Los actos de la FECOJUER en Entre Ríos por el 23 aniversario del atentado a la AMIA

VIS A VIS INTERIOR

Este martes 18 de Julio de 2017, en las localidades de Basavilbaso, Concordia, San Sanlvador, Villa Clara, Paraná y Concepción del Uruguay, las comunidades de la FECOJUER llevaron adelante actos para conmemorar los 23 años transcurridos desde el atentado terrorista a la sede la Asociación Mutual Israelita Argentina AMIA en la ciudad de Buenos Aires.

El atentado terrorista de raíz antisemita más espantoso de la historia argentina. La explosión de la bomba que asesinó 85 personas y demolió el edificio de calle Pasteur, provocó también una gran conmoción en el país y en el mundo, cuya onda expansiva, todavía podemos sentir.

En los distintos actos se hicieron presentes ciudadanos, intendentes, autoridades políticas locales y provinciales así como líderes comunitarios y religiosos de distintas congregaciones

 

«Si reflexionamos un momento, podremos concluir que, el atentado y sus secuelas, constituyen también una expresión en miniatura de la historia argentina contemporánea más amplia, de la argentina de los últimos 23 años, sus falencias y mishiaduras. Falencias y mishiaduras que podemos observar en otros órdenes y acontecimientos cotidianos, pero que adquieren una dimensión mundialmente escandalosa cuando vemos el derrotero de los sucesos en torno al atentado.

 

Me refiero a una Argentina que está integrada al mundo, con todas sus consecuencias. En particular con las decididamente malas consecuencias, como la exposición desnuda al terrorismo internacional que busca golpear y sembrar el temor en todo el globo, y en particular en occidente, porque el atentado es la máxima expresión de esta situación en nuestro país.

Una argentina institucionalmente degradada y profundamente corrompida, cuyos poderes públicos y sus mecanismos de gestión no han estado ni están a la altura de las circunstancias que vivimos los ciudadanos, aún asumiendo la hipótesis optimista de que hay buenas intenciones en las decisiones que toman las personas que ejercen esos poderes públicos. Hablo de un poder judicial que ha sido y es incapaz de avanzar en el esclarecimiento, el juzgamiento y la condena a los responsables del atentado, al igual que ocurre con tantos otros horrorosos y flagrantes ilícitos. Hablo de un poder ejecutivo que no puede brindar seguridad interna ni en fronteras, prevenir atentados ni contener a los deudos y víctimas de los crímenes, y que ha transitado por las más diversas posturas y prioridades, según los vaivenes del oportunismo político de turno, empezando por la maquinación de una falsa investigación que distorsionó evidencias para sembrar la duda y desviar la atención del meollo del problema del atentado, pasando por el lastimoso y tardío intento de conocer qué pasó y hasta el anti patrio intento por exculpar a los principales sindicados mediante un pacto que era más bien una cortina de humo para ocultar oscuras intenciones. Hablo de un poder legislativo que sistemáticamente mira para el costado de los problemas cruciales del país y se pliega, en su comodidad, a la agenda del apuro y la conveniencia, y que incluso fue capaz de sumar una mancha grande a su historial aprobando entre gallos y medianoches el ilegítimo y hoy ilegal memorando con Irán.

Una argentina donde las traiciones de dirigentes a sus ideas y filiaciones de origen y de vida, encuentran oportunidad con demasiada frecuencia, y donde las voluntades personales de muchas figuras doblan en U frente a la prebenda y el apriete, porque no olvidemos que si en nuestro país los borocotazos se cuentan por cientos, el caso AMIA tiene ejemplos, ya sea de unos pocos dirigentes comunitarios para pactar desde sus conveniencias personales con las ideas del poder de turno –aún a costa de la propia organización de pertenencia–, o ya de altos jerarcas políticos para votar a las apresuradas una ley como el memorándum con Irán, siendo una afrenta a la memoria de las víctimas y a nuestra dignidad.

Tengamos siempre presente, con nombre y apellido, a quienes se sumaron a estas decisiones en los poderes públicos, porque ellos tienen también una cuota, aunque pequeña, de responsabilidad en toda esta historia. Y es probable que los encontremos en balotas electorales o cargos públicos o comunitarios

Hablo también de una argentina carcomida en disputas por el purismo y las grietas conceptuales, que embarran el presente sin mirar al futuro. Disputas que penetraron en nuestros propios espacios comunitarios de modo salvaje, socavando nuestra típica e irrenunciable vocación de afianzar la confianza y el entendimiento para convivir en la diferencia, con el epitome de un reciente presidente de AMIA que distinguía a los “genuinos” de los que no lo somos tanto…

Una argentina que a lo largo de su historia ha podido brindar oportunidades y respeto creciente a una minoría ancestralmente perseguida y denostada como el pueblo judío, hay que resaltarlo… pero que al mismo tiempo alberga minúsculos sectores fuertemente antijudíos. Y el historial de la causa AMIA los pone en evidencia, desde aquellos filonazis anquilosados en los fuerzas de inteligencia y seguridad que contribuyeron activamente a la ejecución y encubrimiento del atentado hasta minorías políticas que, camufladas bajo el manto de un falso progresismo no desaprovecharon su oportunidad en el pináculo del poder para difamar y perseguir a judíos, so pretexto de llamarlos antipatrias y conspiradores, típicos prejuicios antisemitas.

No son todas pálidas…

Estar aquí, al igual que en otro centenar de lugares en todo el país y el mundo, recordando estos acontecimientos, evidencia que no nos han vencido. Esa es parte de nuestra fuerza, y tenemos el deber de entender, transmitir y replicar esta historia.

La reconstrucción y resurgimiento de AMIA y el trabajo cotidiano de nuestras organizaciones comunitarias es un dato que atestigua el éxito del atentado que aun permanece impune, a la vez que el fracaso del terrorismo.

A su vez, es cada vez más amplia la luz sobre los acontecimientos y la trama de fuerzas y condiciones que llevaron al atentado. Y aunque no contemos aun con juicio y condena, no cedemos el reclamo ni perdemos la esperanza de que esa instancia llegue.

Es también creciente y notable la conciencia en occidente sobre las consecuencias del terrorismo, que puede tener diversas motivaciones, y el antisemitismo es una de ellas, pero una sola consecuencia a la larga: la destrucción indudable de la sociedad política en la cual todos tenemos una cuota de libertad.

Por ello creo que seguir empuñando las herramientas del estudio, la participación, la educación y la memoria, nos harán triunfar a la larga.

 

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