Purim es una de las festividades más alegres del calendario judío. Cada año recordamos la historia del Libro de Ester. En la antigua Persia, un plan genocida fue trazado para destruir al pueblo judío, cuando Amán convenció al rey Ajashverosh de emitir un edicto para matar a todos los judíos en un solo día.
Gracias al coraje de Ester, quien ocultó su identidad judía para sobrevivir en la corte y luego la reveló para salvar a su pueblo, ese destino terrible se revirtió y los judíos fueron liberados de la muerte segura. Hoy celebramos esa salvación con alegría, lectura del relato, regalos, Tzedaká y disfraces.
Uno de los símbolos más característicos de Purim son las máscaras y disfraces. La historia de Ester está llena de identidades ocultas y revelaciones inesperadas: lo visible no siempre revela lo esencial.
Para muchas personas LGBTQ+, esta idea resuena profundamente. Durante años, muchos tuvimos que ocultar nuestra identidad, usar máscaras sociales, adaptar gestos y palabras, callar partes esenciales de quiénes somos para sobrevivir en entornos que podían rechazarnos o dañarnos.
De alguna manera, vivimos nuestro propio Purim durante mucho tiempo: la máscara no era un juego, era una estrategia de supervivencia. Hoy, cuando nos disfrazamos, lo hacemos por elección. Y esa diferencia lo cambia todo.
Purim también nos enseña algo más: que las alegrías pueden y deben existir incluso en medio del dolor. La historia judía está atravesada por esa paradoja. Así ocurrió el 7 de octubre de 2023, en la víspera de Simjat Torá, cuando el terror y la violencia irrumpieron en un día que debía ser de celebración.
Aun en ese momento oscuro, la tradición nos recuerda que la identidad, la memoria y la esperanza no pueden ser aniquiladas. Celebrar no es olvidar el dolor; es afirmar que el dolor no tiene la última palabra.
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Este año Purim vuelve a resonar en un mundo convulsionado. Hoy somos testigos presenciales de un hecho dramático en la geopolítica internacional: la guerra con Irán, marcando un momento de gran impacto político y social a nivel global.
La historia antigua de una amenaza de exterminio frustrada nos habla todavía hoy: sobre tiranías, sobre odio ideológico, sobre intentos de borrar identidades. Y también sobre valentía, sobre comunidad y sobre la capacidad humana de revertir destinos que parecían sellados.
Como colectivo LGBTQ+, sabemos lo que significa atravesar el miedo, pero también sabemos construir alegría. Nuestra celebración es resistencia. Nuestra visibilidad es memoria viva y nuestra risa es una forma de victoria.
Que este Purim nos encuentre con máscaras elegidas. No impuestas. Que podamos honrar el dolor sin dejar de abrazar la alegría. Que, como Ester, encontremos la fuerza para revelarnos con dignidad.
Porque siempre, aun en los momentos más oscuros, la alegría puede abrirse paso.
Purim Sameaj.
Gustavo Michanie
Presidente The World Congress LGBTQ Jews

