La paz y el legado de Shimon Peres. Por Adalberto Rodrìguez Giavarini

Por Adalberto Rodrìguez Giavarini

La última vez que conversé con Shimon Peres, en febrero de 2014, en la residencia presidencial de Jerusalén, junto a otros miembros del Instituto del Diálogo Interreligioso, la reunión se inscribía en el deseo del Papa Francisco de realizar un viaje de buena voluntad a Israel, Palestina y Roma, previo a su visita a Tierra Santa. Una vez más, en esa reunión, el Presidente Peres manifestó su compromiso por el diálogo y la paz.

David Ben-Gurión lo contó entre sus principales colaboradores desde la fundación del Estado de Israel en 1948, gestionó el Estado como Primer Ministro dos veces y fue canciller de Isaac Rabin donde lideró el proceso de Oslo que le valió el Premio Nobel de la Paz, junto con el propio Rabin y el líder palestino Yasser Arafat.

Tuvimos el honor en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales de recibirlo en noviembre de 2009, en una sesión memorable donde expresó a la Argentina, no sólo el gran cariño que le tuvo durante toda su vida, sino que con humildad, se prodigó en consejos que sólo su conocimiento y amistad podría dar y que fueron recibidos con el agradecimiento que merecían.

El Presidente Peres tenía un buen humor imbatible, sólo comparable con su seriedad en la búsqueda de los grandes objetivos nacionales y mundiales. Por ello, en esa última reunión, y le solicitamos colaboración en el diálogo. Sus palabras fueron: “Se necesitan dos para bailar el tango…”.

Y es verdad. Tomemos su legado y busquemos que nuevamente se forme la pareja necesaria para bailar la música de la paz. Ese es un legado mayor de Shimon Peres a quien Dios seguramente recibió y le dio lo que tanto buscó: la Paz en su Gloria.

 

El autor fue Canciller argentino y es presidente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI).

 

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