Tristeza por el fallecimiento de Martín Cano, un sobreviviente del atentado a la AMIA

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Falleció Martín Cano, uno de los sobrevivientes del atentado a la AMIA el 18 de julio de 1994 y causó una enorme tristeza. Estuvo 12 horas semi sepultado en el subsuelo. Tenía 21 años cuando ocurrió el atentado. Cuando estaban por rescatarlo, se rompió un tanque y el agua lo tapó. Volvió a trabajar en la AMIA después de su rehabilitación. Tenía 49 años.

En el 2018 le pudo contar su historia a Infobae.

Ese lunes de invierno, Martín tomó el tren Sarmiento cuando todavía era de noche. Acababa de cumplir 21 años, no había terminado el secundario, y el de la AMIA era su primer trabajo en blanco. Su función era ocuparse de las tareas de mantenimiento pero esa mañana le tocó reemplazar a un mozo que había salido de vacaciones.

Martín preparó café, lo colocó en la bandeja con ruedas, subió al quinto piso y empezó a repartirlo por las oficinas. Cuando terminó, volvió al subsuelo y apoyó la vajilla en la pileta: fue en ese segundo que la luz se cortó, la explosión lo revoleó y gran parte del edificio se derrumbó encima.

Como era muy joven e inexperto, lo primero que creyó fue que había tocado una llave de gas y provocado la explosión. «Era una cueva. No se veía nada, tampoco se escuchaba nada de lo que estaba pasando afuera». Pero en la cueva no estaba solo. «Cacho» (Jacobo Chemauel), otro empleado de maestranza, había quedado sentado con las piernas atrapadas. Más lejos se escuchaba balbucear a «Buby» (Bernardo Mirochnik), otro compañero.

Fue Cacho quien le preguntó si podía mover las manos, y le indicó que «muy lentamente» y «sin moverse demasiado» se quitara las piedras del pecho para respirar mejor. Pero se hizo de noche -la explosión fue a las 9.53 de la mañana-y Martín confirmó lo que ya pensaba: «Acá abajo no nos van a encontrar nunca». A Buby ya habían dejado de escucharlo.

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Hacía más de 10 horas que estaban atrapados cuando oyeron una voz lejana en el silencio absoluto. «¿Hay alguien ahí?». Los dos gritaron. Un bombero les pidió que tirara una piedra para que el sonido los guiara.

Dos bomberos se arriesgaron a meterse con él en la cueva, le fracturaron otra parte de un pie y lo sacaron. Habían pasado 12 horas y media desde la explosión y Martín nunca había perdido la conciencia. A Cacho lograron sacarlo 36 horas después pero el final no fue el que imaginaron en la oscuridad. Como tenía diabetes y hubo que amputarlo, Cacho murió a los pocos días.

 Cuando intentaban entrar a sacarlo un tanque de agua de 5.000 litros reventó. «Yo estaba acostado y el agua empezó a subir. Los bomberos empezaron a correr pidiendo mangueras que chuparan el agua y alguien gritó: ‘¡Dale, que se está ahogando!’. Pensé: ‘Tanto tiempo esperando que me encontraran y ahora me voy a morir ahogado. Lo único que vi fue la imagen de mi mamá». Su mamá había muerto cuando él tenía 14 años; Martín estaba a punto de dejar huérfano a su hijo.

«Empecé a tragar agua y quedé sumergido durante unos segundos». Pero Martín tenía la cabeza elevada por esa almohada de piedras y, de repente, el agua frenó y bajó un poco: sólo quedó afuera su nariz. «Si hubiera estado al ras del piso, no la contaba».

Cuando los bomberos quisieron sacarlo, vieron que la grampa de la mesada mantenía su pierna presionada. «Les pregunté si tenía los pies. Después me contaron que pensaron en amputarme la pierna pero dijeron que no porque yo era muy joven y tenía un bebé muy chiquito».

Dos bomberos se arriesgaron a meterse con él en la cueva, le fracturaron otra parte de un pie y lo sacaron. Habían pasado 12 horas y media desde la explosión y Martín nunca había perdido la conciencia. A Cacho lograron sacarlo 36 horas después pero el final no fue el que imaginaron en la oscuridad. Como tenía diabetes y hubo que amputarlo, Cacho murió a los pocos días.

La AMIA publicó en sus redes sociales la noticia.

«Ayer conocimos la tremenda noticia del fallecimiento de Martín Cano.
Su historia, marcada por enormes dificultades, también fue atravesada por el atentado contra nuestra institución el 18 de julio de 1994. Martín fue rescatado por un grupo de bomberos después de sobrevivir varias horas bajo los escombros.
Luego de largos meses de rehabilitación, volvió a trabajar durante más de 20 años en AMIA, mostrando una enorme fortaleza.
Quienes lo conocimos recordaremos siempre su inconfundible sonrisa, su conversación, su compromiso para dar testimonio y su permanente calidez.
Abrazamos a su familia y seres queridos en estos momentos tan difíciles.
Que descanses en paz Martín»

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