El boicot anti Israel ¿a quién beneficia? Por Dr. Leonardo Senkman

Los rectores de todas las universidades israelíes se reunieron a fines de mayo pasado con el Presidente de Israel, para manifestarle su preocupación por el avance del boycott académico. Reuven Rivlin reconoció que no pensó que la estrategia de boicot, impulsada en Europa y en Las Américas, sería un verdadero peligro para el mundo académico israelí, y lo caracterizó como “una amenaza estratégica”.

Tal amenaza se verificaría por la disminución significativa del número de empresas internacionales que deciden embarcarse en investigaciones científicas con profesionales israelíes, por el temor a que sus productos sean boicoteados.

A diferencia del viejo boycott anti Israel, impulsado por la Liga de los Estados Árabes en los años ‘50 y ‘60, la campaña internacional de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) actual es una estrategia impulsada por la sociedad civil palestina a partir del 2005. Su discurso pretende constituir una alternativa efectiva para presionar a Israel a respetar los derechos humanos y la legalidad internacional, luego de décadas de ocupación militar y civil. Sin embargo, el BDS no se restringe sólo a los territorios palestinos, sino que convoca a boycotear a toda la sociedad civil, la cultura, la ciencia y el deporte de Israel.

El Presidente del Instituto Israelí de Tecnología, Peretz Lavie, pidió ayuda al primer mandatario Rivlin para frenar esta “bola de nieve” creciente. Y apuntó: “Debemos movilizarnos y detener el proceso en Europa y EEUU. Las organizaciones estudiantiles anti-israelíes eran escasas en el pasado, pero hoy en día están en las principales universidades”.

El ataque a las universidades israelíes se alimenta de las directivas del boycott del Comité Nacional Palestino de BDS, encargado de supervisar los aspectos académicos y culturales del BDS. Pero las recomendaciones de la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI), no diferencian entre el boicot a las instituciones académicas y culturales de los territorios ocupados, respecto de la sociedad civil y estatal de Israel. Leamos cuáles son los objetos e instituciones israelíes boycoteados, según la primera recomendación:

“Los eventos académicos (tales como conferencias, simposios, talleres, presentaciones de libros y exposiciones museísticas) convocados o co-patrocinados por Israel, por instituciones israelíes cómplices o por sus lobbies (grupos de apoyo y de presión) en los diferentes países.Todos estos eventos académicos, tanto si se celebran en Israel como en el extranjero, merecen ser boicoteados por motivos institucionales. (….) Es importante destacar que también se incluye la celebración en Israel de reuniones de organismos y asociaciones internacionales. (“Directrices de PACBI para el boicot académico internacional a Israel”, 24 de setiembre de 2014, http://boicotisrael.net/bds/academico/).

Durante los últimos tres años, el esfuerzo BDS ha demostrado cierto éxito, por el número de colegios y universidades en EE.UU que han votado para respaldar el boycott, que llegó a quince en el año académico 2014-2015. Sin embargo, ningún consejo de administración ha tenido en cuenta la votación del centro de estudiantes pro-palestino. Pero la solidaridad pro palestina del claustro de profesores y cientistas sociales va en aumento.

En octubre de 2014, inmediatamente luego del operativo militar en Gaza, más de 600 antropólogos norteamericanos emitieron una declaración alarmante: denunciaban que “las instituciones académicas israelíes son cómplices de la ocupación y la opresión de los palestinos”. Inmediatamente, etiquetaron de complicidad a las siguientes casas de altos estudios: La Universidad de Tel Aviv, la Universidad Hebrea de Jerusalem, la Universidad Bar Ilan, la Universidad de Haifa, Technion y la Universidad Ben Gurion, quienes han declarado públicamente su apoyo incondicional a los militares israelíes. Además, existen íntimas conexiones entre las instituciones académicas israelíes y los militares, la seguridad y los establecimientos políticos en Israel.

En España, la campaña iniciada hace más de dos años, pide el apoyo tanto de profesionales del ámbito académico y científico, como de asociaciones de estudiantes y trabajadores, centros de investigación, colegios profesionales, etc.

De los 1.400 firmantes totales, 150 corresponden a catedráticos, 850 a profesores y 200 a investigadores. Además, han dado su apoyo, 52 asociaciones, entre las cuales hay grupos de investigación y departamentos universitarios. En años recientes, el físico Stephen Hawking, premio Nobel de la Paz, Desmond Tutu y hasta cuatro asociaciones académicas de EEUU se han sumado al boicot. Asimismo, la Unión Europea ha establecido un boicot de facto a toda colaboración con Universidades y Centros de Investigación israelíes, situados en territorio palestino ocupado. Empero, la declaración hace un mes, de más de 300 académicos belgas a favor del boycott, no pone dudas de que las boycoteadas son indistintamente instituciones universitarias y científicas dentro y allende la línea verde.

Por un lado, los académicos belgas reconocen que luego de la formación de la coalición gubernamental, resultado de las últimas elecciones, “deberíamospresionar a Israel desde fuera. La mejor manera no violenta de hacerlo es la campaña internacional del Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS)”. Pero por el otro, los firmantes sin ambages “se comprometen a boicotear las instituciones académicas israelíes y se abstendrán de participar en cualquier forma de colaboración institucional. (…) Las universidades israelíes son cómplices de las políticas de ocupación y apartheid del Estado israelí, ya sea permaneciendo en silencio o, en la mayoría de los casos, cooperando de forma activa con el ejército, los servicios de seguridad y la industria armamentística”.

