Laura Pomerantz opinó sobre la representación artística de los genocidios. Por Eduardo Chernizki

La doctora Laura Pomerantz es una estudiosa de la Historia del Arte que en los últimos años se ha dedicado a investigar la representación artística de los Genocidios.

Recibida con mención de honor primero como licenciada en Historia del Arte en la Universidad Hebrea de Jerusalem (1985), años después obtiene su Máster en la Universidad Nacional Autónoma de México (1996) con la tesis “Orígenes ideológicos y formales de la Trinidad Revolucionaria. Su inserción en la gráfica y en el Muralismo Mexicano” y luego el doctorado, en la misma universidad, con la tesis “Grietas de una memoria: Arte y Holocausto” (2010), la entrevistamos durante una de sus estadías en Buenos Aires, su ciudad natal, respecto a las investigaciones que viene encarando últimamente: la representación artística de los genocidios.

  • Teóricamente, ¿cuál es el motivo de la representación artística de un genocidio?

Podemos empezar diciendo que todo artista es hijo de su tiempo, es una persona sensible que acarrea un pasado, o lo vive, y – sobre todo en nuestra época – con tantos medios de comunicación, lo lee. Por lo tanto la representación de un momento de dolor, o de un trauma no es una novedad, lo que sí es una novedad es su estudio. No vamos a encontrar exposiciones dedicadas al arte de Camboya o de Bosnia en este contexto, pero si vamos a encontrar artistas que están en diferentes circuitos en el mundo que trabajaron la temática del genocidio, pero no es que vamos a hallar un libro sobre el arte de los genocidio, como sí existen sobre el Arte del Holocausto, que es tomado hoy en día como arquetipo. De alguna manera mis maestros de la Universidad de Jerusalén fueron los que empezaron este tema desde el arte judío y el arte del Holocausto. La cuestión del arte sobre el genocidio empezó mucho después, no te voy a decir diluido, pero no es una masa homogénea que se estudie. Por la tesis de doctorado que hice sobre “Arte Contemporáneo y Holocausto” empezó mi interés por si había otro tipo de genocidios trabajados a través del arte, y me encontré que había muchísimo, y empiezo a estudiarlo. Comienzo estudiando el de Camboya, muy alejado de mi cultura, y empiezo a ver la cantidad de versiones que hay de diferentes estilos y momentos,  y los reúno en grupos diferentes, lo mismo que había hecho con el Holocausto.

  • ¿Por qué le intereso el genocidio de Camboya?

Camboya es un espacio genocida o fue  un espacio genocida que se trato de silenciar totalmente. En Camboya había una generación de chicos y de padres jóvenes porque todos los demás habían muerto, y entonces hay una reacción desde gente que era chica. Es decir hay diferentes miradas, y ahí es donde empiezan los estilos, y al acercarse a ellos uno empieza a entender el por qué y de los mismos. Hay un artista que fue un sobreviviente del S21, que era el Auschwitz de Nom Pen, digamos; y ese artista pintaba cuadros al óleo porque era una persona que había sido pintor en su época y tiene unos cuadros terribles de torturas, de él engrillado en la cárcel, y también un retrato de Pol Pot que lo obligaron a pintar, que son marcas, huellas que uno empieza a ver. Llamé a mi tesis de doctorado “Grietas de una memoria, arte y Holocausto”, y luego de muchos años de estudiar este tema sigo considerando que son grietas, porque uno se va metiendo en lugares que no aparecen en la superficie, en este dolor profundo de cada uno de los artistas que, de una manera u otra, fueron reaccionando. Lo mío es muy multidisciplinario, si bien mi formación es en la historia del arte, fui entrando al contexto histórico de estos temas que tienen que ver con otros asuntos, entonces mi lectura es lo que se llama una lectura iconográfica. Yo estudio lo que el artista representa, su simbología y saco esa simbología afuera dentro de un contexto histórico, y por ejemplo puedo entender a un artista camboyano que trabaja el bambú. El bambú era un elemento que en todas las listas de Pol Pot estaba prohibido, porque era un elemento que tenía que ver con el pasado, así como los anteojos estaban prohibidos porque eran para gente intelectual, o hablar el francés. Entonces cuando descubro a un artista que trabaja el bambú, unos Budas enormes preciosos, una belleza, finísimos. Entonces  me pregunto: cómo puedo entender esto como arte de genocidio. No trabajo nada que sea un shock visual o algo que impacte, no es fotoperiodismo lo mío, es arte muy sutil que llega de una manera muy sutil y luego cada quien con su propio bagaje. Empiezo a estudiar a ese artista y su tiempo y encuentro que el bambú está en las lista de Pol Pot. Fue una revelación muy grande para mí, porque entendí que el material en sí era un material de resistencia, y que más allá del tema que el artista puede elegir, el está trabajando un material que fue prohibido durante muchos años y que por eso murió muchísima gente. Este es un ejemplo de la utilización de materiales o herramientas de resistencia, que es un grito a viva voz de muchos artistas con los que no tengo contacto o no conozco.

