AMIA: 26 años «in memoriam» del horror. Por Lidia Lerner de Pisochin

anina Averbuch- AMIA- 26-años-inmemoriam del horror
anina Averbuch- AMIA- 26-años-inmemoriam del horror

Soy familiar de víctimas del atentado a la AMIA. Y por obra de la causalidad divina, junto a mi esposo y mi hijo menor somos sobrevivientes por efecto de que se pinchó un neumático de la camioneta y eso detuvo nuestra marcha. Porque exactamente ese día, y sobre la hora maldita, nos dirigíamos a resolver un tema en AMIA y que, ya anoticiados por la radio, abordamos un taxi, portando un pack de agua mineral y asi avanzamos hasta Av. Corrientes y Boulogne Sur Mer.

Y continuamos  a pie, corriendo, hasta los puestos de ayuda donde se preparaban los sueros y nos quedamos atrapados en un escenario brutalmente inolvidable.

En las proximidades, fuerzas de seguridad permanecían en micros. Sentados. Mientras la muerte se escurría en ambulancias a contramano, pasiva conducta, que, hasta hoy no comprendo ni encuentro explicación.

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Según pasa el tiempo- Sentimiento, fueron mis palabras de condolencia por Yanina Averbuch – 20 años- que entregué en un sobre cerrado al padre de Yanina, mi primo Mario Averbuch, en la puerta del Cementerio de Tablada. Fue en el mes de agosto de 1994, con motivo del Shloishim, el acto de recordación.

Nunca imaginé , en esa fría mañana de tantos dolores individuales y colectivos, donde, junto a cada tumba, vibraban las ceremonias, llantos y oradores, que sacara del bolsillo del sobretodo el sobre cerrado, que no lo abrió ni leyó antes, y me pidió que lo leyera.

Quedé marcada, aún escucho un montón de voces que gritaban «repítalo… repítalo…», mientras yo pedía perdón por haber elevado la voz en ese espacio sagrado.

Lamento su vigencia, su actualidad. Inmóvil la justicia, indiferente la Nación y los órganos de gobierno, el Estado, en medio de la espesa niebla desde entonces  pre-creada.

Nos convoca otra cita del dolor, agendada cruelmente en el alma de muchos dolientes que a veintitrés años conviven con la misma impunidad que resta paz a los vivos y deshonra la paz que merecen los muertos

Recordar no es el efecto de una paranoia, al contrario, es la herramienta de la cordura, es la resistencia a resignar con silencio lo inaceptable.

Es por eso que quiero, a título personal, compartir con carácter de opinión, de reflexión y de análisis, el significado de un atentado que incorporó al pueblo argentino como parte de la humanidad agraviada que, desde la Biblia reconoce: «Abridme las puertas de la JUSTICIA”.

“Entraré en sus atrios y agradeceré a Dios» (Salmo 118).

Por ello, contra la indiferencia y el prejuicio ha de sostenerse el reclamo de JUSTICIA.

Sobre las ruinas de la AMIA, testimonio institucional que marca el hito histórico de la inserción de los judíos en la Argentina, la presencia de otro edificio sirve para expresar que, al agravio del dolor y la obscuridad del miedo, debemos responder con permanencia y esfuerzo en favor de difundir y aplicar los principios y conductas que se oponen a los conducidos fanatismos irracionales.

Me nutro en el pensamiento de Elie Wiesel:

“No olvidar, recordar y hacer recordar”.

Estas palabras, que nacieron en el macabro escenario de la Shoá, durante la Segunda Guerra Mundial, que se conoce habitualmente como Holocausto, término que no responde correctamente a lo sucedido porque holocausto significa sacrificio o acto de abnegación voluntario, constituyen un axioma, una verdad incuestionable que trasciende la circunstancia original para convertirse en el virtuoso mecanismo para toda la humanidad que reclama, en la suma de las memorias individuales la acción colectiva, por la vida y por calidad de vida, por ese cambio impostergable y tenazmente deseado para lograr la armonía entre los hombres.

Consciente de ello, me siento parte de la memoria activa, de la memoria dinámica de un pueblo, necesaria para transformar el perfil de una sociedad manejada y ausente del compromiso pluralista y de la sensibilidad que nos debe vincular como Nación.

Me opongo a todo tipo de extremismo, porque creo que, dentro del marco de la legitima oposición de las ideas, el hombre esta dotado para discernir y actuar con instrumentos constructivos y herramientas nobles.

AMIA y antes la Embajada del Estado de Israel, son el resultado de dos asesinatos masivos organizados, que muestran la fractura de un estilo de convivencia y nos exponen a la incertidumbre que produce un orden jurídico deformado.

