«Judíos, cuidado con el antisemitismo post elecciones en Estados Unidos». Por Mark Cohen

Los partidarios del aspirante a la candidatura presidencial republicana Donald Trump sostienen letreros sobre el multimillonario durante un acto relacionado con las elecciones primarias republicanas en Spartanburg, South Carolina, el sábado 20 de febrero de 2016. Trump ganó las elecciones primarias en South Carolina, su segundo triunfo consecutivo en el proceso interno republicano. Los carteles dicen "Trump, para que Estados Unidos sea grande nuevamente". (AP Foto/Paul Sancya)

Trump puede estar perdiendo apoyo, pero algunos de sus más fervientes seguidores ya están culpando a los judíos.

Este no es otro análisis político de las elecciones presidenciales de Estados Unidos. No es un ensayo de disección de encuestas de votantes ni otra crítica de los candidatos (ninguno de ellos es realmente amigo del pueblo judío.) Es una súplica, un llamado para aquellos que aún deben comprender lo que le espera a la comunidad judía estadounidense.

En las últimas semanas de la carrera a la Casa Blanca, muchos estadounidenses se encuentran atrapados en lo que se asemeja a un entretenimiento de baja calidad más que a elecciones presidenciales. En medio de una controversia tras otra e ingeniosos golpes personales que los candidatos intercambian día a día, es fácil pasar por alto las posibles implicaciones y consecuencias que están por venir.

A raíz de las denuncias en torno a la vida personal de Donald Trump, su derrota en los debates presidenciales y su descenso en las encuestas nacionales, sus seguidores están en busca del “verdadero” culpable de su reciente caída. Aunque algunos consideran que su caída se debe a la propia conducta del candidato republicano, para muchos, la causa es menos obvia: el judío.

Periodistas judíos aunados a patrocinadores de redes y presidentes son vistos como los que lideran los ataques contra Trump. Se acusa a un asesor republicano judío de filtrar cintas degradantes, a un fiscal judío de hallar irregularidades en la investigación de la Fundación Trump y a una “gran empresa judía” de presentar una demanda de fraude contra la Universidad de Trump. Se acusa a los judíos y a su “poderoso establishment” de “manipular los medios de la Unión Americana”, de intervenir en las elecciones a través de acciones premeditadas y de “dominar el sistema político.”

No, no se trata sólo de elementos marginales de ultra-derecha que están detrás de estas acusaciones y de la retórica ofensiva. Melania, la esposa de Trump, señaló recientemente que un periodista judío “provocó” el acoso antisemita a través de un artículo poco favorecedor sobre la señora Trump, y la semana pasada el propio Trump dijo que el reciente descenso de popularidad se debía a una conspiración global. “Hillary Clinton se reúne en secreto con los bancos internacionales para planear la destrucción de la soberanía de Estados Unidos y enriquecer a estos poderes financieros globales”, declaró Trump en su discurso. Los observadores no podían dejar de notar las referencias a los judíos, intencionales o no (al igual que en todas las declaraciones ambiguas de Trump, cada grupo ve en ellas lo que desean, por lo que tanto judíos como nazis pueden identificarse con la misma persona).

El antisemitismo ya ha ganado fuerza durante esta divisiva carrera presidencial a través de la palabra hablada y el lenguaje de los medios sociales, a veces incluso culminando en amenazas y ataques físicos. Apenas la semana pasada, un grupo de estudiantes de preparatoria de Colorado instaron a ejecutar a los judíos en una publicación en línea. En Yom Kipur, dos hermanos judíos fueron golpeados violentamente en Brooklyn. Un mensaje antisemita fue escrito fuera de una sinagoga de Tampa Bay y periodistas judíos y figuras públicas continuaron recibiendo un sinnúmero de amenazas por parte de supuestos seguidores frustrados de Trump.

Al parecer, hay cierta verdad en la reciente evaluación de Trump: “Esta no es simplemente otra elección más. Estamos ante una encrucijada de la historia para nuestra civilización.” En un momento en el que el sentimiento anti-judío se disfraza de antisionismo; en el que un comité local de BDS se convierte en un movimiento global y dinámico y en el que un grupo como Black Lives Matter, cuyo manifiesto formal, acusa a un Israel “apartheid” de cometer “genocidio” contra los palestinos gana una popularidad inconmensurable, ciudadanos judíos fieles serán identificados con una gran cantidad de judíos villanos imaginarios, y un puñado de judíos bribones reales.

En palabras de Andrew Aglin, editor del sitio neonazi más popular: “Si perdemos, este país entrará en una nueva era de antisemitismo. El 35 por ciento de los estadounidenses que al parecer votarán por Trump sabrán que no fueron los ‘liberales’ los que lo derrotaron, sino los traidores dentro del partido que lo abandonaron. Y querrán saber por qué sucedió. Hay sólo una respuesta: fueron los judíos”.

Esta no es una paranoia sin fundamento. William S. Burroughs, un influyente novelista estadounidense, comentó una vez que a veces, “la paranoia es tener todos los hechos.” Conozca la realidad. Nosotros los judíos debemos ser cautelosos debido a una larga historia de sociedades en las que hemos sido chivos expiatorios de todos los problemas.

Debemos tener la fuerza para ver, aunque sea desagradable y hacer lo que debemos, aunque sea difícil. El mismo tipo de antisemitismo transparente que llevó a un Herzl a construir un Estado judío, debe al menos llevarnos a considerar vivir en él.


Fuente: The Jewish Press

Mark Cohen emigró a Israel hace 15 años de Estados Unidos y actualmente radica y enseña en el corazón de Jerusalem.

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