Israel le pone fe a Colombia

Aunque el intenso calor amedrentó a muchos, y no era multitudinaria la cita frente al Muro de los Lamentos en Jerusalén, los presentes salieron seguros de que la plegaria especial frente al santuario judío, será de ayuda para Colombia. ¿En qué? Pues trayéndole éxito en el Mundial de fútbol que está por comenzar en Brasil y garantizándole paz.

La iniciativa “Israel le pone fe a Colombia” salió de la Embajada de Israel en Bogotá, en cuya página de Facebook ya se ha escrito con entusiasmo al respecto. Y este viernes se concretó, cuando un grupo de colombianos se reunió frente al mencionado muro, para seguir una hermosa tradición: colocar entre las antiquísimas piedras un papel con un deseo, lo cual se considera es como estar pidiendo nada más ni nada menos que a Dios que lo cumpla.

Pero además de los pequeños papeles que cada uno escribió, estos colombianos trajeron a Jerusalén uno muy especial, enviado por el exfutbolista Arnoldo Iguarán, que lo preparó y entregó al embajador de Israel en Bogotá Yoed Magen.

“Señor, te pedimos en esta oración por Colombia, que la paz y la prosperidad permanezcan en todos los hogares colombianos y que en este Mundial todos celebremos las victorias de la selección colombiana en Brasil 2014”, es el texto que desde ayer de tarde se halla en una de las rendijas entre las milenarias piedras. Alberto Birmajer (39), oriundo de Cali, que se encuentra desde hace 23 años en Israel, lo trajo consigo especialmente a Jerusalem,sintiéndose portador de una hermosa responsabilidad.

“Tengo a Colombia en mi corazón, siempre”, dice a EL TIEMPO. ”Para mí es un país muy importante. Siempre será mi país, aunque yo esté en Israel”. Este hombre, técnico en computadoras, vino al Muro de los Lamentos con “refuerzos”: su esposa Ronit, israelí, y el pequeño hijo de ambos.

“Soy responsable de la continuidad colombiana en Israel”, ríe ella, evidentemente contagiada del amor por Colombia, señalando que el niño es medio israelí y medio colombiano. A través de su esposo-“que es tan colombiano”, explica- disfruta de lo que ya considera son características nacionales: “siento el espíritu cálido, de entrega, siempre con alegría de vivir y mirando el lado positivo de las cosas”, asegura.

Al grupo “vestido” de Colombia, se acercan curiosos a preguntar qué está pasando. Se desarrollan algunas conversaciones espontáneas en castellano, como con Netanel Lozano, de nueve años, nacido en Colombia, que se radicó junto a sus padres y hermano menor hace tan solo cuatro meses en Israel. Netanel, que dice “estoy feliz aquí, pero quisiera volver a Colombia a ver cómo está”, se suma finalmente a Alberto a colocar el papel en el Muro.

Le preguntamos un tanto en broma, al ver que lleva una “kipá” propia de los judíos religiosos sobre su cabeza, si cree que Dios , ocupado con tantos problemas mundiales, prestará atención al pedio de Iguarán. “El tiene tiempo para todo”, responde el niño sonriente.

Dado que según la religión judía, hombres y mujeres no rezan juntos, nosotras podemos acompañar hasta el muro mismo, a las mujeres del grupo. Esther Shor (36), que llegó a Israel con su familia cuando tenía solamente 10 años, también pide por su país natal, mientras se cubre con una bandera colombiana.

“Colombia siempre está dentro del corazón, siempre se lleva adentro con orgullo”, afirma, explicando que “todos mis recuerdos de infancia son de allí”.

Con ese amor de fondo, aunque la vida esté hecha ya en Israel, estos colombianos no tienen duda de que seguirán al seleccionado nacional de fútbol en el Mundial, sea cual sea la hora del partido. “A mí no me puede hablar nadie cuando juega Colombia, y salto en la sala con cada gol”, afirma Alberto.

“Seguramente nos reunirnos a ver los partidos”, asegura sonriente Esther.

Pedimos que analicen objetivamente si consideran que Colombia necesita de rezos singulares para ser exitosa en el Mundial. “Con rezo o sin rezo, vamos a ganar”, asegura Esther. El papel colocado en el Muro hará lo suyo, parecen creerlo todos…dando un impulso desde Jerusalem, al seleccionado nacional. Por Jana Beris, corresponsal Jerusalem – El Tiempo)

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