Las 10 señales que indican que sos una madre judía «adulta»

Por Yvette Alt Miller, Kveller – JTA

1. Existe la posibilidad de que tu hijo tenga un antiguo nombre judío como Ada, José, Abraham, o Lily. Sucede que las madres adultas tienen menos posibilidades de que sus padres están vivos, por lo que es mucho más probable que hayan escogido un nombre que suena más las aldeas donde ellos vivían que a un moderno libro de nombres de bebes.

2. En el jardín hay clases compartidas con los padres y con los abuelos. Pero vos no encajas del todo bien en ninguna.  ¡Y además, sentís algunos dolores en la espalda al sentarte al piso con los chicos!

3. Cuando llega el momento de elegir las invitaciones de los bar y bat mitzvah, buscas la lista de direcciones para enviar las invitaciones. Sucede que cuando hiciste tu bat mitzvah, no era nada raro enviar las invitaciones por correo.

4. Te encanta la selección de juguetes antiguos en las jugueterías. Aunque te hubiera gustado comprar un tocadisco o “mi pequeño Pony”, cualquier juguete viejo te recuerda a tu infancia.

5. Para Rosh Hashana, todavía envías tarjetas con fotos de tus hijos en el interior. Impresas en papel. Con sello y todo.

6. Cuando tu hija va a una «fiesta temática de los años ochenta”, les prestas tus pantalones nevados que todavía tenés guardados en algún ropero. Y le mostras la forma correcta de hacerse el brashing, además.

7. Todavía no te has recuperado totalmente de ver las palabras «embarazo de riesgo» en tu informe médico. El término se utiliza para estudios específicos de cualquier madre mayor de 35 años, aunque es sorprendente teniendo en cuenta el número cada vez mayor de madres adultas que se cuentan cada año.

9. Ordenás en la computadora las fotos de tu hijo todo el tiempo. Y todavía las imprimís. A veces, tus hijos pierden la paciencia cuando les pedís que sonrían para la foto…

10. Te gustaría tener la energía que tenías hace 20 años para jugar con tu hijo. A veces llorás un poco por el hecho de que no hayas logrado tener familia antes. Pero luego, cuando ves la sonrisa de tu hijo, que te alborota el corazón, creo que si las cosas hubieran sido diferentes cuando eras joven, no tendrías exactamente este mismo chico maravilloso, encantador. Y de repente, te das cuenta que no cambiarías nada.

Yvette Alt Miller, Ph.D. ha trabajado como profesor de Relaciones Internacionales, analista de comercio para el Gobierno de Estados Unidos y en relaciones públicas. Vive con su familia en Chicago.

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