AMIA- 26 Años. Por Alberto Ruskolekier

AMIA- 26 años
AMIA- 26 años

Es imposible encontrar palabras al horror, a la muerte y a la maldad porque estos impulsos viven en el alma de los terroristas y no en las personas que luchan por la vida y un mundo mejor.

No se puede entender que sentido tiene la muerte porque solo la vida tiene sentido (al decir de Elie Wiesel). Pero aún más difícil de entender es ¿porque la justicia no pudo llegar como una reparación a la sociedad argentina, los familiares y sobrevivientes?

La Torah (Antiguo Testamento) dice: JUSTICIA, JUSTICIA PERSEGUIRÁS (TZEDEK, TZEDEK, TIRDOF). Indicándonos que la justicia no llega sola, hay que perseguirla. Luchar por ella con todas sus fuerzas no importa el tiempo que demore en conseguirse.

Muchos dijeron que el atentado era dirigido a la Comunidad Judía y no a la República Argentina tratando de justificar y hacer catarsis con ese horror. Si bien el blanco de la bomba fue la Comunidad Judía, esas esquirlas hirieron irreparablemente a toda la sociedad argentina.

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Esas personas que murieron eran en su mayoría judías, pero no fallecieron únicamente judíos. El color de la sangre de la bomba nos igualó a todos demostrando que frente a la muerte ya no había ciudadanos de primera y de segunda. El horror y la muerte democratizó a toda la sociedad.

El escritor Eliahu Toker ,de Bendita Memoria, escribió que “la memoria de una comunidad, no sólo está hecha de fotos, testimonios y documentos, libros y obras de arte, está integrada también por lugares testigo, por paredes impregnadas de gente y de hechos, por ámbitos irreemplazables donde el recuerdo y la imaginación pueden evocar trozos de historia viva”. “Sus nombres y sus rostros”, Editorial Milà, AMIA, 1995.

Por eso, voy a seguir marchando. Aunque mi marcha sea escribir, para otros será recordar, para algunos solo una noticia mas, pero sobre todo sigo marchando para exigir justicia. Seguiré marchando a mi manera, porque no voy a permitir que la indiferencia de muchos cambien mi rostro.

Marchar y exigir es no permitir que el olvido y la indiferencia  le den una segunda muerte a todas las víctimas.

Marchar, es también mi manera de rezar.

Dr. Alberto Ruskolekier

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