Casi 70 años después del nazismo y el Holocausto —verdadera caída bíblica de la humanidad— el paciente rastreo de sus responsables cobró fuerza en nuestro patio durante 2013. Prensa Asociada descubrió que un inofensivo carpintero jubilado de Minnesota en realidad había dirigido la quema de una villa polaca en 1944. Michael Karcoc, de 94 años, ordenó asesinar a decenas de mujeres y niños polacos en represalia por el ajusticiamiento de un mayor de la SS.
Karcoc sirvió en una legión nacionalista ucraniana que controlaba la temible fuerza paramilitar nazi. Concluida la Segunda Guerra Mundial, se coló en EE.UU mintiendo sobre su pasado a inmigración, como hoy hacen violadores de derechos humanos de Cuba, Guatemala, Nicaragua, Honduras y otros países latinoamericanos. Autoridades norteamericanas, alemanas y polacas colaboran para procesarle.
Su caso revivió este año el interés en antiguos colaboradores de los nazis que han vivido plácidamente entre nosotros. Entre ellos se halla el lituano Vladas Zajanckauskas, quien agotó sus recursos de apelación y, a los 95, podría convertirse en la persona más vieja en ser deportada de EE.UU.
Patriarca de una familia inmigrante de Massachussetts, formó parte de un escuadrón de la muerte que asesinó a centenares en el güeto de Varsovia. Pero ha surgido una pega para hacerle justicia: ningún país quiere recibirlo. Es el mismo problema que enfrentan autoridades norteamericanas en los casos del ucraniano Teodoro Szehinskyj, de 89 años, ex guardia de campos de concentración nazis en Alemania y Polonia y residente de Pennsylvania; Jawik Palij, de 91 años, polaco de Nueva York, otro antiguo guardia de un campo de concentración de prisioneros judíos en Polonia; y John Kalymon, de 92, polaco que militó en un grupo paramilitar ucraniano y quien personalmente asesinó a judíos, según la corte que lo decretó listo para la expulsión.
A medida que se difunde información, el rechazo a estos criminales les persigue literalmente hasta la tumba. La muerte en Italia del ex oficial alemán de la SS, Erich Priebke, desató una ola de desdén hacia su cadáver. Priebke había dirigido la matanza de 320 prisioneros italianos en represalia por la muerte de 33 soldados alemanes en 1944. Argentina rechazó su último deseo de ser enterrado allí tras su fallecimiento en Roma a los 100 años. El Vaticano prohibió realizarle exequias fúnebres en una iglesia católica. Alemania se negó a recibir sus despojos. Luego de protestas multitudinarias, el gobierno italiano lo enterró en una tumba secreta.
Durante 2013, hubo procesos importantes contra violadores de derechos humanos. Un tribunal italiano condenó in absentia al ex nazi Alfred Stork, de 90 años, por ejecutar a 120 oficiales italianos en Cefalonia, Grecia. Alemania rehusa extraditarlo. El tribunal de la ONU sobre crímenes de guerra en la antigua Yugoslavia le restituyó un cargo de genocidio a Radovan Karadzic por masacrar a 8.000 hombres y adolescentes musulmanes en Bosnia. Un tribunal de Guatemala sentenció a 80 años de prisión al ex dictador Efraín Ríos Montt por el genocidio de indígenas entre1982 y 1983.
Lamentablemente, la Corte Constitucional guatemalteca anuló su sentencia. Se le juzgará de nuevo en el 2015. Y en Argentina, víctimas de la dictadura de Franco demandaron a presuntos autores de crímenes políticos franquistas. Una jueza ordenó arrestar a cuatro sospechosos españoles.
La justicia también se anotó tantos en las artes. El gobierno alemán reconoció que desde hace casi dos años había encontrado en Münich un tesoro artístico que los nazis robaron a coleccionistas judíos. Incluye obras de Courbet, Picasso y Chagall. Sus legítimos dueños o sus descendientes iniciaron ya el arduo trámite para reclamarlos. La famosa Orquesta Filarmónica de Viena despojó a seis ex funcionarios nazis de los honores que vergonzosamente les había concedido, a pesar de que los nazis enviaron a campos de exterminio a 13 de sus músicos judíos.
Abundó la literatura de la memoria. Destaco «Otra vez adiós», novela publicada por Carlos Alberto Montaner a fines del 2012, cuyos personajes ofrecen moralejas claves para cubanos: «Eran risueños y alegres, pero solo por fuera. Por dentro padecían mucho. Pagaban un precio por la superficialidad en que vivían». Y para todos: «Para someter a una sociedad… basta una minoría sin escrúpulos frente a una mayoría acobardada». Nada como la memoria para prevenir el sometimiento.
Por Daniel Morcate / El Nuevo Herald (Miami)