El historiador y académico Dimitri Shomsky, de la Universidad Hebrea, acaba de salir al cruce a esta hipócrita ambivalencia del boycot (Haaretz, 11/6/2015, “El movimiento BDS ayuda a la conquista de los territorios”). Corrobora una vez más que los opuestos se tocan y Shomsky homologa las posiciones totalmente antagónicas de la campaña de boycott indiscriminado del BDS contra Israel, y la postura de la derecha israelí respecto a los territorios ocupados. Ambos procurarían demostrar -según el historiador- la indisociable relación entre la ocupación militar y colonización civil Israelí, anulando de este modo la así llamada Línea Verde, que separaba hasta 1967 el Estado judío de la Cisjordania y de Jerusalem oriental. “Entre los boycotteadores del BDS y el actual gobierno Israelí, habría un tácito acuerdo básico, ya que ambos conciben un solo espacio geopolítico entre el Jordán y el Mediterráneo, bajo la férula de Israel”, razona Shomsky.

La única diferencia radicaría, para este académico, en el modo simétrico, pero totalmente inverso, de justificación por parte de ambos contendientes. Así, escribe Shomsky, el boycott acusaría a Israel de violar el derecho internacional por una ocupación “colonialista criminal” sobre toda la región que se extiende entre el Mediterráneo y el Jordán; pero por el otro lado, el gobierno que apoya a los colonos en los territorios, alega que su legitimidad internacional proviene del derecho de la Nación Judía a su autodeterminación. Mientras que el BDS borra de un plumazo “hasta el reconocimiento mismo de la OLP en 1988 a la existencia de Israel, además de borrar la legitimidad internacional del estado judío en el concierto de las naciones”, los colonos borrarían con sus asentamientos ilegales, la viabilidad del principio de coexistencia de dos estados, uno palestino y otro israelí, “al transformar a los residentes palestinos en supuestos ciudadanos de segunda o de tercera, de un estado de facto binacional, bajo apartheid Israelí”.

El citado historiador de la Universidad Hebrea argumenta, que todo tiempo en que los partidarios del boycott indiscriminado borren la línea verde divisoria entre el estado judío y el proto-estado de los colonos en los territorios ocupados, el BDS refuerza y beneficia el proyecto neo-colonial de los asentamientos israelíes, quienes a su vez, acusan a los boycoteadores “de practicar una total campaña antisraelí rayana en el antisemitismo”…

En efecto, el boycott contra las universidades israelíes está concebido con idéntico prejuicio con que los partidarios de BDS atacan la producción cultural de todos los israelíes, y no sólo de quienes residen en los territorios palestinos ocupados.

En el plano cultural, tal boycott no diferencia entre un festival en un teatro de la Universidad de Ariel (asentamiento en Samaria , Cisjordania), del laureado Festival Mediterráneo en Ashdod, ciudad puerto donde, por presión de la BDS de Cataluña, Marinah Abad (ex-cantante del grupo catalán Ojos de Brujo), canceló dos actuaciones en el Festival Mediterráneo, el pasado 11 de junio, junto a la cancelación de otros artistas españoles como Tomatito, Diego Guerrero, Ricardo Moreno y Javier Limón.

A no engañarse: tras este boycott se niega el derecho mismo a las fronteras del Estado de Israel del año 1967 y también, del año 1948. No es por azar que la fundamentación de los activistas catalanes del BDS, arguyen que el festival cultural boycoteado de Ashdod “está organizado por el mismo régimen israelí que ha estado oprimiendo al pueblo palestino durante los últimos 67 años” (sic).

Ahora bien: la respuesta a este boycott cultural y académico contra Israel debiera estar liderado por las fuerzas progresistas intelectuales más lúcidas del Estado Judío y de la diáspora. Desafortunadamente, en EE.UU quienes se encuentran al frente de la respuesta anti BDS, son plutócratas como los multimillonarios Sheldon Adelson (que financia a los republicanos) y Haim Saban, (que financia a los Demócratas). El reciente cónclave de 50 organizaciones judías de EE.UU y de otros países de la diáspora (casi todas de orientación halcón, sin presencia de J. Strret), ha logrado recaudar fondos para una logística organizativa destinada a combatir el BDF en los campus. Adelson denomina emblemáticamente a este operativo de combate “MacabeosCampus”, el cual según el magnate debiera constar de tres componentes: donantes que financien el operativo; activistas sobre el terreno dispuesto a llevar la lucha hasta el campus; y los investigadores que debieran suministrar información sobre los grupos anti-Israel y recomendar posibles vías legales para bloquear sus actividades.

Pero resulta insuficiente este esquema de confrontación para lanzar una campaña destinada a defender a las universidades israelíes.

A los prejuicios y las ideologías enemigas es necesario discutirlas y demistificarlas en los campos, sean en América del Norte o del Sur, con argumentos racionales, categorías analíticas de las disciplinas humanísticas y sociales, además de tener una información actualizada.

Por Dr. Leonardo Senkman, Universidad Hebrea de Jerusalem

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