Inquieta al Vaticano una escalada que ignoró sus esfuerzos

Hace poco más de un mes, el Papa unió a líderes palestinos e israelíes en un rezo.

El Vaticano sigue con gran preocupación la dramática escalada del conflicto palestino-israelí, que ocurre apenas un mes y unos días después de la histórica plegaria por la paz en Medio Oriente que juntó a los presidentes de Israel, Shimon Peres, y de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, en los Jardines del Vaticano, una audaz iniciativa lanzada por el Papa, durante su primer viaje a Tierra Santa.

Esa preocupación casi seguramente se verá reflejada mañana, cuando, según estiman en la Santa Sede, Francisco haga un llamado a poner fin a la violencia, durante el rezo del Angelus.

El retorno de los misiles, las sirenas, los muertos y el fantasma de una nueva guerra en Tierra Santa no fue una sorpresa en el Vaticano, a pesar de la iniciativa del Papa.

De hecho, los mismos organizadores de la plegaria por la paz en Medio Oriente, como el padre franciscano Pierbattista Pizzaballa, no hacían más que repetir, en la víspera de ese histórico encuentro, que nadie esperaba que al día siguiente «estallara la paz» o se firmara un acuerdo, vista la volatilidad de la situación en el terreno.

El secuestro y posterior asesinato de tres jóvenes israelíes y luego, en venganza, de un adolescente palestino no hicieron más que volver a prender la mecha de una bomba de tiempo que el Vaticano conoce muy bien.

Ahora, más allá de una gran preocupación por lo que ocurre en Israel y Gaza, en el Vaticano recuerdan que la inédita iniciativa del Papa que juntó a Peres y Abbas en los Jardines del Vaticano para una oración por la paz jamás quiso ser de tipo político.

El propio Francisco, en sus discursos en Tierra Santa, más de una vez habló de la enorme responsabilidad que tienen los líderes políticos de la comunidad internacional para que haya justicia y paz en Medio Oriente.

De hecho, cuando se le preguntó, en el viaje desde Tel Aviv hasta Roma, si no tenía miedo del fracaso por las expectativas que se habían creado con su invitación a Peres y Abbas al Vaticano, Francisco puso los puntos sobre las íes.

«Va a ser un encuentro de oración, no será para hacer una mediación o buscar soluciones, no. Nos reuniremos para rezar, nada más. Después, cada uno vuelve a casa. Pero yo creo que la oración es importante y que rezar juntos sin hacer discusiones de otro tipo, esto ayuda», había dicho.

El Papa, que definió como «hombres de paz» a Peres y Abbas, por otro lado, siempre fue consciente de que se trata de dos veteranos que tienen visiones que no coinciden con quienes tienen el poder real en sus respectivos campos.

Sabe también que la volatilidad, el escepticismo y la radicalización han aumentado en los dos bandos a lo largo de años de negociaciones frustradas cíclicamente.

«La terrible escalada actual, el nuevo derramamiento de sangre, el sufrimiento de familias, mujeres, niños, de las dos partes, la espiral de violencia, demuestran que la intuición de Francisco de apelar a una solución divina, de recurrir a la oración para que haya paz en Medio Oriente es más que acertada, ya que, evidentemente, nosotros los hombres no somos capaces de encontrar soluciones», comentó un monseñor conocedor del tema, que pidió el anonimato.

«ROMPER LA ESPIRAL DE ODIO»

En sintonía con esto, el 8 de julio pasado, un mes después de la oración por la paz en Medio Oriente, la comisión de Justicia y Paz de la asamblea de los ordinarios católicos de Tierra Santa aseguró que el «rol, como líderes religiosos, es hablar en un lenguaje profético que revele las alternativas más allá del ciclo de odio y violencia».

«Este lenguaje se niega a atribuirle el estatus de enemigo a ninguno de los hijos de Dios; es un lenguaje que abre la posibilidad de vernos los unos a los otros como hermanos y hermanas», agregó.

Y concluyó con las mismas palabras pronunciadas por Francisco el 8 de junio pasado en los Jardines del Vaticano, cuando dijo: «Hemos escuchado una llamada y debemos responder: la llamada a romper la espiral del odio y la violencia; a doblegarla con una sola palabra: «hermano». Pero para decir esta palabra, todos debemos levantar la mirada al cielo y reconocernos hijos de un solo Padre». (La Nación)

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