Pocas horas después del inicio de la tercera operación contra Hamas desde que este grupo asumiera el control de Gaza en 2007, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, confirmó los negros augurios, al asegurar que se prevé una campaña bélica «concienzuda, larga, continua y dura».
En el plano estrictamente militar, el Ejército israelí admitió que en esta primera jornada atacó alrededor de 150 objetivos militares islamistas, en particular zonas agrícolas donde podría haber túneles, supuestos almacenes de armamento y escondites para lanzaderas de misiles.
Asimismo, aseguró que ha alcanzado a Hasán al Shaaban, al que identificó como responsable de Hamas en Gaza, y que ha atacado las viviendas de varios activistas del movimiento islamista en el centro y el sur de la franja.
Propietarios de los inmuebles revelaron que cinco minutos antes de los bombardeos recibieron una llamada de un hombre que hablaba árabe con acento extranjero, que se identificó como miembro de las fuerzas israelíes y que les conminó a abandonar los edificios.
Peter Lerner, portavoz castrense israelí para medios extranjeros, explicó que desde que comenzó la operación los milicianos palestinos han lanzado unos 160 cohetes, 23 de los cuales han sido interceptados por el escudo antimisiles «Cúpula de Hierro».
Algunos han sido interceptados en ciudades cercanas a Tel Aviv, mientras que en otros puntos más remotos, como en Jerusalén, se han comenzado a abrir los refugios antiaéreos.
Lerner informó, además, de que cuatro miembros de Hamás murieron en un combate con soldados israelíes cerca de una base militar próxima a la ciudad portuaria de Ashkelon, cuando trataban de infiltrarse en Israel a través de la costa.


