»Ser judío en los años setenta». Análisis del Lic. Eduardo Chernizki

¿Porqué callamos y no hicimos nada?

La década del ’70 del siglo XX es, y será por mucho tiempo más, uno de los períodos más conflictivos y controvertidos  de la historia de la comunidad judía de la República Argentina, en cuyo análisis se produce un hecho por demás singular: que lo llevan a cabo tanto personas que vivieron esos años, es decir que son testigos presenciales¸ como investigadores que basan sus opiniones en la documentación histórica existente y en los testimonios de los testigos presenciales.

Un ejemplo de esta situación es el recientemente libro publicado por Siglo XXI Editores, escrito en conjunto por el rabino Daniel Goldman y el periodista Hernán Dobry: “Ser judío en los años setenta”.

El rabino Goldman, nacido en 1958, era un joven estudiante que como tal observó todo lo que ocurría y es un testigo presencial de esos años mientras que Dobry forma parte de quienes investigan el tema sin tener vivencias personales, como él bien lo dice en su introducción «Casi no viví esa época: apenas tenía un año y medio cuando se produjo el golpe y nueve cuando retornó la democracia. No guardo recuerdos de esos tiempos. Todo lo que se lo he aprendido al consultar documentos, diarios y, especialmente, a los protagonistas», (pág. 23).

Independientemente de la postura personal previa que pueda tener cada miembro de la sociedad argentina en general y de la comunidad judía en particular, sobre lo acaecido en los años finales del gobierno de María Estela Martínez de Perón y la dictadura militar instaurada el 24 de marzo de 1976, la lectura de «Ser judío en los años setenta» brinda un enfoque que no puede obviarse, de cómo los judíos fueron tratados con mayor encono en los centros de detención, clandestino y no clandestino, y que esa actitud de ensañamiento también existió con los soldados judíos que formaron parte de las tropas alistadas para participar en la «Guerra de las Malvinas».

«Ser judío en los años setenta», luego de una extensa introducción dividida en dos, cada una de ellas a cargo de uno de los autores, está dividido en dos grandes partes: I) Retratos del horror: represión y antisemitismo; II) Entre la prescindencia y la resistencia: La DAIA, los rabinos y la prensa judía. Cada una de estas partes está constituida por capítulos que a la vez están divididos en el texto analítico escrito por los autores y diversos testimonios referentes al tema considerado. El texto finaliza con un corto «Epilogo» que responde los interrogantes que los responsables de Siglo XXI Editores difunden cuando promocionan el libro, que también figura en la contratapa: «¿Cuál es el sentido de preguntarse hoy por los desaparecidos judíos durante la última dictadura militar en la Argentina, o por los soldados judíos que participaron en la Guerra de Malvinas? ¿Por qué volver sobre hechos traumáticos del pasado reciente?».

Debido a lo manifestado en párrafo anterior considero que «Ser judío en los años setenta», brinda una muy importante visión sobre lo acontecido con los judíos en la década del setenta del siglo XX, ofreciendo testimonios de los protagonistas de cada uno de los temas abordados, desde una concepción periodística.
Digo esto pues los mismos son tomados de otra documentación sin especificar los datos exactos de la fuente utilizada. Por ejemplo al transcribir el testimonio de Nora Strejilevich se explica “Testimonio basado en las entrevistas realizadas por Gabriela Lotersztain y la Comisión Israelí por los Desaparecidos Judíos en la Argentina” (pág. 39).

Otro ejemplo puede ser la siguiente afirmación de Herman Schiller, referida seguramente tanto a la edición de Nueva Presencia como a su actuación en el Movimiento Judío por los Derechos Humanos   «Muchos me preguntan si volvería a hacerlo. Ni loco que estuviese. No estoy arrepentido, estoy orgulloso de todo lo que hice; pero la guerra fue tan despiadada que lo único que hice fue perder. Perdí todo, amigos y familiares que no me dirigieron más la palabra, fui visto como el enemigo público número uno por un sector de la comunidad. No fue fácil» (pág. 205).

Por otra parte, tanto como miembro activo de la comunidad judía en esos nefastos años y debido a  de mi edad, tengo mis propios recuerdos y opiniones sobre la manera en que actuó la dirigencia comunitaria como sobre la labor llevada a cabo por los rabinos Roberto Graetz, Marshall T.Meyer y Shlomo Benhamú Adnijar o la tarea de Herman Schiller; por mencionar sólo a algunos de quienes se analiza su actuación, lo que me lleva a peguntarme cuál es, transcurridos más de 30 años, la interpretación que tienen los miembros de la comunidad que no fueron dirigentes, que no tuvieron la responsabilidad de conducir instituciones sobre la actuación de la dirigencia.

También me pregunto cómo se sienten los que se alegraron cuando los militares asumieron el poder en base a lo ocurrido en las experiencias anteriores y tiempo después, cuando ya fueron  bajados de un colectivo para ser identificados, y tuvieron miedo.

Estos interrogantes no los responde «Ser judío en los años setenta», pero sí los expresados más arriba al afirmar «Es importante seguir indagando en este tema como un modo de ayudar a comprender por qué ocurrió esta tragedia en Argentina y cuáles fueron los errores que se cometieron en la comunidad judía para, así, evitar que se repitan en el futuro. Dicho en otra palabras, para evitar que los hechos traumáticos  como la voladura de la AMIA en 1994, dejen al descubierto, tardíamente, la ausencia de un trabajo de memoria y reflexión». (pags.237 y 238).

Daniel Goldman y Hernán Dobry intentan, y lo logran, generar un espacio de «memoria y reflexión» sobre uno de los períodos más conflictivos y controvertidos  de la historia de la comunidad judía de la República Argentina, sobre el que muchos todavía no nos animamos a preguntarnos por qué callamos y no hicimos nada.

Licenciado Eduardo Alberto Chernizki
Periodista

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