Birmajer sobre Carmen Balcells: «Mi idishe mame catalana»

Conocí personalmente a Carmen Balcells en 2001. Desde entonces, fue un hada madrina para mí. Su generosidad y su sabiduría mejoraron mi vida. Juan Sasturain me salvó la vida al publicarme por primera vez en la revista Fierro cuando yo tenía 19 años. Carmen Balcells me hizo vivir los mejores años de mi vida de escritor cuando cumplí 33. Fuimos amigos. Llegué a Barcelona, como diría su escritor favorito, García Márquez, en medio de una tormenta bíblica. Era la primera granizada en Barcelona en 20 años. Me recibió primero por el aparato de audio del automóvil que me vino a buscar al aeropuerto.

En esa ocasión, me hizo escribirle en su pared una frase que yo había inventado para uno de los cuentos de mi libro Mitos y recuerdos, y luego volví a aplicar en mi novela Tres Mosqueteros, que se publicó primero en España y fue la primera como representado de Balcells: “La diferencia entre perderse y encontrar un lugar nuevo, es saber cómo volver”. La frase todavía está en la pared blanca de su casa, y la volví a ver hace tres meses, porque supe volver a Barcelona.

Este pasado junio 2015 me habían invitado a Alemania y decidí pasar por Barcelona. No sé por qué. Increíblemente, este pasado sábado, también en Clarín, el protagonista de mi columna Se me hace cuento vivía en Barcelona; y anticipé que también seguiría con ese personaje el sábado que viene. Ella ya no vive más en Barcelona. Pero yo la fui a ver en junio y como cada vez que pisé esa ciudad, me invitó a comer a su casa. Yo ya había comido y, en principio, sólo le acepté un gin tónic. Pero se hicieron las seis de la tarde y la señora que trabajaba en su casa se apareció con un tortilla de papas espectacular. No me pude resistir: la mejor tortilla de papas que probé en mi vida.

Como siempre, también, me preguntó qué necesitaba. Le dije, como siempre: «un consejo». Y como siempre, me respondió: “No te voy a dar un consejo: te voy a dar una orden”. Me dijo cuál de mis ideas debía escribir primero, cómo debía encarar la novela, cuánto tiempo dedicarle. Es la única persona a la que yo obedecía. Su sabiduría era bíblica. Unos años atrás, le escribí un mail diciéndole que en 1947 Golda Meir había recorrido Estados Unidos recaudando dinero para la autodefensa de Israel, que se fundaría en 1948. Cuando regresó, Ben Gurión la fue a recibir al aeropuerto y le dijo que alguna vez se diría que una mujer fue la que hizo posible la creación del primer Estado Judío en 2000 años. Yo le escribí a Carmen diciéndole que yo no dejaba de repetirme que ella me había hecho posible vivir mi adultez como escritor, después de 2000 años también.

En nuestro último encuentro, en este junio de este 2015 ahora fatídico para mí, le pidió a la otra mujer que trabajaba en su casa que nos sacara una foto. Un par de días después, cuando llegué a Buenos Aires, tenía un mail de Carmen reclamándome los primeros compases de mi novela y pidiéndome que le enviara la foto que yo había sacado con mi cámara. Yo no había sacado ninguna foto con ninguna cámara. Sólo ella había usado la suya. Pero recién ahora entendí. En ese encuentro, yo le saqué una foto con mi corazón. Era esa foto la que ella me estaba pidiendo. Ahora se la puedo mandar.

Fuente Clarín

Autor: Marcelo Birmajer

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