Shlomo Ben Ami, ex ministro israelí: «El mundo árabe no podrá digerir el traslado de la embajada de EE.UU a Jerusalem»

Como ya hicieron Bill Clinton y Ronald Reagan antes, Donald Trump prometió en campaña que llevaría la embajada de los Estados Unidos “a la capital eterna del pueblo judío, Jerusalén”. Ante las tremendas repercusiones que un movimiento así podría tener, gran parte de la comunidad internacional ha preferido pensar que se trata sólo de un brindis al sol más del errático mandatario.

Pero los movimientos del nuevo presidente estadounidense parecen indicar lo contrario. Primero nombró como embajador en Israel a David Friedman, partidario de los asentamientos y de la solución de un sólo estado, que ya ha manifestado su intención de ponerse a trabajar en la ciudad santa.

Más tarde anunció que su yerno, Jared Kushner, cuya familia ha financiado la construcción en territorios ocupados, sería el enviado especial para Oriente Medio. Así que, la mudanza de la diplomacia estadounidense de Tel Aviv (donde tienen sus sedes el resto de cancillerías mundiales) a Jerusalén no puede ser descartado.

El ex ministro de Exteriores israelí Shlomo Ben Ami, uno de los mayores conocedores del proceso de paz con los palestinos, se resiste a creer que Trump haga un movimiento tan radical, y se amarra al carácter contradictorio del presidente estadounidense y su gabinete. No obstante, más allá de las protestas en las calles del mundo árabe, no cree que el movimiento genere más respuestas entre los gobiernos de la región que la ‘pataleta’ de rigor. “Hay mucho doble juego en Oriente Medio”, afirma.

Ben Ami visitó Barcelona como vicepresidente del Centro Internacional de Toledo para la Paz (CITpax) en el marco de las jornadas War and Peace sobre el proceso de paz en Colombia organizadas por el Cidob y el ayuntamiento de Barcelona.

Tanto Kerry como Obama utilizaron sus últimos discursos en el cargo para advertir que Israel debía elegir entre ser un país judío o democrático. ¿Está usted de acuerdo?

No la han inventado ellos. Este es el centro del debate interno en Israel. No hay nada nuevo en este dilema. Lo triste es que el liderazgo israelí no toma cartas para salir de esta situación. Tarde o temprano es una solución que se impondrá por la propia sociedad israelí. La idea de un estado binacional es inviable en Oriente Medio. Si es casi inviable en Europa, ¡Pregunte a los belgas! La sociedad israelí se equivoca al no presionar a sus políticos para que busquen una solución.

Si la sociedad israelí es la que tiene la llave para la solución y, sin embargo, no presiona a sus líderes, ¿Hacia dónde vamos?

En algún momento es importante que la comunidad internacional se organice. Siempre he tenido la idea de que ni palestinos ni israelíes tienen la fuerza interna suficiente para resolver este problema. No se equivoque, la culpa de los palestinos no es menor, y se lo dice alguien que ha llegado hasta el final en este proceso de paz. Lo conozco al más mínimo detalle. Y creo que la culpa es de ambos, el ocupante tiene una gran parte de la culpa moral, es el que oprime, pero ambos comparten la responsabilidad para resolver el problema. Por eso pienso que tarde o temprano será necesario un marco internacional.

Siempre he dicho que para resolver el problema nuclear iraní se requirió un 5+1, y para resolver el problema israelí sólo Estados Unidos, que ya lleva veinticinco años de fracasos. ¿Qué sentido tiene? Además no tienen credibilidad entre los palestinos porque se les percibe como más proclives hacia Israel. Así que una mediación norteamericana exclusiva no sirve, ya lo hemos visto.

Los palestinos tienen cierta parte de razón al ver en Estados Unidos a un interlocutor que es más afín a una parte que a otra…

Sí y no. Ellos tienen mucha admiración por Europa, que es más cercana a su posición. Pero al mismo tiempo saben que la clave la tiene Estados Unidos. Y las propuestas que ha hecho Estados Unidos cuando yo estaba en el gobierno y después… mire usted, más allá no se puede ir. Tienen que decidir, el acuerdo va a ser imperfecto, no existe un acuerdo perfecto en ningún conflicto. Y ellos no han tenido el coraje de decir “bueno, esto es lo que hay”. La alternativa es caer en el abismo. Siempre le decía a Arafat: “Usted me recuerda a un señor que entra a una tienda y regatea, regatea, regatea, baja el precio hasta que el vendedor ya no puede más y, después, sale de la tienda”.

Hablando del abismo, los asentamientos no paran de crecer, de hecho, se está acelerando su construcción.

