¿Qué puede hacer un rezo en el conflicto israelí-palestino? Por Julián Schvindlerman

El relieve espiritual y la dimensión simbólica del encuentro del Papa Francisco con los presidentes de Israel y la Autoridad Palestina para orar juntos por la paz son enormes y, en un sentido, se erige en réplica política del reciente abrazo interreligioso del líder de la Iglesia Católica con referentes del Islam y del Judaísmo frente al Muro de los Lamentos. Francisco debe ser saludado por tan noble iniciativa pero, como él mismo ha reconocido, el impacto diplomático de esta plegaria con seguridad será acotado.

La hazaña pontificia transita un canal espiritual un tanto alejado de las crudas realidades políticas terrenales. Las discrepancias históricas -estatus de Jerusalem, refugiados, fronteras finales, asentamientos- seguirán atormentando a los negociadores palestinos e israelíes y frustrando a los mediadores internacionales, en tanto que el reciente acuerdo de unión nacional entre Fatah y Hamas tiene el potencial de elevar el nivel de complejidad -e incluso, peligrosidad- de las cosas gravemente.

La rápida aceptación del nuevo gobierno palestino de transición por parte de las Naciones Unidas, la Unión Europea y los Estados Unidos ha generado un movimiento casi celebratorio del acuerdo palestino que desconoce las motivaciones y los objetivos de Hamas al acceder a la coexistencia política con su archirival Fatah. La reunión dominical en Roma contribuirá a reforzar la noción de buenaventura reinante en círculos diplomáticos internacionales en tanto Mahmoud Abbas asistió como presidente de una Autoridad Palestina asociada al Hamas. Israel puede verse así forzada por la opinión pública a lidiar con un gobierno que incluye un elemento dedicado a su aniquilación.

Muchos creen que por medio de este acuerdo la Autoridad Palestina estará incorporando Gaza a su jurisdicción, normalizando de este modo una situación de quiebre político y geográfico que apartó antaño a la franja del Margen Occidental y facilitando así el prospecto del diálogo. Puede que ello ocurra pro forma, pero en la práctica es probable que pase lo inverso y que sea el Hamas quien estará ganando terreno en Cisjordania a la larga, lo cual atentará contra la paz. Hamas mantendrá su infraestructura militar intacta -su poderoso arsenal y sus miles de combatientes- y buscará “libanonizar” Cisjordania. Es decir, emulará la política de Hezbolla en el Líbano, grupo terrorista armado hasta los dientes que cuenta con representación política en el gabinete libanés y controla la zona sur del país. No es causalidad que líderes de Hamas hayan tenido últimamente reuniones con oficiales de Hezbollah y funcionarios de Irán.

Naturalmente, Francisco es ajeno a estas complicaciones. Al Sumo Pontífice lo anima un sincero anhelo de paz y una vocación ecuménica por la conciliación. Su aporte fue positivo en el plano de la imagen y el simbolismo. No obstante -debemos admitir- la dinámica política palestino-israelí probablemente permanecerá impermeable a su gestión espiritual.

Por Julián Schvindlerman. Escritor y analista político. Autor de Roma y Jerusalem: la política vaticana hacia el estado judío (Clarín.com)

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