Cómo comenzar una nueva vida: el drama de los jóvenes sirios en Argentina

Hace 6 años que la guerra en Siria destruye todo lo que encuentra a su paso. Este conflicto ha generado más de 5 millones de refugiados y cerca de 500.000 muertos . La gran mayoría de sirios deciden trasladarse a países vecinos con la esperanza de regresar algún día, mientras que otros se embarcan en hazañas mucho más dramáticas. Jwanna Jabbour (26) y Hazem Abdoush (25), dos jóvenes profesionales sirios, decidieron dejar atrás el infierno para comenzar una nueva vida en la Argentina. Ambos son parte de los más de 200 sirios que llegaron mediante el Programa Siria, lanzado por la Dirección Nacional de Migraciones.

Jwana Jabbour es ingeniera civil y vive actualmente en Córdoba
Jwanna Jabbour es ingeniera civil y vive actualmente en Córdoba. 

Jwanna Jabbour tiene 26 años y es ingeniera civil. La primera vez que subió a un avión fue hace unos meses, cuando tomó el vuelo que la traería a Córdoba. A causa de la guerra, ningún sirio puede salir de su país sin tener una invitación formal de alguien que resida en el extranjero. «Decidí venir porque en Siria no había ninguna posibilidad de seguir. El año pasado terminé la universidad y viví las peores cosas en mi vida. Caminaba por las calles y tenía miedo porque sabía que en cualquier momento podía morir a causa del impacto de una bomba o un arma. Todos los días había gente y niños muertos, no teníamos electricidad y los precios de todas las cosas no paraban de subir. No podíamos salir de noche porque era muy peligroso.», dijo Jwanna a LA NACION. El día que voló por primera vez, fue el peor de su vida. Muchas veces pensó en perder el avión para quedarse con su familia. «Lloré muchísimo, estaba sola y no sabía cómo hacerlo. Llegó un momento en que prefería quedarme en la guerra con mi familia», relató la joven.

Hazem Abdoush llegó en mayo pasado a la Argentina
Hazem Abdoush llegó en mayo pasado a la Argentina. 

El infierno no es color rojo. Es de un gris opaco, lleno de polvo y escombros al costado del camino. Su cruel realidad tampoco es producto de las ocurrencias de un ser oscuro y mitológico sino de seres de carne y hueso que deciden quién vive y quién muere. Jwanna se había mudado a Alepo, la ciudad más grande de Siria y una de las más afectadas por la guerra, para poder terminar sus estudios universitarios. «Mi último año fue muy difícil. Llegar a las clases era muy complicado porque los caminos estaban destruidos, cubiertos por plomo. Tampoco había agua ni electricidad, teníamos que comprar una botella de agua para poder bañarnos. Las explosiones se escuchaban a diario y uno se acostumbra a vivir con eso. No había nada que pudiera hacer, solo rezar, sólo tener paz interna» -comentó Jwanna y agregó- «Fue muy difícil vivir así, pero teníamos que hacerlo. Teníamos que estudiar y trabajar.Todos los días me decía a mí llorando misma: «Tiene que haber un dios, tengo que tener esperanza».

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