«Nunca Nos fuimos de Pasteur». Por Martha Wolff

 
 "Nunca Nos fuimos de Pasteur". Por Martha Wolff

A 28 años del Atentado a AMIA volvemos a remover las ruinas de esa masacre impune.

Todos los aniversarios se planifican actos, frases conmovedoras, convocan a artistas y expectativas sobre la presencia de representantes oficiales del gobierno de turno.

Este 18  el lema es “Nunca nos fuimos de Pasteur”. Y la verdad es que nunca nos fuimos 

de esa cuadra, que a pesar del nuevo edificio y del movimiento cotidiano comercial y de 

tráfico, es un trozo de luto, de nombres de asesinados, de árboles que crecen con dedicatoria

bajo su sombras, que huelen a explosión y a impunidad.

Los que siempre asistimos por ese sentimiento de solidaridad, porque somos lo herederos directos o indirectos de parecidos ataques, genocidios, matanzas, ataques, pogroms y tantas acciones antisemitas más, allí vamos a sumar nuestros rostros agrietados de bronca y dolor. Allí vamos porque o somos hijos, nietos parientes en diversos ataques en los que perdimos familia a la que nunca pudimos  disfrutar, o mejor dicho no nos dejaron disfrutar,  o porque somos personas con sentido común sobre lo que es la discriminación, esa herida invisible que queda de historias particulares que suman a la colectiva, blanco del odio organizado, ya sea desde el Estado o del terrorismo. 

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Los que allí vamos no nos criamos en un mundo tecnicolor de fantasía sino que fuimos acunados con los relatos de lo que pasaba a miles de kilómetros en los que las canciones de cuna fueron bendiciones para que aquí nos criáramos en paz. 

Los que allí vamos supimos del mundo de todo lo posible hasta que aquí sucedió dos veces. Esa palabra que repitió mi madre cuando fue el atentado a la Embajada de  Israel y dos años después en la AMIA ¡Otra vez!, es la síntesis de nuestra historia judía.

Todos los aniversarios cuando nos agolpamos para estar juntos ante la AMIA, cerca o más lejos del edifico, sentimos que ese es el lugar para manifestarnos ante un crimen que no tiene culpables presos y que los presos son los muertos de su planificación nefasta para matar con su  fanatismo islámico absoluto. 

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Allí vamos siempre y todo sigue igual. Las cámaras captarán cuando levantemos las fotos de los ausentes para siempre, cuando repetiremos sus nombres, cuando canten los artistas sus creaciones alusivas, cuando suene la sirena de la hora infame de la explosión, de los vecinos que acompañarán con su presencia en sus ventanas y balcones y los que las cerrarán para no escuchar. Y los medios de comunicación transmitirán un acto que hace 28 años hablan de muerte y de lágrimas, de ausencias y de recuerdos, de un nunca más poder los familiares tener a sus seres queridos con ellos.

Este año está circulando un video de cantantes interpretando una canción hermosa junto a sus hijos como mensaje de continuidad un sueño truncado para los deudos del atentado a AMIA. 

Este año nuevamente, con esa frase “Nunca nos fuimos de Pasteur” el acto programada debería ser un acto sin público, vacío de gente sin esperanza, de cansancio por la falta de Justica y porque la burocracia ha demostrado que los culpables gozan de buena salud y protección mientras las almas de los muertos por la bomba esperan que sus fantasmas sean juzgados.

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