La judería de Hervás (Cáceres): Historia de una invención por Marciano Martín Manuel – 1° parte

1. PÓRTICO

El proceso de falsificación de la judería de Hervás, como los barrios judíos de Casar de Palomero y Garganta la Olla, y las sinagogas de Alcántara y Valencia de Alcántara [1] , esta última reflejada en la fotografía tras su remodelación por la Junta de Extremadura en 2001, cabe definirlo, parafraseando a Eric Hobsbawn y Terence Ranger, como la invención de la tradición judía extremeña. En aras del turismo rural, el Ayuntamiento de Hervás ha interrumpido estrepitosamente en la cadena de la historia, guiado por intereses meramente crematísticos, y ha distorsionado a su libre albedrío los hechos del pasado causando los mismos estragos que un elefante en una cacharrería. Reconstruir el proceso de invención de la historia judía de Hervás es el objetivo primordial de este ensayo escrito expresamente para los Coloquios Históricos de Extremadura que se celebran anualmente en la extremeña ciudad de Trujillo. El texto está inspirado en mis trabajos de investigación que recopilo en el apartado bibliográfico. He desglosado el proceso histórico en dos secciones: la historia judía, según las fuentes de la archivística, y el corpus legendario apócrifo, semillero de la invención.

2. PRIMER TRANCO. LA HISTORIA (DOCUMENTADA) DE LA JUDERÍA

Es tradición que Hervás fue fundada por la Orden Militar del Temple durante la Reconquista cristiana de Alfonso VIII de Castilla a finales del siglo XII. Los caballeros templarios erigieron a escasos metros de la calzada de los romanos una ermita de la que apenas quedan ruinas, bajo la advocación de los mártires San Gervasio y San Protasio. De San Gervasio procede el nombre de Santihervás, que denomina a la ermita, al río y al puente de cantería. A media legua de Santihervás, los cristianos construyeron un recinto fortificado y en su interior la iglesia de Santa María, origen de Hervás, perteneciente a la diócesis de Plasencia. La aldea fue agregada al señorío de Béjar, posiblemente, por la reina doña Violante de Aragón y Hungría a mediados del siglo XIII. Consolidada la repoblación, Hervás desarrolló su estructura urbana a espaldas de la fortaleza y a la vera del río Ambroz, asiento de las barriadas de Arriba y de Abajo, cuya denominación obedece a su orografía. Castellanos y gallegos fueron los primeros colonizadores del lugar.

2. 1. La población judía

En el siglo XIII el judaísmo cacereño se desarrolló en los territorios de realengo y de la orden de Alcántara: Cáceres, Coria, Plasencia, Trujillo, Alcántara y Valencia de Alcántara. Su población era muy reducida. La más numerosa no alcanzaba las 25 familias, según don José Luis Lacave. A finales del siglo XIV las comunidades judías, con motivo de las persecuciones, incendio de sinagogas y destrucción de juderías, se desplazaron desde los centros urbanos de Al–Andalus y Castilla hacia las villas y aldeas extremeñas de la nobleza feudal y las Órdenes Militares. En esta segunda fase, el judaísmo adquirió un acentuado carácter rural. Demediado el ecuador del siglo XV hubo más de cuarenta comunidades judías en la provincia cacereña. Las comarcas del valle del Jerte, la Vera, Campo Arañuelo, Sierra de Gata, Campo de Montánchez, Villuercas, el Salor, etcétera, recibieron focos migratorios judíos. Los niveles demográficos judíos no alcanzaron el 10 por ciento de la población. En este ciclo se estableció en Hervás una población judía.

2. 2. El Rabilero y la sinagoga

El asentamiento de una comunidad judía en una ciudad, villa o lugar de los episcopados extremeños de Plasencia y Coria y la Orden Militar de Alcántara, conllevaba la formación de un barrio en el que los judíos acomodaron la sinagoga, pero no tuvo carácter segregatorio. La judería de Plasencia se hallaba en la Mota, desplazada a la calle Trujillo y Rúa Zapatería tras el apartamiento de Cortes de 1480. Cáceres fijó su judería en el barrio de San Mateo, trasladada al barrio de San Juan en 1478. En Coria se hallaba en la calle del Albaicín, colación de Santa María. En Trujillo formaron la judería apartada de la calle Nueva y la Rinconada en 1480. Y en Béjar (Salamanca) se acomodaron en la calle Parrillas, colación de San Gil.

La comunidad judía de Hervás estaba formada por no más de 45 familias. No tenía el rango de aljama. La aljama se hallaba en Béjar donde los judíos hervasenses satisfacían las derramas fiscales. Predominaron los patronímicos Abenfariz, Calderón, Cohen, Escapa, Hamiz, Mahejar, Orabuena y Salvadiel, entre otros. Se dedicaron al comercio del textil, arrendamiento de impuestos fiscales, préstamo a interés, medicina, etcétera. Los judíos moraron en una calle, conocida en nuestros días con el nombre despectivo de Rabilero, cuya denominación es posterior a la época medieval. La judería no tuvo carácter de gueto, como la Rinconada de Trujillo, la calle Nueva de Cáceres, o Rúa Zapatería de Plasencia durante los años 1478–1492.

