Terezin. Por Susana Munichor

Terezin-
Terezin-

«Sabes mi amor, estas vacaciones son las que soñé toda mi vida. Si no te molesta,  voy a caminar un rato por la cubierta del barco. Quiero disfrutar del  cielo transparente, el perfume del mar, el sol maravilloso, y el baile de las olas, todo parece un cuadro que solo Dios, podría pintar».
«Hasta luego querido,  en un rato nos vemos». —, le dijo a su esposo.

Regina pensaba en la  perfección en este viaje en crucero que tanto habían soñado, y sentía miedo.

No era el océano, ni  a  marearse, ni todas esas tonterías de las que siempre se hablan sobre un viaje en barco. Ella tenía otro miedo, uno ancestral que cargaba sobre sus hombros, y se agudizaba en los instantes de plenitud, como el que estaba viviendo.

La vida feliz, junto a Elías, el haber podido formar una familia, y además, la terapia de tantos años, le habían permitido cicatrizar algunas de sus heridas, pero en cada momento en que  la vida le sonreía, los fantasmas regresaban.

Lo había visto en sus análisis una y mil veces, pero aun así, no había podido superar tanto dolor nunca.

Ahora, que ya  sabe espantarlos es más fácil, y hasta  se permite, hacer alguna que otra  broma con el Doctor Justinowf, su psicoanalista de toda la vida,  y tal vez por  la confianza, de tantos años de asistir a sus cesiones de tratamiento.

Regina, siempre ha puesto una  dosis de humor en su vida,  así, intentó  tapar y  olvidar, tanto dolor.

Es una mujer agradecida ,  siempre mira el futuro con esperanza y fe, aprendió que si gira su cabeza para atrás y la vuelve con esperanza  , por  que el pasado , solo le trae tristeza , angustia ,  mucho dolor , tanto  que le lacera el alma.

«Hola, regresé para ponerme mi traje de baño, ¿nos vemos en la piscina, te parece?»
«Esto debe ser lo más parecido al paraíso,  te espero no tardes, Elías», le dijo  —

«Buenos días, señora, ¿hermosa mañana verdad?»

«¿Sos vos? Maldito seas ¿sos vos?  ¿Por qué apareciste, porque me perseguís, porque te cruzas en mi camino? Te creí muerto,  ojala te mueras ahora, ya. Maldito seas.  Sonreís, y me decís buenos días con tu repugnante acento».
«Tal vez no me recuerdes, para vos fui un número más, pero yo no pude jamás olvidar tus ojos de hiena, tu sonrisa satánica, tu voz.  . Maldito, maldito seas».

«¿Por qué  te vuelvo a encontrar? Sos como un estigma en mi vida que no logro sacar de mí, y ahora  volvés a aparecer. Pasaron cuarenta años, yo solo tenía seis».

El Doctor Justinowf, siempre me repetía:   Vea Regina,  cuando las imágenes se aparecen en sus sueños, no se quede con el odio solamente, piense que  logro salvar su  vida.

Ahora este viejo decrepito vuelve a aparecer, es como una pesadilla. ¿Por qué, me pregunto, y justamente ahora que siento que tengo un momento de paz?  Lo veo, ante mí, y es  otra vez la tortura.

¿Porque me sigue mirando? –

«¡Esperas tal vez que te agradezca que me salvaste a mí  del infierno; Si lo hiciste  por vos,  porque no soportabas tu conciencia si es que alguna vez la tuviste, de haber de visto como , mataban a   tu mujer y tu hija frente a tus ojos, y no hiciste nada,   siempre fuiste una rata  cobarde».
«Tal vez pensando en esa pequeña niña muerta, me recogiste de las basuras y me llevaste con vos».
«Claro todas las niñas de seis años éramos rubias, teníamos trenzas, ojos azules, y vos un cerdo capo, huiste conmigo, porque yo te cubría la falta».
«Me das asco, no olvido cuando me  exigías ponerme de rodillas frente a vos, y me obligabas,  a cambio de un pedazo de pan duro, que con mi boca y mis dedos pequeños recorra tu asqueroso sexo».
¿Que era yo entonces? ,  un manojo de huesitos, sin voluntad,  llena de piojos, con mis ojos secos de tanto llorar, y una mirada sin horizonte.
Estaba muerta, solo me aferraba a  lo único que tenía , una pequeña muñeca de trapo, la  que escondía como mi  tesoro más preciado , la cuidaba y la amaba, ella, era lo único que se parecía a la vida.

