El 29 de diciembre de 1993 falleció Marshall Theodore Meyer, el Rabino que revolucionó la vida judía latinoamericana en el Siglo XX y fundó más de veinte comunidades judías en la Argentina..
Meyer nació en Brooklyn, Nueva York y cursó sus estudios en la Universidad de Dartmouth, graduándose en 1952 y posteriormente ingresó en la escuela rabinica, donde se ordenó en 1958, recibió su doctorado en filosofía de la religión en la Universidad de Columbia y en el Union Theological Seminary.
En 1935 el rabino Schlessinger afilió la Congregación Israelita de la República Argentina al Movimiento Conservador de Estados Unidos y en 1958 le pidió a Abraham J. Heschel que enviara algún rabino asistente para la juventud de la Sinagoga de la Congregación Israelita Argentina.
El elegido fue el Rabino Marshall Meyer, un joven cuya llegada marcó el inicio de una nueva y vibrante etapa en la vida comunitaria judía de Argentina. Arribó al país en agosto de 1959 con su joven esposa Naomi para desarrollar su actividad por dos años y permaneció por espacio de 25 años.
Se desempeñó como rabino auxiliar en la “Congregación Israelita de la República la Argentina”, en Buenos Aires. Su carácter carismático lo convirtió inmediatamente en una figura importante en la comunidad judía argentina.
A Marshall Meyer se le debe la transformación cultural más importante de la judería latinoamericana del siglo XX y fundó más de veinte comunidades judías en la Argentina.
El Seminario Rabínico Latinoamericano pronto se convirtió en el centro del judaísmo conservador en América Latina.
Allí se ordenaron docenas de rabinos de habla hispana que servirían a comunidades de América Latina y el resto del mundo. Desde su creación hasta 2009, se ordenaron 83 rabinos, entre los cuales se incluyen ocho mujeres, que trabajan en distintas en comunidades de Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Brasil, Colombia, Puerto Rico, Venezuela, México, Paraguay, Bolivia, República Dominicana, El Salvador y los Estados Unidos.
En 1967 fundó el Instituto Superior de Estudios Religiosos, un espacio interconfesional de diálogo sobre temas religiosos, culturales y sociales.
En la década del 70 Marshall Meyer criticaba el estado de culto y opinaba que la religión judía se estaba convirtiendo en una reliquia.
Hombre de pensamiento y acción, decía que las sinagogas estaban vacías porque eran aburridas, porque sus ritos eran incomprensibles y no se podía encontrar en ellas un ambiente que condujera a los hombres y mujeres judíos a la plegaria y a la meditación.
Marshall Meyer creía que los fieles entraban en una sinagoga en busca de significado, sensibilidad y respuestas que no encontraban en ese momento en los púlpitos por lo que frecuentemente se iban con el corazón vacío. Estaba convencido de que el problema era de la sinagoga como institución, que estaba en un triste estado de decadencia por su incapacidad de enfocar los problemas reales de la existencia del hombre moderno. Para él, el judaísmo no era ajeno a la afirmación y la celebración tanto del cuerpo como del alma.
Sostenía que el destino del ser humano es ayudar y servir a sus pares y criticaba la indiferencia emocional de sus contemporáneos ante el sufrimiento ajeno.
Gran amante del arte, le gustaba mucho la literatura y la música, en especial la ópera, fue el primero en introducir nuevas tecnologías incluyendo música con instrumentos en los oficios religiosos.
Sus servicios se llenaban de feligreses esperanzados en escuchar sus famosas prédicas, en las cuales siempre exigía a los presentes compromiso y responsabilidad social en sus actos pues, decía, la responsabilidad implica libertad.
Las ceremonias de Shabat, los viernes por la tarde, se convirtieron en los más concurridos y, después de ellos, se tomaba un tiempo para escuchar a los familiares de los desparecidos.
Marshall Meyer defendía el hecho de que las mujeres se sentaran durante los servicios al lado de los varones y que se permitiera a las mujeres ser ordenadas rabinas.
Marshall T. Meyer fue miembro de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y co-fundador junto al periodista Herman Schiller del Movimiento Judío por los Derechos Humanos. Durante los años de la dictadura militar de 1976-1983 se convirtió en fuerte crítico del gobierno militar y de sus violaciones de los derechos humanos.
A 20 años de su muerte, Vis á Vis recuerda al Rabino que revolucionó la vida judía latinoamericana.

