El fantasma del Plan Andinia. Por Sergio Widder

A lo largo de los últimos 10 días, la sociedad argentina ha asistido a la difusión de textos acerca de una supuesta conspiración en la cual confluirían intereses entre tenedores de bonos de deuda argentina -conocidos como «fondos buitres»- encabezados por el financista Paul Singer, dirigentes de la comunidad judía argentina y el fallecido fiscal Alberto Nisman. Ese supuesto consorcio conspirativo judío fue acusado de perjudicar al gobierno argentino y obstaculizar las posibilidades de lograr justicia en relación con el ataque terrorista contra la AMIA.

El disparador fue un artículo de Jorge Elbaum, un ex director de la DAIA y actual embajador argentino ante la Alianza Internacional para la Recordación del Holocausto. Ese texto fue luego difundido a través de redes sociales por la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. El núcleo del encono contra los dirigentes judíos fue su oposición al Memorándum de Entendimiento firmado entre Argentina e Irán en relación al caso AMIA.

En su artículo, Elbaum refiere a una supuesta reunión entre dirigentes comunitarios, a quienes no identifica, con el fallecido fiscal Nisman. Presuntamente, en el transcurso de ese encuentro, Nisman habría reclamado un accionar conjunto para «destrozar el Memorándum», para lo cual contarían –siempre de acuerdo a la versión de Elbaum -con la ayuda del propio Singer. Lamentablemente, al no saber quiénes habrían participado, no podemos preguntar a tales dirigentes si tienen algo para decir.
Tampoco, como es obvio, a Nisman, sobre quien aún desconocemos si fue asesinado o se suicidó.

Se ha levantado ahora un dedo acusador, a través de una presentación realizada ante la justicia argentina por un particular, Juan Gabriel Labaké, quien, en base a los argumentos de Elbaum, denunció a un grupo de líderes y a profesionales judíos como responsables del delito de «traición».

Labaké es el autor del libro «AMIA y Embajada. ¿Verdad o Fraude?», en el que desvincula a Irán y en cuyas conclusiones sugiere que «todos los que niegan a priori la explosión interna [esto sería, la inexistencia de coche bomba] y exigen no abrir este curso de investigación a pesar de ser el más lógico y probable, es decir el Estado de Israel, la DAIA y la AMIA, quedan sospechados de estar ocultando algo muy grave, y encubriendo criminalmente a los verdaderos asesinos». Más adelante, en la misma página, sostiene que «es muy probable que ambos atentados [contra la Embajada de Israel en 1992 y contra la AMIA en 1994] hayan sido perpetrados por grupos fundamentalistas religiosos judíos de Israel, amparados y apoyados por un sector del Shin Beth. Me inclino a creer que fue el Gush Emunim y no el Jabad Lubavitch…» (Juan Gabriel Labaké, «AMIA y Embajada – ¿Verdad o Fraude?», Editorial Reconquista, Buenos Aires, 2012, página 395).

Finalmente, a través de una carta pública, el Canciller Héctor Timerman renunció a ser socio de AMIA alegando que esta entidad «alimenta, tal vez sin desearlo, campañas de quienes pretenden usar dicha tragedia para fines contrarios a los intereses nacionales. Tanto políticos como económicos y sociales». Agregó que, desde su punto de vista, está clara «la intención de boicotear toda posibilidad de iniciar el juicio, comenzando con obstaculizar los instrumentos de cooperación judicial acordados con Irán». De manera extravagante, se comparó luego con Teodoro Herzl, el padre del sionismo moderno.

La línea que ha quedado trazada es: «fondos buitres» – Nisman – dinero – dirigentes comunitarios judíos – obstrucción de justicia – traición a los intereses argentinos.

El Centro Simon Wiesenthal ha mantenido siempre una excelente relación con AMIA, una entidad que contribuye al bienestar de la comunidad judía y a toda la sociedad argentina a través de sus diversos programas vinculados a la educación, cultura, servicio social, servicios comunitarios y un servicio de empleo líder en el país y abierto a todas las personas que buscan trabajo.

En el mismo sentido, defendemos el derecho de los directivos de AMIA a manifestar su desacuerdo con algunas políticas del gobierno argentino. Nuestro Centro también se manifestó contrario al Memorándum de Entendimiento con Irán desde un primer momento y sin ambigüedades. La democracia debe garantizar que las minorías puedan expresarse sin correr el riesgo de ser acusadas de «traidoras» o «contrarias al interés nacional», tal como está sucediendo ahora en Argentina.

Asimismo, nuestro Centro apoya que se lleve adelante el juicio contra las personas sospechosas de haber facilitado el encubrimiento del atentado contra la AMIA durante la primera etapa de la investigación, mientras estuvo a cargo del ahora destituido juez Juan José Galeano. Eso no avala, en absoluto, las insinuaciones amenazantes del Canciller contra los actuales dirigentes de AMIA acerca de eventuales juicios contra ellos. Si el Canciller tiene elementos para respaldar tales afirmaciones, es su obligación presentarlos ante la justicia. Hasta tanto eso suceda, sus palabras son diatribas carentes de toda seriedad.

En 1971, un dirigente de la ultraderecha nacionalista argentina, Walter Beveraggi Allende, redactó un panfleto antisemita conocido como el Plan Andinia, una versión criolla de los Protocolos de los Sabios de Sion publicados originalmente en la Rusia zarista. Ese libelo denunciaba una supuesta conspiración internacional para apoderarse de la Patagonia y establecer allí un nuevo Estado judío.
Jacobo Timerman, padre del actual canciller argentino, relató cómo durante su cautiverio mientras se hallaba prisionero de la dictadura militar fue interrogado bajo tortura para que diera precisiones acerca del Plan Andinia.

Héctor Timerman debería conocer como pocos los riesgos de sugerir una trama de encubrimiento como la que se describió más arriba. Y debería también alertar acerca de tales riesgos a su embajador ante la Alianza Internacional para la Rememoración del Holocausto, en especial si tomamos en cuenta el vínculo discordante con la política negacionista del Holocausto por parte de Irán.
Que este episodio no se convierta en el germen de un Plan Andinia II.

Fuente: Infobae.com/ Columna de opinión del Director para América Latina del Centro Simón Wiesenthal y fue hecho junto con la colaboración del Dr. Shimon Samuels.

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