El extremismo islámico llega a los colegios británicos

El Gobierno avisa de cierre a seis centros por impartir ideas radicales. Los alumnos llegan a confundir la «sharía» con la ley británica.
Anjem Choudary, el famoso clérigo extremista, podrá volver a predicar a partir de hoy en las calles de Londres. El líder musulmán está en libertad bajo fianza tras haber sido detenido por fomentar el terrorismo y pertenecer a grupos prohibidos por las autoridades. Sin embargo, la corte de magistrados de Westminster ha decretado esta semana que, mientras continúe su proceso –volverá a comparecer el 27 de enero–, puede seguir como «dawah», término con el que se conoce a las personas que invitan a la gente a entender el islam. El magistrado Howard Ryddle señaló que el clérigo no había sido acusado formalmente y que aunque su papel como «dawah» es una «parte importante de la investigación», la libertad religiosa es también de «gran importancia». Al igual que Choudary, de 47 años, otros seis musulmanes podrán volver a partir de hoy a divulgar su particular visión del islam, una visión, que, según muchos expertos, lleva a radicalizar a centenares de jóvenes que eventualmente pueden acabar uniéndose a las filas del Estado Islámico. No en vano, un octavo individuo, Siddartha Dhar, de 31 años, detenido en la misma operación, ha huido con su esposa y cuatro hijos pequeños a Siria. El caso de Choudary ha creado una fuerte polémica en Reino Unido. El «premier», David Cameron, quiere que la nueva ley contra el terrorismo esté lista para principios del año que viene, con el fin de que los yihadistas británicos que viajen al extranjero tengan prohibido luego su entrada en Reino Unido.
Sin embargo, el Consejo Musulmán Británico, la mayor asociación islámica del país, ha advertido de que la nueva normativa sólo contribuirá a empeorar el problema. El subdirector del Consejo, Harun Khan –que representa a más de 500 mezquitas y grupos musulmanes–, señala que lo que realmente hace falta es dialogar y trabajar conjuntamente con agrupaciones como la que él representa. El extremismo se ha convertido en un verdadero problema en un país donde, según el último censo, ya casi una décima parte de los bebés y niños pequeños de Inglaterra y Gales son musulmanes. En algunos casos, la radicalización comienza mucho antes de la adolescencia. La ministra de Educación británica, Nicky Morgan, advirtió el viernes de que seis colegios privados musulmanes del este de Londres serán clausurados si no cambian sus métodos de enseñanza ante el riesgo de que estén transmitiendo a sus alumnos ideas radicales.
El aviso se produce después de que el Ofsted –organismo regulador– haya publicado un informe donde deja constancia de que «los estudiantes en esas escuelas pueden ser vulnerables a influencias extremistas y radicalización». «Pedimos al Ofsted que inspeccionara esos colegios ‘independientes’ y sus conclusiones son muy preocupantes», dijo la ministra. En concreto, el inspector jefe del organismo supervisor, Michael Wilshaw, recalca el caso de un centro donde los alumnos no distinguían la diferencia entre la «sharía» (ley islámica) y la ley británica. En Mazahirul Uloom School, en el barrio londinense de Tower Hamlets, el plan de estudios está «enfocado exclusivamente» en temas islámicos, según el Ofsted. «No estoy convencido de que los directores de esos colegios tengan la capacidad de llevar adelante las mejoras necesarias en el plan de estudios y salvaguardar la calidad de la enseñanza y el aprendizaje», matizó Wilshaw.
El pasado junio, Cameron apoyó un plan para inspeccionar por sorpresa las escuelas sospechosas de fomentar el radicalismo. «Proteger a nuestros niños es uno de los primeros deberes del Gobierno», destacó el «premier» a raíz de otras acusaciones contra cinco escuelas de Birmingham (centro de Inglaterra). Los colegios británicos suelen recibir inspecciones cada dos años, unas visitas que el organismo anuncia habitualmente con varios días de antelación. Según el nuevo modo de actuación que defendió el primer ministro, sin embargo, el Ofsted puede optar ahora por dar un solo día de aviso o bien presentarse en el centro con tan solo treinta minutos de margen.
Fuente: La Razón

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