Un límite que la Presidenta traspasó. Por Natasha Niebieskikwiat

Hay un presupuesto que se fue gestando a lo largo de la última década. Este tiene asidero pero no representa el cuadro completo. Se refiere a las internas de la colectividad judía argentina. Algunas divisiones fueron cultivadas en sus visiones sobre el mundo comunitario, y por lo tanto son diferencias históricas. Otras, son las que partieron a la sociedad argentina en la década kirchnerista.

Pero en el último tiempo este presupuesto se fue cayendo, porque dentro de lo que es la colectividad judía hay cuestiones que rápidamente la aglutinan. Si bien hay un grupo de pocos integrantes que acompañan al Gobierno en el pacto firmado con Irán, el de Sergio Burnstein, la mayor parte de las instituciones y sus dirigentes lo rechazan.

Cada uno de esos dirigentes pueden tener visiones diferentes. Algunos consideran a Irán directamente un “estado terrorista” en el que “no se puede confiar”. Otros se limitan a criticar el memorándum de entendimiento como el instrumento jurídico idóneo para resolver 20 años de no justicia respecto al ataque a la AMIA, que dejó 85 muertos y ningún sentenciado.

Las culpas que en tono épico y confrontativo echó Cristina a las instituciones judías en la ONU son otro límite que la Presidente traspasó. Fueron reproches en público de alto tenor para asuntos internos de los argentinos, que podrían haberse hecho en privado. De hecho, ya se habían hecho. Entonces la dirigencia esperó en silencio el pasar del Año Nuevo judío, de la semana pasada. Sobre el final de éste, no ahorró en respuestas.

Ahora, algo es funcional tanto para el Gobierno como para la colectividad: que el memorandum esté paralizado por la declaración de “inconstitucionalidad”.

Fuente: Clarin
Autor: Por Natasha Niebieskikwiat

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