Conocí en la DAIA, en el año 2006, cuando ejercía como su director ejecutivo, a la escultora francesa radicada en argentina, Francoise Bitón de Bendahan cuando el antisemitismo golpeaba nuevamente con fuerza en todo el mundo y se instalaba el antisionismo con una virulencia no reconocible hasta entonces.
Ella había concebido una obra. Su primer boceto nació una tarde en un café de la Costa Azul, en Francia, alertada y sensibilizadas por las noticias que la atribulaban y por lo que observaba. Pensó en una escultura con el deseo de emplazarla en la ciudad de Buenos Aires, su lugar por adopción, a su entero costo. Una donación que estaban dispuestos a hacer ella y Jean Pierre aportando a la cultura del encuentro de la que Argentina toda se ufanaba y por la cual era reconocida. Un regalo que también era un agradecimiento al país que los recibió con sus brazos abiertos.
La propuesta que recibí fue todo un nuevo desafío. No era un tema común en nuestro trabajo institucional y sabíamos que ello debía hacerse en articulación con la Legislatura Porteña. Sí sabíamos que dar el respaldo y ejercer el acompañamiento tenía un gran peso específico. Mi experiencia con el largo trajinar por lograr el emplazamiento del Monumento a la Shoá en su sitio actual, en el ex Paseo de la Infanta, me lo había enseñado. Escuchamos el pedido de acompañamiento y comenzamos a trabajar juntos.
Por mérito de Gabriela Michetti cuando era diputada de la ciudad y de los Bendahan con su perseverancia, la Legislatura sin oposición aprobó la donación y dio como lugar de emplazamiento el Parque de los Niños, en la Avenida Cantilo y Gral.Paz de la Ciudad de Buenos Aires
Los años transcurrieron. Culminé mí tarea en DAIA y comencé el camino en el gobierno porteño y la función pública. Luego, la suerte y la constancia en los objetivos de vida, hicieron que los caminos me volvieron a encontrar con la obra y su autora. Ocupando el cargo de director de Relaciones Institucionales colaboré con la Vicejefe de la Ciudad de Buenos Aires y presidente de la Legislatura Porteña, Gabriela Michetti, para que aquel sueño se hiciera realidad, tocaba la última etapa.
Han pasado 20 años del primer encuentro que narro. La escultura, fue inaugurada finalmente en octubre de 2008 con las presencias y palabras del rabino Daniel Goldman, del padre Juan Torella y el Sheik Abdelnaby Ali Ibrahim El Hafnawi.
Está allí como una suerte de bienvenida inspiradora en el parque y con el río a su espalada eternizando a aquellos que llegaron de todas partes para fomentar una sociedad plural y en respeto. Inspirando a los que seguirán viniendo.
Se llama Convivencia y Paz. Hay un texto al pie escrito por la artista que dice: “Esta escultura simboliza la unión de las tres religiones. La estrella de David, la cruz y la media luna se fusionan en un mismo anhelo de fraternidad y tolerancia. Esta obra constituye un llamado a la esperanza para que nunca mas surjan la segregación racial, las guerras de religión, el holocausto, las masacres étnicas, o cualquier tipo de fanatismo. Es a su vez , para todos los seres humanos, un mensaje de comprensión, de amor, de paz, de respeto hacia el prójimo cual sea su condición, su credo, su identidad.”
Hoy nuestro mundo está gravemente herido. Aquellas noticias del Informe del 2006 nos daban señales de lo que deberíamos enfrentar en el futuro que hoy es presente, fundamentalmente cuando alerta la aparición por vez primera del antisemitismo en las radicalizadas de la izquierda incluso señalando esa irrupción en ámbitos universitarios. Y así es. El antisemitismo se expande brutalmente, lo vemos a diario, las persecuciones y matanzas de cristianos siguen sucediéndose gravemente, el fundamentalismo daña al propio islam cuando el terrorismo en su nombre asesina y destruye.
Hace pocos días, en un café en Libertador y Olleros, me reuní con Jean Pierre Bendahan, vital como siempre con sus casi 90 años. Recordamos aquellos años y me preguntaba cómo hacer para que ese monumento sea conocido por los más jóvenes, que se sepa que hay un camino recorrido en búsqueda de la paz y el respeto entre la gente que merece ser continuado. Me preguntó por qué las escuelas no van allí con sus alumnos a hacer actos que los ayuden en su formación.
Preguntas válidas. Desafíos fuertes.
Estas líneas, contando la historia del monumento y su autora, haciendo saber que está allí a la espera de todos, también del compromiso con su misión de una institución en el momento indicado y de la disposición del poder político para hacerlo realidad son parte de las respuestas que Jean Pierre busca. Del camino que se debe transitar siempre.
Francoise ya no está entre nosotros, nos dejó a todos los argentinos su legado con su obra. Ella como todo artista interpela un momento de nuestra realidad. Nos deja el llamado a no abandonar el llamado de construcción de un mundo firmemente fraterno, y eso implica sin odios, discriminación, terrorismo, ni antisemitismo.
Por Claudio Avruj.