Este es un gobierno malo e irresponsable, de extrema derecha, que está minando la solidez democrática del país y está llevando una política negligente. Si tuvieran un proyecto que dijera “nosotros queremos anexionarnos los territorios ocupados”, yo lo respetaría. No estaría de acuerdo, me parecería un disparate, pero lo respetaría. Que nos digan lo que quieren.

Netanyahu sigue manteniendo que cree en una solución de dos estados, pero sus actos no parecen sugerir lo mismo. ¿Qué pretende?

Es una persona que lleva 11 años de primer ministro y no tiene un proyecto claro. Lo único que insiste constantemente es en que los palestinos no aceptan nada. Su política es de negativismo. ¿Sabe usted que el actual presidente de Israel es uno de los políticos más populares del país incluso entre los árabes? Y él dice claramente que no quiere dos estados. Es un proyecto, no me gusta, pero es un proyecto. En cambio, Netanyahu cambia de plan según la conveniencia política.

La nueva administración de Donald Trump ha prometido trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén. Esto podría tener un efecto explosivo.

Ya veremos si lo hace. No hay presidente de Estados Unidos que no lo haya prometido. Trump tiene un equipo de lo más confuso que te puedas imaginar. Un equipo en el que el presidente dice una cosa y sus secretarios dicen otra. El secretario de Defensa ha afirmado que la capital de Israel está en Tel Aviv. Así que, este hombre ha dicho tantas cosas…

Pero en caso de que ocurriera, ¿Cómo cree que reaccionaría el mundo árabe?

No se decir en este momento. Creo que el mundo árabe no lo vería con buenos ojos, sería algo muy difícil de digerir para ellos. Pero qué es exactamente el mundo árabe, ¿Siria? A quién le importa lo que vaya a decir en este momento sobre Jerusalén. ¿Egipto y Arabia Saudita? Seguro que dirán cosas, y protestarán, pero tienen una especie de alianza discreta con Israel y están contentísimos de que desaparezca Obama. Hay mucho doble juego en la política de la zona, pero será algo que el mundo árabe no podrá digerir, y habrá protestas. Puede haber mucha presión en las calles.

Un grupo de niños camina junto al lado palestino del muro que separa a Israel de Cisjordania en la ciudad de Belén
Un grupo de niños camina junto al lado palestino del muro que separa a Israel de Cisjordania en la ciudad de Belén (Chris Mcgrath / Getty)

El anterior embajador, Dan Saphiro, llegó a sugerir que Israel estaba practicando una política de Apartheid en Cisjordania.

Sí, a eso se refiere uno cuando afirma que Israel será o un estado democrático o un estado judío. La realidad de separación existe en los territorios palestinos.

Se tiende a pensar que la alianza entre Estados Unidos e Israel es eterna, para siempre. Pero quizás es más estratégica de lo que parece. ¿Qué ocurriría si un día Washington cambia de aliado?

No creo que sea netamente estratégica. Cuando un presidente estadounidense hoy mira a Oriente Medio y se pregunta en quién puede confiar, la única respuesta es Israel. Tajantemente. Los estados árabes son arenas movedizas. Ya veremos cuanto tiempo resiste la sociedad egipcia con el ‘Bonapartismo’ que ha surgido con Al Sisi. O cuanto tiempo resiste la dinastía saudí ahora que el petróleo ya no es lo que era… Para Estados Unidos Israel es un baluarte. Y ya veremos quién se enfrenta a Irán en la zona.

En Estados Unidos existe lo que yo llamo el ‘sionismo gentil’

Así que, estratégico lo es, pero también hay una alianza histórica. Y eso es algo que no hay ni un solo precedente en la historia de las relaciones internacionales. En Estados Unidos existe lo que yo llamo el ‘sionismo gentil’. Todo el mundo presta atención al llamado ‘lobby judío’. No niego su influencia, trabajan bien. Pero el judío norteamericano no es votante republicano. De acuerdo con todos sondeos, es el grupo étnico más liberal del país. Así que el apoyo viene de corrientes muy potentes de la sociedad norteamericana como los evangelistas.

Si una vez vi a Clinton casi con lágrimas fue cuando dijo que cuando fue elegido presidente, su pastor en Arkansas le dijo: “No necesito nada de ti. Sólo que me prometas que nunca harás una política que haga daño a Israel”. Ese tipo de cosas están en la sociedad norteamericana. Es algo bastante sui géneris.

No obstante,las encuestas de opinión apuntan que los norteamericanos, especialmente los jóvenes, son cada vez mas críticos con la política de Estados Unidos hacia Israel y que serían partidarios de un acercamiento más imparcial. Esto, a la larga, podría provocar un cambio.

