Escuela Martín Buber: «Estamos convencidos de que vamos a salir fortalecidos»

Escuela Martín Buber

En el marco de las entrevistas que se le realizan a las autoridades de las escuelas de la red escolar judía acerca de la situación que viven las instituciones en medio de la pandemia, Vis á Vis dialogó con Erica Herszkowich, Directora General de la Escuela Martín Buber, quién se refirió a cómo está trabajando la escuela, la interacción con las familias y el futuro de las instituciones luego de esta crisis sanitaria.

  •  ¿Cómo está trabajando la escuela en medio de esta pandemia?

Desde el principio, todos los equipos de trabajo continuaron realizando sus labores de forma remota, conscientes del rol fundamental que tiene la escuela en este difícil contexto. La escuela ordena, contiene, enseña, abraza, aún a pesar de la distancia física. Permite a los estudiantes de todas las edades atravesar y elaborar la realidad que vivimos a la vez que, al acercarles cultura, los ayuda a superar las limitaciones con las que lidian a diario. Nuestros estudiantes crecen, viajan y enriquecen su mundo interior a través de la literatura, la matemática, el arte, el inglés o el rico equipaje cultural del pueblo judío. Nuestro objetivo es no solo que se sostenga el proyecto educativo sino también que se conserve la interacción, la contención y los espacios de expresión y encuentro entre pares, tan necesarios en este contexto. Quiero reconocer muy especialmente la labor de cada uno de los docentes y de los directores de Martín Buber por el inmenso trabajo que están haciendo. Cada día ponen todo su saber profesional, capacidad, energía y sensibilidad para encontrar las mejores maneras de ir a buscar a cada chico, a cada familia, allá en el lugar en el que está y darle a cada uno lo que necesita.

  • ¿Cuál ha sido la respuesta de las familias a la modalidad virtual?

En términos generales las familias están respondiendo sumamente bien, acomodándose a este nuevo escenario. Estos no son tiempos fáciles para nadie y entendemos las tensiones que se generan en las casas, sobre todo en una situación tan incierta, cuyo fin no se vislumbra inminente. Hay que entender que las familias están sobrecargadas. No es fácil convivir con niños o adolescentes las 24 horas. Para los chicos tampoco resulta fácil. Las preocupaciones laborales, emocionales, afectivas, de salud nos afectan a todos en mayor o menor medida. A pesar de ello, percibimos un enorme aprendizaje al respecto de toda nuestra comunidad educativa: docentes, estudiantes y familias. En Buber consideramos fundamental acompañar a cada familia, sabiendo que todos tenemos que organizar una rutina diferente. Esto nos permite ir dando respuestas superadoras en un marco que va cambiando día a día y que requiere adaptaciones permanentes.
Algo interesante es que vemos a muchas familias más involucradas con los procesos de enseñanza y aprendizaje; más interesadas en entender cómo aprenden sus hijos porque están comprometidas en ayudarlos. Esto, a su vez, tiende puentes más sólidos entre las familias y la escuela y devuelve el foco a la importancia y especificidad del rol docente, tantas veces injustamente desvalorizado.

  • Después de más de 70 días de cuarentena, ¿cuál es la situación de la institución?

Hoy podemos afirmar que, aun con todas las dificultades, tanto el Jardín de Infantes como la Escuela Primaria y la Secundaria atravesaron una primera etapa de armado de una nueva rutina. En todos los niveles hay una gran distancia entre el principio y este momento pero también sabemos que nuestra propuesta sigue creciendo semana a semana. Avanzamos en una estructura que podemos anticipar a chicos y familias, evaluamos todo el tiempo, hacemos ajustes, nos proponemos que cada semana tenga un diferencial en relación con la semana anterior, y lo estamos logrando. En Buber contamos con equipos profesionales muy sólidos, consolidados a lo largo de años de trabajo conjunto: docentes, asesores, tutores, técnicos, nuestro Buber virtual – que desde hace ya veinte años desarrolla propuestas de vanguardia en tecnología educativa… todos hacen que nuestra propuesta crezca y se despliegue cada vez más.
Pero aun así, siempre todo nos resulta insuficiente, y siempre nos falta algo, a nosotros como institución, a las familias y a los chicos. Y resulta insuficiente porque nos falta lo que no podemos tener y no les podemos dar: la escuela presencial, que es irreemplazable.

  • ¿Se han comunicado con ustedes? ¿Han recibido algún tipo de ayuda institucional o gubernamental?

Por ahora, no hemos recibido ninguna ayuda institucional o gubernamental adicional. Las estamos tramitando pero hay que decir que, al día de hoy, no las hemos recibido.

  • ¿Creés posible las fusiones de instituciones en un futuro cercano?

Todo es posible en momentos de crisis. Hay que tener en cuenta que, muchas veces, la palabra fusión alude, en realidad, a cierres no nombrados. Deseo fervientemente que esto no suceda porque claramente tendría un impacto en el conjunto de la comunidad.
En Argentina la educación formal es el medio principal a través del cual la comunidad judía asegura su continuidad. Por lo tanto, el debilitamiento del sistema educativo judío formal implica el riesgo de una profundización de los procesos de asimilación y aculturación de las nuevas generaciones, y de una consecuente fragilidad de toda la comunidad. El sistema educativo comunitario formal, en Argentina, se ha caracterizado históricamente por su diversidad religiosa e ideológica. Y hay que saber que su mayor vulnerabilidad implica el riesgo de que menos familias se encuentren representadas por sus instituciones y un número mayor de ellas se vea impulsado a elegir escuelas fuera del ámbito comunitario. Todos los integrantes de la comunidad judía, en especial las instituciones con capacidad de decisión, deberían considerar el peligro que esto encierra y actuar en consecuencia.

  • ¿Cómo ves el futuro de la institución?

En Buber estamos convencidos de que vamos a salir fortalecidos. Como educadores sabemos que de toda experiencia se puede aprender. Contamos en nuestra escuela con gente muy valiosa: padres, madres, profesionales, activistas, muy comprometidos con hacer frente a este presente incierto pero -a su vez- absolutamente conscientes de la importancia de trabajar con determinación para el futuro. Me gusta pensar en la metáfora del arca de Noé que estamos construyendo entre todos, un arca que nos sirve para forjar espacios de realidad más certeros, seguros y amables que los que el presente nos ofrece, para nuestros hijos y para los hijos de nuestros hijos. Un arca que cuando baje la marea, porque va a bajar, nos va a permitir -con todos y cada uno de los miembros de nuestra comunidad- revalorizar los vínculos, los lazos afectivos, los deseos de aprender y ser con otros. Porque, en definitiva, de eso se trata lo esencial de la escuela.

 

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