Desde el 18 de julio de 1994, todos los elementos que parecen, indicar custodia y protección, toneles de cemento, vigilancia multiplicada , son el testimonio absoluto que conduce a diferenciarnos, a reprimir lo normal y es de hecho una real desvalorización de la libertad, libertad que todos tenemos el derecho de gozar y simultáneamente, el deber de respetar, porque la libertad individual construye la libertad en sociedad.

Estos acontecimientos que limitan las atribuciones y garantías ignorando a la ciudadanía, socavan fundamentalmente la seguridad. También lapidan la confianza y son el lamentable germen que destruyó y destruye a muchas familias.

El sentimiento es una dimensión imposible de cuantificar y relegar. Tantas vidas, tantos proyectos mutilados, asesinados, engendran dolores profundos que abarcan a la sociedad en su conjunto. Todas son víctimas, todas. Las que partieron y las que, aun hoy, sumidas en la tristeza, en la desgarrada rebeldía del corazón, en la impotencia, claman por las ausencias queridas.

Pensar en el futuro significa continuar reclamando respuestas, luz, verdad, significa reunir voluntades para la PAZ, que es, sin duda, el único modelo real de CULTURA DE LA CONVIVENCIA

Por ello me adhiero al legítimo derecho de exigir la identificación de los culpables para que la sociedad argentina recupere la credibilidad. Eleve su estima y respeto por quienes tienen el rango y las facultades para resolver la bruma que aun envuelve a estos atentados. Y a todos los hechos que denigran nuestro sentido ético y nuestra conducta moral como Nación democrática.

Corresponde recordar y afirmar que la vida es un don divino y es responsabilidad de los hombres el custodiarla.

Siento que las campañas que incentivan recompensas y protección pueden ser un recurso valido. Pero, sin duda, demuestran la debilidad o inexistencia de lealtad cívica responsable y que la justicia, a través de distintos organismos, debe apelar a dinero y amparo como estímulo o premio. Lamentable premio, frente a este nudo que aún no logra desatar o no la dejan desatar.

Solo unidos, por el sano compromiso de construir con dignidad, será posible concretar la jerarquía de país que todos deseamos y merecemos.

El filósofo judío Abraham Yoshua Heschel expresó:

“Frente a las injusticias no hay posibilidad de abstenerse.

En una sociedad libre, algunos son culpables, pero todos somos responsables”.

En 1994 viví el golpe de lo sucedido. Rebelde la sangre por el desconcierto, dolorosa la sangre por nuestra historia, a veinticuatro años, el desconcierto y el dolor encienden mi sangre porque todo es actual, porque la injuria a la vida no recibe ningún reparo y la justicia registra el mismo silencio cómplice que comercia con los valores y con la cobardía organizada.

Un fortuito desperfecto en mi automóvil me abstuvo, junto a mi esposo y mi hijo de ser partes de la vida o la muerte, pero somos parte de los sobrevivientes atónitos, casi presenciales de la masacre. Aún calan en mis oídos las sirenas, la desesperación, los escombros, las búsquedas desesperadas, los errores y la duda que persiste, las marchas y contramarchas de la ineptitud o el complot previsto de los organismos de seguridad, probable principio del ovillo que signan veintiseis años SIN JUSTICIA.

Lidia Pantychowski Lerner de Pisochin

SEGUN PASA EL TIEMPO SENTIMIENTO

Mi milenaria memoria genética se estremeció y fue de horror.

Y es de bronca y de impotencia, por muchos,

demasiados, por qué, sin respuestas

Y no quiero que sea de miedo por tantos,

tantos tiempos de muerte recorridos.

Ya no quiero ver rostros descoloridos,

arados por húmedos surcos de dolor,

congelados en imágenes movilizadoras de piedad colectiva.

Y no quiero recibir el consuelo de grandes discursos,

palabras vanas, al precio de un montón de migajas de emoción organizada.

Si quiero, quiero JUSTICIA.

JUSTICIA, que me devuelva la ESPERANZA.

esa ESPERANZA hoy fracturada,

bajo decenas de oscuras sepulturas.

Quiero PAZ.

La PAZ del AMOR y del RESPETO.

Quiero la IGUALDAD, de la única jerarquía,

la HUMANA, hoy inmolada.

Y quiero existir y florecer, dignamente,

y saber que en mi nuevo nacimiento,

preñado en la Fe de otro mañana,

podré cantarle a la VIDA,

definitivamente… SIN LAGRIMAS

A la memoria de Yanina Averbuch, veinte años, víctima del atentado a la AMIA y por todas las víctimas de las ideologías deshumanizadas, de la omnipotencia y la corrupción. Por los que partieron y por quienes conviven con la tragedia de las ausencias queridas.

– CEMENTERIO DE TABLADA- AGOSTO 1994.

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