruidos edificios y calles enteras, y mientras continuaba la persecución contra los judíos, se hicieron intentos de reorganizar los marcos escolares con el fin de restablecer un mínimo de vida normal. Ello no era para nada sencillo; en muchos sitios se prohibió la reapertura de las escuelas judías, y además los alumnos judíos fueron rechazados por las escuelas polacas restablecidas por orden de las autoridades. Por esa razón, hubo educadores que intentaron crear marcos alternativos de estudio, a veces en forma clandestina.

“Los maestros judíos creían aún que también en nuestra área sería posible organizar algo, pero rápidamente se hizo evidente que ello era imposible. Mientras tanto, el destino de los maestros judíos se volvió trágico. La mayoría de ellos, carentes de recursos, sufrían hambre. La escasa ayuda que recibían de la antigua asociación de maestros no alcanzaba a cambiar la situación”

“Cumplí mis seis años. Llegó el primer día de clases. Marisha, mi amiga polaca, me propuso que fuera con ella a la escuela, junto con muchos otros niños del pueblo. Marisha entró por el portón y yo tras ella. ‘Buenos días’, saludé al portero. ‘¿Dónde vas?’, me preguntó. ‘A la escuela, a primer grado’, le respondí orgullosa. El hombre me cortó el paso. ‘¡Tú no puedes!’, me dijo con firmeza. ‘Pero ya cumplí seis años…’, contesté. ‘¡Tú eres judía! Los judíos no tienen derecho a estudiar. En esta escuela no hay sitio para los judíos’.
Vi cómo Marisha se alejaba, hasta entrar
al edificio de la escuela. ¡No lloré! Yo soy judía y este no es mi lugar. El año escolar comenzó – sin mí.”




Al mismo tiempo que los niños judíos se veían privados del derecho a aprender, también los maestros fueron duramente afectados como consecuencia de las disposiciones nazis. Debido al cierre de las escuelas, se hallaron sin medios de vida y muchos debieron vender sus posesiones e inclusive apelar a la ayuda de la comunidad. Pearl Benisch escribió:

“Los primeros que quedaron sin trabajo fueron los maestros. Su fuente de recursos desapareció con el cierre de las escuelas judías, y como nunca habían tenido la posibilidad de ahorrar dinero, se vieron obligados a vender objetos personales para adquirir productos indispensables. Cuando los objetos se agotaron, se dedicaron a comerciar con aceite de cocina o cualquier otro producto […] La señora Bigon, nuestra maestra en el quinquenio anterior, decidió vender aceite y otros alimentos para ganar algún dinero. La visité en su casa. En el cuarto sencillamente amueblado se apilaban libros sagrados, sobre la mesa y hasta todos los rincones. Eran ejemplares de El camino del Señor […] libro publicado por su esposo […] que era un gran sabio en judaísmo. […] Lamentablemente para ella, en las nuevas condiciones esos libros carecían de todo valor comercial”


La educación como resistencia

Pese a las duras condiciones reinantes en los guetos, los educadores lucharon por restablecer los marcos educativos. Los maestros confiaban en poder restituir a sus alumnos algo de estabilidad mediante el estudio, vieron en ello la misión de inculcarles los valores en que se basaba su concepción de mundo. Los conflictos que continuaron entonces entre las diversas corrientes del judaísmo muestran que, también en las condiciones del gueto, el debate sobre el mundo espritual de las generaciones futuras constituían el centro de interés de los educadores. Mark Dworzecki recuerda:

“En la primera época del gueto comenzó una lucha cultural sobre el carácter y esencia de las escuelas, sobre su aporte educacional, la composición del cuerpo docente y los programas de estudio. Se estaba luchando por el alma del niño en el gueto: cuáles son los objetivos nacionales y comunitarios para los que debe educárselo – los que constituirán su equipaje espiritual cuando salga en libertad… Cuál es el lugar que han de ocupar en el colegio conjunto del gueto el hebreo, el ídish, Eretz-Israel, la Biblia, la historia judía y la historia universal; qué épocas y héroes requieren especial atención en la enseñanza dentro del gueto.


Itzjok Rudashevsky, el alumno en el gueto de Vilna sobre el que escribió Dworzecki, anotó en su diario lo siguiente sobre las clases de historia:

22.10.42. “Nuestro curso de historia funciona. Escuchamos clases sobre la gran Revolución Francesa y su época. La otra parte del curso, la que se ocupa de la historia del gueto, también funciona…
18.3.43. A menudo pienso: estoy en un gueto, y sin embargo tengo una intensa vida plena de actividad espiritual: estudio, leo, asisto a clases. El tiempo pasa tan rápido, y hay tanto trabajo por hacer. Conferencias, festividades, a menudo me olvido de que estoy en un gueto…

Fuente : http://www.yadvashem.org/

DEJAR UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí