Israel y Hamas, comprometidos con la tregua y preparados para una nueva guerra

  • Parece difícil la reconstrucción de una franja castigada por 50 días de combates
  • Los datos oficiales de desempleo superan en la Franja de Gaza el 40%
  • El destino de Gaza pasa por Israel, Egipto y la comunidad internacional
  • Israel exige a Hamas la devolución de los restos de un soldado y un oficial muertos
  • El grupo islamista replica pidiendo un canje que libere a presos palestinos

La incertidumbre y el pesimismo delimitan la frontera que hace un año explotó en mil pedazos. Hace un año, la Fuerza Aérea israelí iniciaba la operación Tsuk Eitan (traducida al español como ‘Margen Protector’) contra el grupo islamista Hamas en la Franja de Gaza en respuesta al incremento del lanzamiento de proyectiles contra el sur de Israel.

Un año después, Hamas e Israel mantienen contactos discretos y (muy) indirectos para pactar una tregua no escrita de larga duración y al mismo tiempo se preparan para un nuevo enfrentamiento que parece inevitable.

Aunque más de 600 camiones con productos, material de construcción (más de 1,3 millones de toneladas) y ayuda humanitaria entran diariamente desde Israel, queda lejana la reconstrucción de una franja severamente castigada por 50 días de bombas y combates. Según las autoridades palestinas, más de 100.000 personas aún esperan su realojamiento tras perder sus casas.

Adnan Abu Hasna, portavoz de la agencia de refugiados de la ONU (UNRWA) en Gaza, afirma que “61.000 viviendas han sido renovadas básicamente con trabajos pequeños pero aún no ha comenzado la reconstrucción de las 18.000 viviendas destruidas completamente o gravemente dañadas”. “La reconstrucción va a paso de tortuga”, dice la ONU.

En una paupérrima y aislada zona donde el desempleo oficial supera el 40%, se preguntan dónde está el mana prometido en la Conferencia de Donantes. De los 5.400 millones de dólares de ayuda anunciada a los palestinos (de los que una parte importante sería destinada a Gaza), sólo un tercio ha sido transferido. La escisión entre Hamas (Gaza) y Al Fatah (Cisjordania) es sólo uno de los motivos. El presidente y líder de Al Fatah, Abu Mazen (único interlocutor palestino a ojos internacionales) no pisa Gaza desde que sus efectivos fueran expulsados por Hamas en el 2007.

El último intento de reconciliación palestina pretendía también que el Gobierno de unidad tomara las riendas de Gaza. Ha fracasado. El destino de Gaza pasa por Israel, Egipto y la comunidad internacional pero también por el régimen de Hamas y la lucha interna palestina. El grupo de Ismail Haniyah denuncia la masiva redada esta semana de un centenar de sus efectivos a cargo de las fuerzas de seguridad palestinas en Cisjordania.

La difícil rutina

Un año después, las localidades israelíes cercanas a la Franja intentan volver a la rutina sin éxito ante el goteo de proyectiles de los últimos dos meses y el temor a los túneles. Aunque los proyectiles son producto de la “venganza” de un grupo salafista contra el régimen de Hamas, a los habitantes en el sur de Israel no les importa quién los lanza sino que caen cerca de su casa. Una respuesta militar más contundente de la puntual podría llevar a Hamas a responder reiniciando el círculo de violencia tan conocido por estos lares.

Las huellas de la guerra en la zona israelí son mínimas en comparación con la destrucción en barrios gazatíes. Lo que no significa que no haya secuelas y temores. Los jóvenes de 15 años de Kibbutzim como Yad Mordejai o ciudades como Sderot o Netivot no conocen otra realidad que Tzeva Adom (la sirena que alerta del lanzamiento de proyectiles) y el tiempo (desde tres segundos hasta el minuto en ciudades más alejadas) para encontrar un lugar seguro.

“No queremos una guerra pero no dudaremos en defender nuestro país. Seguimos atentamente todo lo que sucede en el sur y estamos preparados para actuar con fuerza si es necesario. A todos los enemigos de Israel, Hamas, Hizbulá, Irán o Estado Islámico, les digo: quien intente hacernos daño, está sentenciado”, advierte el primer ministro israelí, Benjamin Netanayhu en un acto-homenaje a los 67 soldados y 6 civiles israelíes muertos en la guerra.

Israel exige a Hamas la devolución de los restos de un soldado y un oficial muertos en los combates. El grupo islamista replica pidiendo un canje que libere a presos palestinos.

En Gaza -donde la cifra de muertos superó los 2200 personas (la mitad civiles)- los dirigentes de Hamas siguen fieles a la retórica basada en la “resistencia armada hasta el fin de la ocupación y la destrucción del Estado sionista”. Lejos de las cámaras, sin embargo, sus efectivos armados intentan evitar que comandos salafistas lancen proyectiles contra Israel.

Los objetivos de Hamas

“Hamas ganó la última guerra y resistió heroicamente durante dos meses ante un ejército poderoso. Hamas no tiene miedo a luchar contra las agresiones y bloqueo”, señala el portavoz islamista, Sami Abu Zuhri.
Uno de los grandes objetivos de Hamas es reconstruir las relaciones con el vecino Egipto de Abdelfatah Al Sisi. Hamas -que cuenta con el apoyo lejano de Catar y Turquía- no puede permitirse el lujo de un enfrentamiento con la nación que posee las llaves de su principal puerta al mundo, Rafah.

Aunque desean tregua, Israel y Hamas creen que tarde o temprano volverán a enfrentarse como han hecho tres veces desde el 2008. Las dos partes se preparan para la ocasión.

El ejército israelí ha mejorado la efectividad de la batería defensiva ‘Cúpula de Hierro’ (tuvo un éxito del 90% ante los más de 4.700 proyectiles y misiles disparados desde Gaza), de los drones de espionaje y la protección de los carros blindados.

El brazo armado de Hamas, por su parte, acelera la fabricación y las pruebas de proyectiles. La destrucción de centenares de túneles de contrabando con el Sinaí a cargo de Egipto ha potenciado los cohetes ‘Made in Hamas’.

Asimismo, una unidad especial de esta milicia reconstruye los túneles en la Franja de Gaza. Hay dos tipos. Por un lado, los pasadizos subterráneos empleados por Hamas para trasladar y esconder milicianos, cabecillas y armas en el interior de la Franja y en muchos casos conectados a casas. Por otro, los que penetran en territorio israelí. 32 túneles de este tipo fueron destruidos durante la incursión terrestre en la segunda fase de ‘Margen Protector’.

El zepelín israelí instalado en el cielo fronterizo, los campos de entrenamiento de Hamas muy cerca de la frontera o los barcos de vigilancia israelíes en las costas reflejan que la calma es muy frágil. Una calma que puede extenderse varios meses e incluso un año pero también romperse en cualquier segundo. Un año después, la incertidumbre y el pesimismo delimitan la frontera.

Fuente: ElMundo.es / Foto: Reuters