  • ¿Qué otros ejemplos podría dar?

Acá hice una exposición sobre el genocidio Armenio, en mayo en la Facultad de Derecho, donde hay una cátedra libre sobre Holocausto, genocidios y lucha contra la discriminación, ellos me invitaron y fue otra experiencia, pues veo otras facetas y entrevisto a los descendientes, en su mayoría de tercera generación, y algunos que eran segunda y un poquito más, entonces empiezo a involucrarme en más temas, todos ellos que fueron silenciados, y empiezo a entender el dolor, el trauma, el trauma de muchos que no lo vivieron pero escucharon en su familia, gente que tenía pesadillas. En los años ’90 se produce el bum del arte de instalación, que propone una interacción con un espectador activo en el que, por ejemplo, uno tiene que entrar en un espacio e interactuar, y termina siendo un ámbito, un ambiente que absorbe y al mismo tiempo, cada quien con su bagaje, completa la obra. Estoy pensando en piezas de Christian Boltansky, que es un artista que estuvo en Buenos Aires, que hizo una exposición muy importante, en el museo de la UNTREF (Universidad Nacional de Tres de Febrero), que es como un icónico en el arte del Holocausto, y uno empieza a sentirse absorbido por sus luces. También en la pieza de Menache Kadishman en el Museo Judío de Berlín, caritas de acero, diez mil caritas de acero que uno camina sobre ellas, esa es la parte vivencial, vos caminas y vas sintiendo el rechinar de tus pies. Otro ejemplo es la obra de la artista mexicana contemporánea Teresa Margolles.

  • ¿Qué puede opinar al respecto de la obra de Teresa Margolles?

Viví 15 años en México, y comencé a estudiar mucho el femicidio en Ciudad Juárez, y el arte de las chicas violentadas, para decirlo delicadamente, es muy fuerte, y cuando lo analizo me acerco a esos artistas, y no voy a lo más visualmente terrible, sino que trabaje la obra de Teresa Margolles, que es muy famosa  y que representó a México en la Bienal de Venecia. Ella trabaja directamente con sangre y lleva en una valija una manta bañada en sangre que cuelga en la Bienal y usa el agua de la morgue pasada a vapor, y la gente entra a un cuarto, una obra de instalación, donde está la manta bañada en sangre y  hay burbujitas del agua evaporada de la morgue, y eso provoca una reacción muy fuerte en la gente.  Yo no elijo esa obra shockeante, sino unas que hace unos ladrillos. Margolles, también hace mucho video, va a Ciudad Juárez a los barrios donde se encontraron cuerpos de chicas, y junta la tierra, que en algún momento parte de esa tierra tiene algo orgánico de las chicas, y con esa tierra hace ladrillos. Hay una pieza que tiene 50 ladrillos, otra que tiene 200. Reúne diferentes colecciones, donde acomoda los ladrillos, que  están impregnados de la materia orgánica de estas chicas,  de diferentes maneras y el espectador lo puede relacionar con un muro, o un juego armable, por ejemplo, si bien el público no los toca.

  • En base a lo que dice Guernica, el cuadro de Picasso entra en este tipo de representación artística…

Totalmente, para aquel que estudie el arte de la Guerra Civil Española, el Guernica es un cuadro icónico para poder entender muchas cosas, y a su vez uno lo estudia el contexto de la época, de la pos vanguardia, de un Picasso poscubista en ese sentido, que usaba el periódico y escribía como si fuera un periódico. Definitivamente hay mucho, no es un arte nuevo. Simplemente el estudio de este arte es, aparentemente, un estudio bastante novedoso, que no mucha gente lo hace, y a mí es algo que me interesa desde chica.

 

Licenciado Eduardo Alberto Chernizki
chernizki

 

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