En los años de Franco decían que los españoles tenían este dedo [señala el índice] más corto que el resto del mundo. De cuarenta años de decir “este año cae Franco” [dice mientras golpea la mesa con el dedo]. Creo que hay que resolver este tema independientemente de esta situación. Cada vez que hay un cambio de presidente, los israelíes y también los pobres palestinos, esperan a ver si cambia las cosas. Y siempre se repite lo mismo.

El Muro de las Lamentaciones, el lugar más sagrado del judaísmo
El Muro de las Lamentaciones, el lugar más sagrado del judaísmo (Chris Mcgrath / Getty)

Pero qué es lo que separa realmente a las partes. ¿Es Jerusalén? ¿Es el derecho al retorno de los palestinos deportados en el 48 y el 67?

Todo el edificio del proceso de paz está basado en una resolución de la ONU, la 242. Incluso la cumbre de París celebrada hace unos días lo acaba de ratificar. ¿A que se refiere la 242? A lo que ocurrió en el 67. Los israelíes saben que van a negociar sobre los problemas del 67, pero los palestinos exigen también los del 48. Y esa discrepancia fundamental en la que el elemento de la narrativa nacional se pone en el centro es el principal problema. Las narrativas son más difíciles de resolver. Siempre le decía al presidente Santos, en Colombia: “Da gracias a Dios de que no tenéis problemas étnicos o religiosos en este proceso”. Así que cuando entran los lugares santos…

Te voy a contar una anécdota. Arafat era una persona muy religiosa, y siempre decía que lo más importante para él era la mezquita de Al Qasa. Y en los momentos más duros del proceso de negociación, yo me tomé la libertad de decirle: “Mira, ya que esto es lo que va a acabar con el conflicto, yo te propongo soberanía en el Monte del Templo para los palestinos. Si me das una respuesta positiva, yo ya lo gestionaré con el primer ministro. Pero tengo una sola condición: la soberanía es vuestra, pero no vais a hacer excavaciones arqueológicas. Y en el tratado de paz necesito que aparezca la razón por la cual lo hacéis, que es porque allí subyace un lugar sagrado de los judíos”. Eso para nosotros era la contrapartida, ¡Es el lugar más santo para el pueblo judío! Pues no estaba dispuesto ni a aceptar que los judíos tienen un nexo milenario a sus lugares sagrados en Jerusalén.

La mezquita de Al Aqsa, el tercer lugar más santo del Islam
La mezquita de Al Aqsa, el tercer lugar más santo del Islam (Ahmad Gharabli / AFP)

Yo no digo que Jerusalén no sea sagrado para los musulmanes, pero ¿Sabes que en el Corán no aparece ni una sola vez y en la Biblia 564 veces? Ben Gurion, el fundador del Estado de Israel, aceptó crear el estado judío sin que tuviéramos acceso al Monte del Templo. Lo importante era crear el estado.

Te voy a decir una cosa que es difícil de entender y más aún de explicar. El Ethos puede ser positivo o negativo, en el sentido neutro de esas palabras, ninguno de los dos es moralmente superior. El Ethos positivo es: Yo quiero un estado para desencadenar las energías históricas del pueblo judío. Y por lo tanto, me da igual si son 20.000 kilómetros cuadrados o 15.000. Esa fue la actitud de los padres fundadores. Todas las propuestas que se hicieron, las aceptaron. El Ethos palestino es negativo en el sentido de que no se transmite como algo que es un proyecto de futuro, si no más bien un proyecto de restitución. “Devuélveme lo que me has robado”. Lo cual es moralmente entendible.

Los palestinos no han tenido el coraje de decir ‘bueno, esto es lo que hay’

Pero cuando tu Ethos es una comparación de la tragedia con lo que al final recibes, no vas a llegar muy lejos, porque no hay manera de compensar tu tragedia. ¡No hay manera! Es una tragedia cósmica. Y, si piensas en un proyecto de futuro pues, francamente, no tiene mucha importancia si en lugar del 100% te devuelven el 99% del territorio. ¿Por qué? Porque esa es la posibilidad que existe en ese momento histórico. A esa mentalidad no hemos llegado.

¿Le parece lícito que Netanyahu compare los ataques en Niza o Berlín con los ataques palestinos como el del otro día en Jerusalén, cuando a unos les empuja una ideología religiosa y a otros una cuestión nacional?

Creo que no es equiparable. La técnica es la misma, pero la sustancia es otra. Pero a él le gusta hacer surfing para despertar simpatía internacional. Ambos son actos reprochables, pero el origen es distinto.

Fuente: La Vanguardia

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