Sergio Pikholtz: «Nos espera un año crucial como comunidad»

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Nuevamente terminamos un año para empezar otro, y celebrar Rosh Hashaná es el punto
exacto del encuentro entre lo que se va y lo que llega, como una encrucijada que se cierra en Iom Kipur, al final de los Iamim Noraím.

Esta experiencia que tiene mucho de simbolismo y también de compromiso indelegable nos recuerda que estamos aquí para cumplir una misión única y también intransferible, que es la de asegurar la transmisión.

El 5780 nos deberá encontrar en el grandioso esfuerzo de conjugar intereses individuales o como parte de grupos afines con un objetivo superador: construir comunidad, lo que significa ni más ni menos que estar atentos a las necesidades de cada una de las personas que conforman la kehilá de nuestro país.

Esos problemas reales son las dificultades de las familias en enviar a sus hijos a las escuelas comunitarias, los ancianos que han quedado sin seres queridos y necesitan sostén material y afectivo, o tantos otros ejemplos que podríamos mencionar. Sin embargo, y más allá de las necesidades tangibles, es imprescindible prestar atención al fenómeno de la asimilación, especialmente entre los jóvenes, como un monstruo silencioso que se come un poquito de nosotros cada día.

El 5780 nos debe encontrar trabajando por esas cosas, en los problemas reales de cada miembro de la comunidad haciendo de la vivencia judía una experiencia transformadora y de construcción, convirtiendo a Israel en eje central de la continuidad, especialmente en el campo joven, donde desde el sionismo podemos transformar la vida comunitaria.

Shaná Tová Umetuká, nos espera un año crucial como comunidad, un año que nos impulsa al desafío de la unidad en tiempos complejos y en el que sin dudas la vivencia de Rosh Hashaná, la mesa y la comida compartida nos energizará para lo que viene.

Que tengamos un nuevo año de alegría y construcción.

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