El que calla otorga. Por Ing. Roberto Cyjon, ex presidente del Comité Central Israelita del Uruguay

Han debido transcurrir unos días para que me decida a escribir esta nota. Durante varias décadas de militancia en la comunidad judía, hemos insistido y reclamado, que los acontecimientos no se deben medir con dos varas. Todos los eventos relacionados al tan complejo conflicto árabe-palestino-judío-israelí -y ¿por qué no agregar al integrista islámico- cristiano y anti islámico moderado a granel?- suelen ser de “gatillo conceptual fácil”. Algo dramático y muy prolongado, que causa tanto dolor a tanta gente, parecería a veces “totalmente comprendido” por la opinión “publicada”, que se debería distinguir de la opinión pública. Nos mantenemos en esa postura, porque lamentablemente, el síndrome de milenios de antisemitismo no lo podemos evadir, dado que dicho flagelo discriminatorio persiste. En idéntica forma condenamos toda discriminación, incluyendo a la islamofobia que deriva por “obviedad inmediata”, de las ya citadas y violentas pujas intra islámicas: ISIS, Estado Islámico, Al Qaeda, BokoAram, Hizbolla, Hamas y la lista se podría amplificar.

Pero lo que motiva esta nota no pretende hacer foco en ese objetivo, sino en el terrorismo ultranacionalista teocrático israelí, que me-nos ha avergonzado como judíos y sionistas, en el mundo entero incluyendo Israel. Es viejo el dilema: “¿Cuán tolerante se ha de ser con los intolerantes”? No hemos de resolverlo en un par de oraciones, si es que acaso pudiéramos hacerlo, pero sí, y sin dudas, debemos rendir tributo a nuestra intuición guiada por la honestidad y también las emociones. Asesinar a una familia palestina en su casa y prenderles fuego, subleva sin lugar al menor titubeo de severísima condena. Asesinar a una joven, en su caso: judía, que se manifiesta pacíficamente, por los derechos humanos de ejercer libremente la diversidad sexual, “hoy” y “siempre” debió habernos sublevado. Estos acontecimientos que sucedieron en Israel, son condenables “sin peros”. Debería agregar “sin demora”, porque midiendo como se debe, con la misma vara, no hay ultranacionalismos buenos y malos, terroristas buenos y malos, crímenes de religión abominables y otros tolerables. Aguardamos y exigimos, una rápida y contundente expedición de la justicia israelí en condenar a estos asesinos recientes, y establecer mecanismos preventivos y efectivos, para prevenir a eventuales asesinos futuros. Debemos reclamar, asimismo, rigor semántico. Así como dudamos del concepto “milicianos” aplicado a los terroristas islámicos antiisraelíes, no aceptamos el término “extremistas” para los terroristas ultra religiosos judíos.

Puestas las cosas en su lugar, a fuerza de ajustada brevedad, y expuestas con los sentimientos humanistas que nos guían, resulta complejo darle un cierre “a modo de conclusión” a estas reflexiones. Solamente compartir una última. La Historia nos ha demostrado que cuando parecieron haberse alcanzado los límites superiores de tal o cual discriminación, y éstas son innumerables, lo más vil del ser humano se encargó de frustrar esas expectativas y tornarlos peores aún. Asumamos todos, el compromiso de aislar y condenar a los que diseminan terror. No configuraremos un colectivo iluminado de “justos y honestos” frente a los “otros”, pues esa es la esencia de la propia discriminación, pero hay un sentido común prevaleciente frente a lo que no se puede admitir. Ello nos permitirá mantener en alto ideales diferentes, así como sanas y naturales divergencias, que siempre emergerán como mérito del pensamiento crítico.

Han debido transcurrir unos días para que me decida a escribir esta nota. Durante varias décadas de militancia en la comunidad judía, hemos insistido y reclamado, que los acontecimientos no se deben medir con dos varas. Todos los eventos relacionados al tan complejo conflicto árabe-palestino-judío-israelí -y ¿por qué no agregar al integrista islámico- cristiano y anti islámico moderado a granel?- suelen ser de “gatillo conceptual fácil”. Algo dramático y muy prolongado, que causa tanto dolor a tanta gente, parecería a veces “totalmente comprendido” por la opinión “publicada”, que se debería distinguir de la opinión pública. Nos mantenemos en esa postura, porque lamentablemente, el síndrome de milenios de antisemitismo no lo podemos evadir, dado que dicho flagelo discriminatorio persiste. En idéntica forma condenamos toda discriminación, incluyendo a la islamofobia que deriva por “obviedad inmediata”, de las ya citadas y violentas pujas intra islámicas: ISIS, Estado Islámico, Al Qaeda, BokoAram, Hizbolla, Hamas y la lista se podría amplificar.

Pero lo que motiva esta nota no pretende hacer foco en ese objetivo, sino en el terrorismo ultranacionalista teocrático israelí, que me-nos ha avergonzado como judíos y sionistas, en el mundo entero incluyendo Israel. Es viejo el dilema: “¿Cuán tolerante se ha de ser con los intolerantes”? No hemos de resolverlo en un par de oraciones, si es que acaso pudiéramos hacerlo, pero sí, y sin dudas, debemos rendir tributo a nuestra intuición guiada por la honestidad y también las emociones. Asesinar a una familia palestina en su casa y prenderles fuego, subleva sin lugar al menor titubeo de severísima condena. Asesinar a una joven, en su caso: judía, que se manifiesta pacíficamente, por los derechos humanos de ejercer libremente la diversidad sexual, “hoy” y “siempre” debió habernos sublevado. Estos acontecimientos que sucedieron en Israel, son condenables “sin peros”. Debería agregar “sin demora”, porque midiendo como se debe, con la misma vara, no hay ultranacionalismos buenos y malos, terroristas buenos y malos, crímenes de religión abominables y otros tolerables. Aguardamos y exigimos, una rápida y contundente expedición de la justicia israelí en condenar a estos asesinos recientes, y establecer mecanismos preventivos y efectivos, para prevenir a eventuales asesinos futuros. Debemos reclamar, asimismo, rigor semántico. Así como dudamos del concepto “milicianos” aplicado a los terroristas islámicos antiisraelíes, no aceptamos el término “extremistas” para los terroristas ultra religiosos judíos.

Puestas las cosas en su lugar, a fuerza de ajustada brevedad, y expuestas con los sentimientos humanistas que nos guían, resulta complejo darle un cierre “a modo de conclusión” a estas reflexiones. Solamente compartir una última. La Historia nos ha demostrado que cuando parecieron haberse alcanzado los límites superiores de tal o cual discriminación, y éstas son innumerables, lo más vil del ser humano se encargó de frustrar esas expectativas y tornarlos peores aún. Asumamos todos, el compromiso de aislar y condenar a los que diseminan terror. No configuraremos un colectivo iluminado de “justos y honestos” frente a los “otros”, pues esa es la esencia de la propia discriminación, pero hay un sentido común prevaleciente frente a lo que no se puede admitir. Ello nos permitirá mantener en alto ideales diferentes, así como sanas y naturales divergencias, que siempre emergerán como mérito del pensamiento crítico.

Por Ing. Roberto Cyjon, ex presidente del Comité Central Israelita del Uruguay

Fuente: CCIU

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