Los judíos de Hervás también residieron en calles cristianas, como la Plaza y la Corredera (hoy, Relator González), cuyo comportamiento se manifestó igualmente en las comunidades de Cáceres, Coria, Plasencia, Trujillo y Béjar. Los judíos cacereños y salmantinos compartieron con los cristianos las calles y las plazas durante la política de tolerancia, recluidos en guetos en los momentos de mayor crispación política, de 1412 a 1419 y de 1480 a 1492. En los lugares donde moraban diez familias, como Hervás, era obligatorio disponer de un oratorio, como mandaban las ordenanzas comunales de Castilla de 1432. Hay constancia documental y restos de vestigios patrimoniales de las sinagogas de Alcántara, Arroyomolinos de Montánchez, Coria, Cáceres, Trujillo, Plasencia y Valencia de Alcántara.

La sinagoga de Hervás, según la tradición oral, se ubica en la casa número 19 de la calle del Rabilero, como se aprecia en la fotografía que ilustra el espectáculo «Ambientación y Dinamización del Mercado» organizado por el comité de la esperpéntica fiesta turística de «Los Conversos» 2013.

2.3. El proceso de asimilación de los cristianos nuevos

Proclamado el edicto de expulsión, la mitad de la población judía de Hervás se exilió. Ante los problemas de acogida que tuvieron en Portugal y el Magreb, algunas familias retornaron y se convirtieron al cristianismo en febrero de 1494. ¿Cómo se desarrolló el proceso de asimilación, el desarraigo de la identidad judía, en el contexto de una mayoría cristiana, muchos de los cuales se manifestaron como fervorosos antisemitas? Los cristianos nuevos de primera generación, aquellos que habían nacido judíos y mudaron su fe al cristianismo sin ninguna convicción religiosa, preservaron en la intimidad del hogar los ritos, ceremonias y costumbres judías. En los autos de fe de 1514 y 1515, el tribunal de la herética pravedad de Llerena condenó a morir quemados en la hoguera a los cristianos nuevos que se mantuvieron firmes en la fe de Moisés. Poco tiempo después comenzó la paulatina asimilación de los cristianos nuevos en las cofradías cristianoviejas sin apenas suscitar conflictos sociales. No existían medidas segregatorias que acentuasen la coloración de la sangre de los cristianos nuevos.

La asimilación de los descendientes de judío en el cristianismo se habría producido satisfactoriamente si el duque de Béjar no hubiese reformado el sistema de gobierno municipal. Hacia 1578, el duque don Francisco II dividió la sociedad local en dos partidos políticos: «mercaderes», o cristianos nuevos, y «labradores», o cristianos viejos, menoscabando las disposiciones legales del reino que únicamente permitían los estados hidalgo y pechero llano. La casa de Béjar repartió los cargos políticos entre los dos partidos cuyos oficios se renovaban al finalizar el año. Los políticos cesantes no podían presentarse a la reelección hasta después de transcurridos cuatro años. Tampoco se admitían parientes dentro del cuarto grado. Una medida racional que debería imitar los políticos españoles que se visten con el traje de luces de la democracia, o se lo ponen por montera.

Asimismo, el duque don Francisco II impuso el estatuto racial de pureza de sangre. ¿En qué consistía? El candidato mercader debía someterse previamente a un examen genealógico ante un tribunal de pureza formado por tres personas. Generalmente, el alcalde, el escribano y un familiar del Santo Oficio. Esta revisión genealógica, esta purgación de la sangre, se aplicaba exclusivamente a los componentes del partido mercader. A los labradores se les suponía exento de la mácula judía. El candidato mercader que había heredado un delito de fe quedaba exonerado del ejercicio de las prebendas políticas.

El estatuto segregacionista acarreó trágicas consecuencias en la sociedad. La exclusión política del cristiano nuevo puso una nota de agravio en las familias mercaderes. El estatuto de sangre rejuveneció la sabia judía, tan denostada por los cristianos viejos. Las hostilidades políticas trascendieron al marco de la vida cofrade y laminaron la asimilación de los cristianos nuevos. Se fundaron cofradías de cristianos viejos que no admitían a cristianos nuevos, como las hermandades xenófobas del Sacramento y San Juan Bautista. En la misma consideración, hubo cofradías de cristianos nuevos que no aceptaron a cristianos viejos, como el Rosario y Nuestra Señora de la Asunción.