Yo era entonces, una anciana de seis años, que solo esperaba la muerte.
Un día no lo vi, ya no estaba, se lo habían llevado.

Me arrastraron junto a los otros niños, otra vez a un camión, estábamos todos juntos apretados unos contra otros  llorando, de mi mis ojos ya no salían lágrimas y mi  garganta,  ni siquiera podía salir mi nombre, estaba muda.

¿Por qué tanta agonía, me preguntaba? Tal vez  esos monstruos al vernos  desangrar y sufrir,  ¿gozaban?
Me pusieron un nombre, me ficharon, me marcaron, ese día, llegue a  mi lugar en el  infierno.
Maldito campo de Terezin, malditos todos.
¿Cuánto podremos  sobrevivir aquí, me preguntaba? No quiero vivir más, no soporto más.-

Los asesinos nos veían morir de hambre, estábamos enfermos, ya no teníamos nada, ni siquiera un Dios para salvarnos. Esa era mi rutina, esperar mi turno.

Un día, ¿no sé cuándo? , todos se fueron.  Ya no hubo gritos, ni golpes.
Éramos un pequeño grupo de despojos humanos apiñados uno junto a otro,  en un rincón, nos subieron nuevamente a en un camión.
Esta vez  sin gritos, hablaban otra lengua,  nos bañaron, nos cortaron el pelo, nos dieron comida caliente, y ropa, recupere mi nombre. Tenía entonces diez años.
Lo demás, es una de las seis millones de  historias: Yo, he tenido la fortuna de  sobrevivir,

Y ahora vos  maldito capo, te volvés a aparecer, te creí muerto, te desee muerto.
«¿Qué te pasa Regina? , le dijo Elías al verla regresar al cuarto. Ya estaba yendo para la piscina, ¿porque  volviste, que pasó? Por favor calmate, contame te lo ruego, deja de llorar. ¿Qué te pasa, mi amor, que te sucede?»
«Volvió, es como el diablo, regresó, está en allí, maldito sea, me persigue. Me  habló, me dijo buenos días, me miró. El monstruo volvió».
«Quiero bajar del barco ya, en el primer puerto, por favor necesito irme de aquí.  Esa alimaña ensucia el mar, sus manos manchan de sangre todo  lo que tocan, me quiero bajar,  ahora, por favor Elías,  ahora»  —

Repentinamente, Regina, se miró al espejo, se lavó la cara, se recompuso  y regresó ante el asombro de Elías sola a la piscina.

Al llegar y verlo, se dirigió hacia él,  y con una fuerza inusitada , tomo  en sus manos, una maceta pesada que adornaba el lugar, y sin vacilar un instante, la destrozo sobre la cabeza de su maldito verdugo,  mientras veía correr la sangre sobre la reposera en la que ese hombre, se había recostado a tomar sol .

La  cara de estupor de los  pasajeros, que disfrutaban la mañana, fue inenarrable.
Ella,  con increíble, paz, y tranquilidad,  se sirvió  un vaso  de limonada helada,  se sentó a descansar , se sentía satisfecha  después de haber cumplido con la tarea que durante años espero , y  se sintió, por primera vez en su vida ,completamente feliz .

Regina bajó en el primer puerto, como lo deseaba, tenía una sonrisa en sus labios, y en su mirada una extraña paz.

Elías, en cambio estaba desesperado, tratando de contactar a sus hijos y al abogado de la familia, mientras veía impotente, como a la policía del puerto se la estaba llevando esposada.

Autor: Susana Munichor (OSFA-WIZO)

Terezín es una población de la República Checa, especialmente conocida por el campo de concentración instalado en su término durante la Segunda Guerra Mundial, que llevaba como nombre alemán el de Campo de concentración de Theresienstadt. Su nombre se debe a la emperatriz María Teresa

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