Francisco y la renovada apuesta por la paz en Oriente Medio



Tribuna. La diplomacia vaticana toma la delantera indicando que lo que no puede la política, quizás lo consiga la fuerza del liderazgo espiritual.

Ofrezco mi casa en el Vaticano para albergar este encuentro de plegaria”. Y dado que el anfitrión es el Papa y los invitados son el palestino Abas y el israelí Peres, el ofrecimiento fue un gesto de una significación histórica. Así culminó el viaje del Papa Francisco a Tierra Santa, uno de los viajes con más calado político de los últimos tiempos, a pesar de que quien lo protagonizaba era un líder espiritual.

Aunque quizás…, esa fue la clave del éxito. Subrayar, por cierto, el papel discreto y decisivo del amigo y gran periodista Henrique Cymerman para que la invitación fuera un éxito, y así la fecha pudo concretarse: el próximo 8 de junio. El Papa, pues, ha conseguido lo que intentan en vano grandes líderes políticos: encontrar una gramática para que las palabras sean posibles en un conflicto donde sólo hay ruido.

Pero el viaje del Papa no sólo ha sido un éxito por el encuentro previsto, sino por el calado de sus inequívocos gestos. A diferencia de otros, que se han paseado por la zona haciendo la pelota a uno u otro lado, o a ambos -famoso era Moratinos por limpiar la cera de todas las orejas-, Francisco no ha dejado de hacer y decir lo que su compromiso ético y su mandato espiritual exigían, y el resultado es un viaje esplendoroso, cargado de simbolismo. Recordemos los gestos más brillantes: el abrazo entre el Papa, el rabino Skorka y el líder musulmán Omar Abboud, amparados los tres por el áurea de sus creencias en Dios. ¿Quién, si no un líder con mucho arrojo, podía conseguir una foto como esa? Y el resto de gestos no fueron menos profundos: la visita al Yad Vashem y la petición de que nunca más volviera el horror de un holocausto; el gesto fuera de protocolo de Francisco cuando, en una visita al cementerio nacional de Israel, se puso a rezar ante una lápida dedicada a las víctimas del terrorismo; sus flores en la tumba del fundador del sionismo, Theodore Herzl, dejando claro su compromiso a favor de la necesidad de un Estado para el pueblo judío; su llamado a un Estado palestino, en pacífica vecindad con el Estado hebreo; y lo más comprometido, dados los antecedentes: su valiente discurso, en plena explanada de las Mezquitas. “Que nadie instrumentalice el nombre de Dios para la violencia”, dijo, y cabe recordar que su antecesor, cuando osó plantear algo parecido, tuvo virulentas reacciones en todo el islam.

Esta vez, por suerte, no ha ocurrido. Lo que sí ha ocurrido es la evidencia de que el papa Francisco es, hoy por hoy, uno de los pocos líderes con credibilidad y carisma para encarar conflictos complejos.

Lo que no puede la política, quizás lo consiga la espiritualidad, aunque es una espiritualidad razonablemente cargada de política. En cualquier caso, y de la mano de este gran Papa, por fin una buena noticia desde Tierra Santa. Esperemos que la sabiduría y el buen hacer de Francisco consigan mantener esa llama. (La Vanguardia / Opinión Clarín)

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