El estatuto segregacionista político y cofrade acarreó trágicas consecuencias en la vida de la aldea. Hervás se resquebrajó en dos sociedades enemigas irreconciliables y al más liviano roce estallaba la reyerta en la vía pública, en el Ayuntamiento, en los asientos de la iglesia parroquial, en las procesiones o en las cofradías. Impelidos por los conflictos, las dos comunidades políticas se reagruparon en dos barrios adversos en función de su pasado cultural. Así, en el barrio de Abajo –que hoy se factura como judío en la literatura turística–, se alojaron los cristianos viejos que repudiaban todo lo que estuviese algún vínculo con el judaísmo. Y en el barrio de Arriba se arracimaron los mercaderes cristianos nuevos, en las calles de la Cruz, Corredera, Vedelejos y Centiñera.

Glosaré, a título informativo, que en el siglo XVI los cristianos nuevos de Cáceres vivieron en la judería nueva, o de la Cruz, los de Trujillo, en la Rinconada y calle Nueva, y los de Guadalupe en la calle Nueva. En Béjar existió la Puerta de la Judería, luego, Nueva. En Hervás hubo una calle Nueva y otra de la Cruz, desconozco si es la misma vial. En definitiva, en la Alta Extremadura sucedió lo mismo que en muchos otros lugares de la península. Las juderías segregatorias del medievo se transformaron en el Renacimiento en el barrio de los cristianos nuevos.

La calle de la Cruz era la residencia de los cristianos nuevos en el siglo XVII. Se accedía por la calle Corredera a través del «portal de la virgen», así llamado por la imagen de Nuestra Señora que los cristianos nuevos depositaron en una hornacina sita en el portal que formaban dos balcones corredizos, a modo de pasadizo, demolido por el consistorio en 1855. ¿Recuerdan las autoridades municipales, consumidores de la flor del loto, dónde se hallaba esta calle? Corresponde a la Plazuela de Hernán Cortés.

No voy a extenderme en las insidiosas actitudes racistas de los cristianos viejos del barrio de Abajo, obsesionados con el prurito de la limpieza de sangre, como era tendencia en la sociedad conflictiva del Siglo de Oro. Como muestras del botón resalto la actitud del vicario antisemita don Jerónimo González de Lucio, comisario del Santo Oficio de Béjar, que intimidó a los cristianos nuevos de Hervás con escribir a la Inquisición de Llerena para que les renovasen los sambenitos de sus pasados. O la fabricación por los cristianos viejos xenófobos de un Libro Verde, el tizón de sangre, el lucero mercader, para denunciar a la casa de Béjar y al prelado de Plasencia, que ostentaba el cargo de Inquisidor general del Santo Oficio, el linaje judaico de los mercaderes e impedir la derogación del estatuto de sangre que permitía el acceso de los cristianos nuevos a la administración local. Este complejo capítulo de la historia antisemita de Hervás lo he narrado en mi novela de corte picaresco El Libro Verde, editada por Espuela de Plata, Sevilla 2014.

Afortunadamente para los cristianos nuevos, los tiempos estaban cambiando en el linaje de los Zúñiga. La benefactora duquesa doña Teresa Sarmiento de la Cerda, madre tutora del duque niño, asesorada por el prelado de Segovia, derogó en 1661 las divisiones políticas y el estatuto racial que tiznaba la sangre del mercader dando curso legal al acceso de los cristianos nuevos en el Ayuntamiento. El descendiente de judío abandonó su condición de marginado político y social. Fray Liciniano Sáez, archivero de la casa de Béjar, glosó la situación política de Hervás a finales del XVIII con esta lacónica pincelada: «Nombra la casa de los señores duques indistintamente de unos y de otros [bandos] porque, aunque no se ha olvidado la denominación de barrios bajo y alto, se tienen todos los vecinos por buenos e iguales, sin haver (sic) más
desigualdad que en los caudales, deseo de mandar y codicia en aprovechar y tener autoridad, como sucede en todas partes».

Mientras tanto, a miles de kilómetros de Hervás se produjo el movimiento del iluminismo judío, o la haskalá. Una corriente ideológica judía surgida en Alemania en la segunda mitad del siglo XVIII que se extendió por Polonia y Rusia. El iluminismo promovió el acercamiento de los judíos askenazíes, que hasta entonces habían vivido encerrados en la ortodoxia rabínica de los guetos del Centro y Este Europa, a los demás pueblos y culturas de los países europeos. El iluminismo facilitó el camino de la asimilación judía en la vida social de sus respectivos países de acogida, cuyos frutos recogerían las artes, la música, la ensayística, la narrativa, la pintura, etcétera. En Extremadura otro era el cantar. Después de varios siglos de obsesivo acoso y persecución, los descendientes de judíos se habían asimilado en la sociedad cristiana, como demandaba el programa integrista de la España católica de los Borbones. Los mercaderes se habían despojado del lastre de sus raíces hebreas a la que consideraban un accidente de nacimiento. Nacían, vivían y morían como cristianos, como los campesinos y labradores. (ESefarad.com)

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