La enseñanza de los profetas de Israel. Por Abraham Skorka

El papa Francisco definió su viaje a Tierra Santa con el vocablo “peregrinación”, con el cual precisó la esencia de su visita a Jordania, Palestina e Israel. Amén de los múltiples momentos de rezo y encuentro con líderes de las distintas denominaciones cristianas, judíos y musulmanes, para afianzar los vínculos y diálogo interreligioso, el Sumo Pontífice tuvo que enfrentar los dramáticos conflictos que enfrentan a los pueblos del Medio Oriente.

Con dicho vocablo pretendió el Papa aventar toda posibilidad de interpretar su viaje cual gestión puramente como mediador entre intereses políticos, económicos y estratégicos. Fue para clamar por la dignidad de todo individuo, en quien palpita –de acuerdo al relato del texto bíblico del Génesis- un hálito del Creador. Bergoglio actuó siguiendo el paradigma de los Profetas de Israel. Estos enviados de Diosmanifestaban a viva voz acerbas críticas contra los responsables de las iniquidades que se cometían tanto en el seno de su pueblo, al igual que en el de otras naciones, como se describe, entre otros, en el libro de Jonás. El Dios de la Biblia Hebrea, al cual rezan judíos, cristianos y musulmanes, no es indiferente al quehacer de cada individuo, quiere ser honrado mediante la aplicación de la justicia y el desarrollo de un profundo sentimiento de amor. Los Profetas eran enviados por Dios para despertar la conciencia de los hombres.

Su tribuna no era política, no había aspiraciones de liderazgo social en ellos. Eran maestros del espíritu. Desde una perspectiva judía, Jesús, puede ser visto, como un maestro que continúa la senda de los Profetas.

El papa Francisco entiende que es con ese fuego profético que debe dar su mensaje al mundo.

Palabras claras y contundentes. Acciones comprometidas y valientes.

Es bajo esta perspectiva que debe analizarse lo realizado por el Papa en Medio Oriente. No debe esperarse que de un día al otro, por obra de su magia se alcance una realidad de paz. Pero, por otra parte, millones en el mundo –entre los que había, seguramente, muchos que sustentan ideas extremistas y fanáticas- vieron a judíos, cristianos y musulmanes juntos, invocando la paz mediante un encuentro de oración. En una realidad globalizada en la que la sensibilidad que permite percibir el sutil mensaje de un profundo encuentro en búsqueda de lo espiritual, es mermada constantemente, el Papa buscó la asistencia de Peres y Abbas, para emitir un clamor, como aquellos que Dios indicaba a los Profetas que debían exclamar.

A unos días de esta peregrinación, en la que tuve el honor y la satisfacción espiritual de formar parte, informan los medios acerca de actos vandálicos en la región. La Historia, la vida, nos enseña que aquellos tétricos nubarrones sólo podrán disiparse con el poder de la palabra sensata, aquella que vibró en los jardines del Vaticano, para que la esperanza de una realidad mejor siga manteniéndose incólume.

Rabino Abraham Skorka para Clarín

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