Una falsa paz. Por Carlos Maslatón

No hay duda de que se trata de un triunfo de Irán, su más importante victoria en 35 años de renacimiento musulmán chiíta. El tratado firmado con Estados Unidos y Europa nominalmente es de limitación para su desarrollo nuclear con fines bélicos. En la realidad de la política es para fabricar la bomba atómica con destino a destruir a Israel. El presidente Barack Obama tomó la decisión de arreglar con los ayatollahs entre finales de 2012 y principios de 2013, casualmente en el mismo momento en que también firmaba acuerdo Cristina Kirchner por el atentado a la AMIA.

Debe quedar claro políticamente desde hoy que hacia el pasado todo el daño terrorista de Irán queda borrado. Han jugado bien contra Occidente, tienen estudiada su psicología y saben que con lo único que cede el mundo libre en esta etapa histórica de cobardía y retroceso es parecer un peligro mundial, no presentarse como país bueno y pacifista. Quienes quieran leer política real deben registrar cómo funciona, las cosas se ganan de mala manera, jamás obedeciendo al establishment. Es decir, el terrorismo es un legítimo y eficiente método político que cuando se presenta en su verdadera dimensión extrema hasta deja de ser considerado ilegal y violatorio de los derechos humanos.

La jugada chamberlainista de Obama y John Kerry, ¿por qué se dio? También esto debe ser interpretado correctamente. Por una parte, es la esencia de los demócratas, de la izquierda norteamericana y de la opinión pública de EEUU, que hoy no es precisamente republicana-reaganista. Por el otro, Obama y Kerry (antes Hillary Clinton) trataron desde 2009 de jugar fuerte en Medio Oriente y buscaron poner orden con su mediación. Pero hicieron todo mal. En 2009-2010 intentaron sellar la paz basada en los regímenes panarabistas clásicos como el de Egipto. Cuando se presentaron problemas en Egipto, dijeron: “No, estos tipos como Mubarak, Gaddafi y Assad son malos y hay que sacarlos”. Entonces cambiaron de bando y arreglaron con el fundamentalismo islámico sunnita, con Al Qaeda, sí. Este fue el proceso trágico 2011-2012; las consecuencias de este giro se ven hoy con el Estado Islámico, donde el invento se volvió contra el inventor.

En el medio trató, como todo gobierno norteamericano, de lograr la paz entre Israel y Palestina, conflicto que se apaga solo y que hace rato dejó de ser un problema al haber quedado desconectado del gran cuadro de fuerzas intra-árabes e intra-musulmanas de la geopolítica regional. Y desde luego, fracasó Obama por no entender justamente esto que advertimos a partir de estas columnas en los últimos años. Desesperado por conseguir algo para su jactancia personal y advirtiendo que prender velas y plantar árboles de la paz no sirve para nada frente a semejantes especímenes árabes que se matan entre sí, se le ocurrió a Obama que había que firmar la paz con Irán. Y aquí está el acuerdo. Una vía libre para la próxima guerra entre Teherán y Jerusalén, que será nuclear. La verdad es que, de ningún modo, Hiroshima y Nagasaki pueden quedar como los únicos casos de definición atómica entre países. No existe tal cosa como que los inspectores monitorearán por diez años que Irán no fabrique la bomba. En siete u ocho años asistiremos al espectáculo de los ayatollahs con Hezbollah cumpliendo su sueño de borrar a Israel del mapa y, seguramente, el intento fracasará, porque Irán será devastado de antemano con el increíble arsenal nuclear acumulado por Israel en el último medio siglo. Siempre la falsa paz trae la guerra, guerras mucho peores de las que se quieren evitar.

Ayer fue Chamberlain-Hitler, hoy es Obama-Khamenei vía Hassan Rouhani, el de la foto que la va de moderado tras la etapa anterior del desastre de Mahmoud Ahmadenidejad. Finalmente, frente al acuerdo humillante de hoy, me permito rescatar la que aprecio como la mejor frase de la jornada. Desde Jerusalén, capital del diminuto Estado de Israel, representación del pueblo judío en armas, el primer ministro Benjamin Netanyahu advirtió debidamente a todos: “Es un error de proporciones históricas. Nuestra nación no queda obligada por la componenda. Nos reservamos el derecho de defendernos a nosotros mismos”. Que sea lo que Dios quiera.

Por Carlos Maslatón. Es abogado, analista de mercados y periodista.

Fuente: Infobae