El yihadismo fundamentalista no es una humorada. Por Roberto García Moritan

El escepticismo expresado por la Presidenta en Naciones Unidas respecto a las acciones de los grupos fundamentalistas islámicos ha sido grave y es preocupante. Las ironías con relación al tema en una reunión específica del Consejo de Seguridad a nivel de Jefes de Estado hacen dudar de qué lado de la vereda se encuentra la Argentina. Es desilusionante que haya incurrido en semejante error estratégico en un tema tan sensible que es divisorio de aguas en el escenario internacional.
La Presidenta debería haber encarado la cuestión con más seriedad. La cuestión del yihadismo fundamentalista y la participación de combatientes de distintas latitudes no es una humorada. Los yihadistas de origen latinoamericano son de creciente significación. Según el Daily Telegraph, son considerados como “yihadistas exóticos” por provenir de Argentina, Brasil, Chile, Trinidad Tobago y México. Otros informes mencionan yihadistas de Colombia y Honduras.
La revista de defensa Jane’s, sobre la base de informaciones de 2012, indica que 23 argentinos habrían muerto en Siria, probablemente integrantes de Al Qaeda o Al Nusra. Un argentino y una chilena, muertos en las cercanías de Damasco, fueron mencionados como pertenecientes a un grupo fundamentalista islámico checheno. Asimismo, la publicación británica mencionaba la muerte, entre otros, de 150 mexicanos y 36 brasileños.
Noticias provenientes de Madrid dan cuenta de que un argentino fue detenido recientemente en España como integrante de una red que suministra combatientes a una brigada denominada Al Andalus de las filas del ISIS.
Estos antecedentes públicos solo tienden ilustrar que la problemática del yihadismo también podría tener graves repercusiones futuras en América Latina. Para la Argentina, que ya atravesó dos criminales atentados terroristas, el tema no debería ser menor. En particular al conocerse poco de la conexión local.
Consecuentemente, es natural preguntarse sobre las medidas que el gobierno argentino adopta para prevenir eventuales efectos del terrorismo internacional islamista. Un interrogante, entre otros, es sobre la posibilidad que los islamistas fundamentalistas latinoamericanos mantengan centros de contactos activos en la región o en algún momento vuelvan a los países de origen.
Estas preocupaciones aumentan ante la intervención de la Presidenta en Naciones Unidas y por los vaivenes de una política exterior, cuanto menos, confusa con relación a los problemas centrales de Medio Oriente. Es de esperar que el Gobierno reflexione y corrija el rumbo.
Fuente: Clarín
Autor: Roberto García Moritan
Producción: Vis Á Vis

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