«La visita». Por Pilar Rahola

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«Después de Hitler muchos países blanquearon aquella parte oscura de su alma»

La pedagogía de los gestos… Una simple disculpa, una visita, poco más que un ademán y, sin embargo, en el lugar y persona pertinentes, ¡qué movimiento sísmico! Puede que la política tienda a la prosa descarnada, y no se alimente de gestos, pero cuando los gestos aspiran a rectificar la historia, adquieren una categoría superior.

La visita de Angela Merkel al campo de la muerte de Auschwitz forma parte de esos gestos que no cambian la realidad política, pero dejan una huella de enorme trascendencia. Es cierto que no es la primera canciller alemana que visita Auschwitz, porque ya lo habían hecho Helmut Schmidt y Helmut Kohl, pero precisamente porque la visita ya se había producido, era de gran importancia recordar que Auschwitz no era un compromiso puntual, una especie de peaje circunstancial que debía hacer Alemania para expiar sus culpas, sino una responsabilidad eterna.

La memoria del Holocausto está tan ligada a la identidad alemana que cada generación debe recibir esos gestos de sus mandatarios, en una renovación permanente de la memoria trágica y de la responsabilidad para con el futuro. En este sentido, es indiscutible que el país europeo que ha hecho la expiación más severa de su pasado totalitario ha sido Alemania, a diferencia de otros, que pasaron de puntitas. Por ejemplo, Austria, que, mientras hacía olvidar al mundo que Hitler era austriaco, elevaba a la familia Trapp a la categoría de mito. O Francia, que pronto olvidó que había sido despiadada con las leyes antijudías (el Statut des Juifs) , que habían deportado a miles a los campos de exterminio, y que, en paralelo a la heroica resistencia, también había existido Vichy. Después de la caída de Hitler fueron muchos los países que blanquearon la parte oscura de su alma, reduciendo el fenómeno nazi a la geografía alemana. Pero el totalitarismo fascista recorrió la piel de Europa, y en esos mismos países donde unos ciudadanos sufrían el horror nazi, otros delataban, cooperaban y se enriquecían con el nazismo. El caso polaco es muy notorio, a pesar de los esfuerzos del Gobierno por blanquear la historia. Pero lo cierto es que, aunque los campos fueran alemanes, y existiera una heroica resistencia polaca, el antisemitismo polaco era secular. Y si hablamos de España, sólo cabe recordar la ingente alianza italo-alemana hasta el 45, incluyendo las detenciones de la Gestapo de republicanos entregados a Franco para ser fusilados. Claro que, en el caso español, el fascismo no perdió la guerra.

Shakespeare decía que la memoria es el centinela del cerebro. También es el celador de la libertad.

Autor: Pilar Rahola                                                                                                  Fuente: La Vanguardia

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